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martes, 22 de octubre de 2013

Árbitro vendido

¿Cuántas veces hemos escuchado, o incluso vociferado, este “insulto” a un juez deportivo? Ya sé que les llevo como mil años de ventaja, porque a mí personalmente me lo deben haber dicho más de una vez por partido, y si le ponemos número a las veces que me he puesto el uniforme, serían algo así como 1,000. El asunto es que esta frase lleva implícita la supuesta corrupción de un árbitro que ha recibido dinero, o cualquier otra forma de remuneración ajena a sus honorarios oficiales, por beneficiar a determinado equipo.

Lo he dicho en círculos íntimos y varias veces en público y por escrito, que yo sigo metiendo las manos al fuego por la honorabilidad de los árbitros, al menos los de Primera División, en el sentido de que no conozco ningún caso de corrupción, como la que señalo en el párrafo anterior. Desgraciadamente, en categorías muy inferiores del futbol profesional, y mucho más en ligas de aficionados, sé de varios casos en los que hubo dinero de por medio para modificar el resultado de un partido. Pero como esto no es una denuncia de lo que he visto y sabido, sino una reflexión de otro tipo de corrupción económica que SÍ cometen los árbitros de la máxima categoría mexicana, vamos dejando en paz a la Tercera División y a la Liga Regional de Ahualulco, para centrarnos en nuestra devaluada liga local.

Todo este asunto de los árbitros vendidos me lo inspiró la designación de Jorge Antonio Pérez Durán en el partido Cruz Azul vs América. Si creían que se me iba a olvidar, con el argüende de la  selección, el penal que no le marcó a Vuoso, la supuesta grabación con Gasso, y el “apoyo” de su Comisión que lo repitió la semana después en Tijuana, estaban muy equivocados. Por el simple hecho de fallar en la jugada del Clásico Tapatío, era motivo de congeladora por unos dos juegos; pero no, lo premiaron.

Vamos dejando de lado la profunda indignación que esto me produce, porque seguir criticando a la Comisión de Arbitraje cada que se arma un numerito como éste, es tirar las palabras a la basura. Lo verdaderamente escandaloso es en lo que han convertido a los silbantes mexicanos. Con mucha pena, pero honrando a las gloriosas excepciones que no han caído hasta el fondo de este abismo, nuestros árbitros se han dejado corromper por las nuevas “reglas del juego”, que les garantizan sus necesarias designaciones semanales que los mantienen en su trabajo.

No puedo ignorar el hecho de que 20,000 pesos por partido dirigido es un aliciente lo suficientemente grande, como para tratar de mantener su nombre en las listas cada semana (o los 10,000 de los asistentes y cuarto árbitro). Habría que conocer el caso particular de cada elemento, para saber qué tanta es la necesidad de preservar este ingreso, pero en lo general, incluyendo los 15,000 pesos mensuales fijos que reciben TODOS en la Primera División, ya se trata de un salario mayor al del 80 por ciento de los mexicanos (según cifras muy poco sustentadas científicamente por su servidor, pero seguramente muy cerca de la realidad). Y como por desgracia, la capacidad, conocimientos, habilidades y demás características personales y profesionales de los árbitros, no les permitirían tener salarios similares en otra actividad, se entiende de alguna manera lo que sucede. Y ojo, entender no quiere decir que esté de acuerdo.

Pérez Durán es el más claro ejemplo de lo que desea la Comisión de Arbitraje, y la manera en que son premiados los elementos que juegan en la cancha de Mancilla, González, Gasso y compañía. “Haz lo que te decimos; arbitra como te decimos; protege los intereses personales y económicos de los directivos y dueños del balón, que se te premiará con más partidos y un ingreso alto”. En eso han convertido al arbitraje mexicano. En una banda de necesitados, que movidos por el instinto de supervivencia, tuercen y retuercen a su antojo las sagradas Reglas de Juego, para mantener la llave de la abundancia abierta, tirando su vital producto en los bolsillos de los herejes. 

martes, 15 de octubre de 2013

Maratón

Maratón es el nombre de una prueba atlética que consiste en correr 42.195 kilómetros. Imagino que 42 podría ser también el número de detalles arbitrales del juego México vs Panamá, pero no. La labor del salvadoreño Joel Aguilar el viernes en el Azteca se resume en este primer párrafo. Fue una lección avanzada de arbitraje localista. Todas las jugadas con un mínimo sustento reglamentario, fueron a favor de los verdes; todas las jugadas con un microscópico asomo de duda, fueron en contra de los panameños, y listo. A nosotros sí nos marcaron el penal; a ellos no. Que el Chícharo lo haya fallado, ya es otro boleto.

Volvamos al tema del maratón. Les quiero contar que el domingo pasado corrí por segunda ocasión en mi vida 42.195 kilómetros. ¿A quién le puede importar lo que haga en mi tiempo libre? Creo que no a muchos, a menos que éste fuera un espacio para corredores o algo por el estilo. Lo que sí me da tema para colocar este suceso en una columna de temas arbitrales, es la agradable sorpresa de que dos árbitros profesionales tapatíos también participaron en el XXIX Maratón Internacional de Guadalajara.

Uno de ellos no necesita presentación, se trata de Paul Delgadillo, árbitro internacional, considerado por su humilde servidor, como uno de los mejores cuatro silbantes de este país. El otro juez que participó fue Óscar Villágomez, actualmente en la baraja de la Liga de Ascenso. Villágomez es además, uno de los tres sobrevivientes de la Generación 2002 de árbitros jaliscienses (de la que formé orgullosamente parte), y que busca emular a Javier Santacruz, asistente, que ya alcanzó el sueño de la Primera División esta temporada. La terna la completa Mario Nieves, que ya tiene también un lugar de respeto en el Ascenso con su bandera.

La presencia de estos dos árbitros en competencias atléticas de fondo, tiene un fondo (valga la rebuznancia) positivo y otro que interpreto como negativo, y me explico. Lo bueno no requiere de mucha ciencia. El deporte de alto rendimiento, como lo es correr un maratón, siempre tendrá efectos benéficos para las personas, no sólo en el tema de su salud, sino también en el desarrollo personal.  Es una distancia que pone a prueba el carácter, la disciplina y la tolerancia al dolor de las personas. Cruzar una meta después de correr por tres, cuatro horas o más, produce una alegría inmensa, desbordante, anestésica (se olvidan todos los dolores). Unos lloran, otros ríen, pero el sentimiento común es de una gran satisfacción personal. Hasta el día de hoy, son pocos eventos en mi vida que se equiparen en emoción y felicidad a cruzar la meta del maratón.

La parte negativa, tiene mucho más que ver con la coyuntura arbitral mexicana, que con alguna diatriba teórica que pueda soltarme con respecto a que un árbitro de élite participe en esta prueba. Me enteré hace poco, que durante la mayor parte de este año, la preparación física de los árbitros mexicanos había sido modificada en su metodología. Las sesiones de resistencia aeróbica habían disminuido radicalmente, para privilegiar la potencia y la velocidad. Hace pocas semanas, previo a las últimas pruebas, volvieron a tener sesiones de resistencia de calidad. Con mis limitados conocimientos de la preparación física integral, entiendo que un silbante de futbol moderno debe contar con una base de resistencia, fuerza y velocidad, en donde cada una complementa a la otra. Si uno es fuerte, puede ser más rápido, pero necesita resistir los 90 minutos de un partido, y esa parte se estaba dejando de lado.

Interpreto que esta omisión en los trabajos de resistencia, obligó a algunos árbitros a completar de manera individual su preparación física. Al hacer sesiones aeróbicas largas, los atletas van desarrollando ese instinto de probarse qué tan bien están, y las carreras organizadas son el mejor parámetro. Delgadillo y Villagómez han sido asiduos a los medios maratones de aproximadamente año y medio a la fecha, y el domingo pasado brincaron a la máxima prueba. Son un ejemplo de disciplina, constancia y superación. Un maratón es un punto de quiebre para cualquier persona; no se es el mismo después de un experiencia así, y casi puedo asegurar que el 100 por ciento de los maratonistas cambia para mejorar.


Delgadillo y Villagómez hoy son mejores personas que hace tres días. Se impusieron un reto y lo cumplieron. Esto no significa que por arte de magia se conviertan en mejores árbitros de lo que ya son, pero en definitiva, sí van un paso adelante de muchos, y esa iniciativa para mejorar, ese deseo de superación, es un ejemplo a seguir. ¡Enhorabuena!

martes, 8 de octubre de 2013

Clásico arbitraje

Los augurios para dos equipos que participarían en el Clásico Mexicano del pasado sábado, no eran nada buenos. Primero, el Guadalajara partía como la víctima propicia para confirmar que la Liga Bancomer debería cambiar su nombre por Liga del América; y así sucedió. Segundo, la designación del equipo arbitral, comandado por Ricardo Arellano, dejaba muchas dudas, ya que la regularidad y confiabilidad de Ricardo no son su carta fuerte, pero en este rubro, vaya que nos tapó la boca a todos (a menos que me salga algún valiente a decir que confiaba en un buen arbitraje del hidrocálido).

Del paseo amarillo a los rojiblancos no hay mucho que decir, ya que fue evidente y hasta descarado, cómo en tres minutos decidieron los pupilos de Herrera terminar con la moral tapatía y llevarse el Clásico casi caminando.

Apenas habían pasado unos 10 minutos de partido, cuando apareció la primera señal de alerta del lado de los jueces. Raúl Jiménez tomó un pase al menos dos metros adelantado de la línea del penúltimo defensor chiva, pero de manera inexplicable, Alberto Morín se quedó con la bandera enredada en sus pensamientos cósmicos. Michel se encargó de apagar el fuego y el despiste mayúsculo de Morín quedó en anécdota.

Dice el dicho que lo que mal comienza, mal termina. Nada más erróneo en esta ocasión. Sin temor a equivocarme, ni Ricardo Arellano, ni sus colaboradores, volvieron a tomar una mala decisión en los restantes 80 minutos de partido.

En la que fue la mejor decisión del juego, Arellano no se vuelve loco con la falta de Aquivaldo a Rafa Márquez Lugo afuerita del área local. El balón seguiría de largo alejándose del centro del área, lo que anuló de facto la oportunidad manifiesta de gol. Tarjeta amarilla perfecta y párenle de contar con las acciones destacables en materia arbitral.

Como en esta ocasión me da mucho gusto relatar de un gran arbitraje, no voy a caer en la postura reaccionaria de ver un vaso medio vacío y adjudicar el control de partido a los jugadores, en menosprecio de la capacidad arbitral.

Tampoco se puede obviar que en un juego tan disparejo, con poca resistencia de uno de los rivales, pero que en la medida de sus posibilidades recurrió a tratar de jugar bien futbol, en lugar de abusar de la fuerza y la temeridad, la chamba del árbitro se aligera. La verdadera virtud de Arellano y sus compadres Morín y Delgadillo, fue la de entender que, por más llamativo que fuera su uniforme rosa, eso era lo único que debía resaltar de ellos en los 90 minutos, y vaya que lo cumplieron.

Hace mucho que no veía a un árbitro tan concentrado en un partido de futbol; sobra decir que a este mismo Arellano nunca, como vi a Ricardo el sábado en el Azteca. Fue verdaderamente increíble la forma de mantener la calma siempre, correr con mucho sentido por el terreno, tomar decisiones trascendentes sin siquiera recibir una protesta desmedida (más allá de las normales, tengan o no tengan razón los futbolistas), y lo más importante, fue capaz de conjurar el encantamiento de la invisibilidad, porque en enormes lapsos del juego, el silbante parecía ni siquiera estar en la cancha.

Parece que Ricardo Arellano perderá su gafete de FIFA el próximo año, principalmente por las carencias descritas al inicio de este texto, pero pase lo que pase con su carrera, el Clásico Nacional del Apertura 2013, ha sido uno de los mejor arbitrados de los últimos 10 años, y no creo estar exagerando. Es más, desde que Arturo Brizio era el dueño absoluto de estos partidos, me parece que no destacaba tanto un árbitro.

Colofón

El Vuosogate ya no dio para mucho el fin de semana, porque aunque se notó una marcada protección al delantero atlista para bajarle la temperatura al conflicto, el triunfo azul fue claro, pero con una pequeña duda de una jugada entre Perea y Cufré, que algunos piensan debió marcarse penal favorable a los rojinegros (yo no creo, aclaro). Lo malo de todo esto es que me tuve que refinar todo el partido, que la verdad estuvo bastante regular.

martes, 1 de octubre de 2013

Simple, pura y llana justicia

Ya para nadie es un secreto el pleito ranchero entre los árbitros mexicanos y el rojinegro Matías Vuoso. Hace pocas semanas, traté ampliamente la ineptitud de los árbitros al cobrar cuentas pendientes al delantero de los Zorros, concretamente Miguel Chacón, en el juego entre Atlas y León.

Hace apenas una semana, otra vez el tema fue Vuoso y el arbitraje, aunque esta vez todo se lo marcaron a favor, incluidos dos penales que no debían ser señalados. Ahora fue el otro Chacón, Francisco, en una más que desafortunada coincidencia.

Y como la tercera es la vencida, los elementos para analizar el motivo que habrá tenido Antonio Pérez Durán para no ir al manchón penal tras la clara, nítida, inobjetable y evidente zancadilla de Reynoso al mismo Matías, ya no me dejan lugar a dudas: Le abrieron comanda a Vuoso por los dos clavados del sábado pasado, y le entregaron la cuenta el domingo en el Omnilife.

Además de estos hechos acumulables, no sólo de este torneo, sino de varios atrás, hay una estadística escalofriante que no podemos dejar pasar. Matías Vuoso es el jugador en la liga mexicana que más faltas comete por partido, sean sancionables o no. También en innumerables ocasiones, ha cometido graves faltas sobre sus rivales, que los árbitros no han atinado a sancionar con la merecida tarjeta roja. Ignoro de dónde les habrá salido la conciencia de todo esto, pero están confundiendo gravemente la información que reciben, que les permitiría ser más acertados en sus apreciaciones, en lugar de convertirse en simples jueces y verdugos de una ley que nace debajo de su calzoncillo.

Vamos aceptando que Vuoso es un tipo problemático, que merece la atención detallada de los equipos arbitrales, y que en muchas más de las veces que podrían ser aceptables, se sale con la suya con trampas o patadas violentas que no se castigan. El asunto es que si el partido pasado le marcaron un penal que no era, no hay motivo válido para dejar de sancionarle el siguiente fin de semana, uno que sí fue.

No es de mi total agrado lo que voy a exponer a continuación, pero es una crítica más a la calidad de instrucción que reciben nuestros árbitros. Para esto, vamos a remontarnos a mi época como dirigente de los árbitros de Jalisco.

Cuando un árbitro me contaba alguna mala experiencia con un jugador o director técnico de la Tercera o Segunda División, siempre le proponía la siguiente reflexión: “A los amigos, justicia y comprensión; a los enemigos, simple, pura y llana justicia”.

¿Qué quiere decir esta fumada metafísica? Muy fácil. Si nos encontramos un equipo, jugador o entrenador que es leal, no da problemas, es respetuoso y amable con los árbitros, existe la posibilidad, dentro de los márgenes de la justicia deportiva, de dispensarle algunas concesiones en hechos aislados. Tolerar un reclamo, inclinar el color de la tarjeta a la amarilla cuando podría ser roja, pero queda dudosa, y casos por el estilo. A los enemigos, al contrario. Si hay un jugador que constantemente trata de engañar, que es mala leche, que reclama e insulta, la consigna era clara, al estilo Giuliani: Cero tolerancia. Pero ojo, cero tolerancia no significaba inventar faltas, anular goles absurdos o dejar de señalar penales del tamaño de una casa.

A Pérez Durán no le explicaron que Vuoso fue culpable de engañar a Chacón en el Atlas vs Veracruz, no en el Clásico Tapatío. ¿Quieren hostigar a Matías, señores del silbato? Amonéstenlo a la tercera falta que cometa, el reglamento se los permite y lo más seguro es que eso suceda en el primer tiempo. ¿Quieren castigar al “Toro”? Amonéstenlo en la primera barrida temeraria que cometa, nuevamente el reglamento está de su lado. O qué tal estar bien atentos y mostrarle la amarilla cada que simule una falta. Si Paco Chacón lo hubiera aplicado, Vuoso ni jugaba el domingo por haber sido expulsado después de dos clavados.

La mayor carencia de nuestros árbitros, es la incapacidad para dejar de lado su ego desmedido, y aplicar el inmenso poder que tienen en el silbato con inteligencia y el reglamento bajo el brazo. Lastimosamente, inteligencia y arbitraje han estado un poco distantes en los últimos años, ya que si las decisiones de la cúpula carecen de esa capacidad humana para echar a andar las neuronas, no podemos esperar que los subordinados lo hagan diferente.

martes, 24 de septiembre de 2013

La Sinfonía de Chacón

Después de varios minutos observando la pantalla vacía, sigo sin encontrar una palabra que defina lo que sucedió en el tema arbitral el sábado pasado en el Jalisco. Atlas y Veracruz tuvieron uno de los arbitrajes más polémicos y plagados de errores de los últimos años. En una actualidad arbitral como la mexicana, la probabilidad de que sucedan caos como éste es muy alta; lo que me llena de incredulidad y sorpresa, es que el responsable de todo esto haya sido el que considero mejor árbitro de México: Francisco Chacón.

Vamos por orden cronológico: La primera decisión contundente, es la expulsión del atlista Flavio Santos, al minuto 19. Es jugada aparatosa, imprudente del delantero rojinegro, pero desde mi punto de vista, sin las agravantes de brutalidad requeridos para una roja inobjetable. Como Chacón no dispone de la repetición, ni de la toma lateral, muy distinta a su perspectiva dentro del campo, pasamos este “error” a la categoría de comprensible, y hasta permitido, porque al final es una cuestión de apreciación.

Menos de 10 minutos después, viene la primera intervención decisiva de su asistente 1, el internacional Juan Joel Rangel. Reyna desborda a la defensa atlista, que le comete una falta, centímetros afuera de la línea del área penal. Rangel sigue el protocolo para indicar que la falta es dentro, y Chacón, con plena confianza en su asistente, lo avala. Otra jugada muy brava para el equipo arbitral, que nuevamente se resuelve con muchas dudas. Vamos otra vez a dar el beneficio de la duda a Rangel y Chacón, ya que incluso las repeticiones televisivas no son absolutamente claras.

Ocho minutos después del penal para Veracruz, viene el terror de los árbitros: el síndrome de la compensación. El futbolista más perseguido de la liga, el que más faltas comete y al que menos quieren los silbantes, se mete al área escuala, forcejea con Jiménez en buena lid, pero se afloja como esponja, y Chacón le compra el teatro. Penal para el Atlas, cortesía de nada más ni nada menos que Vicente Matías Vuoso. Aquí, desafortunadamente para todos los fanáticos de Francisco Chacón (entre los que me cuento), no hay defensa. Incluso en su mímica aduce que el visitante sujeta con ambos brazos al delantero, pero ni siquiera cerca estuvo de atinar en eso. Paco, las cámaras desnudan, acuérdate.

Un par de jugadas más tarde, Vuoso la vuelve a hacer. Desborda dentro del área nuevamente a Jímenez, que barre muy lejos de la pierna del argemex. Con esa natural cualidad para engañar que ha desarrollado, abre el compás un metro para patear la pierna del tiburón y actuar su caída. Clavadazo, falta, lo que quieran, pero nunca penal. Chacón se la volvió a comprar, aunque Bravo se encargó de devolver la mercancía defectuosa a la tribuna.

Cuando apenas se acomodaban los equipos en el segundo tiempo, tocó el turno a Miguel Chua, asistente 2, de contribuir en el concierto de errores. Pase filtrado a la banda derecha para Reyna, que está un metro adelantado. Desborda, hace una faena y sirve al colombiano Martínez para el 1-2 parcial. Grave error del asistente, que tampoco tiene defensa, mucho menos porque estaba bien ubicado y con Reyna a dos metros de él.

Poco después llega el tercer gol visitante y parecía que se sentenciaba el juego en favor de los Tiburones. Vuoso, el villano tramposo de esta película, se presenta en el marcador, esta vez de manera legítima, para poner el 2-3 a 15 minutos del final.

Cuando la presión del Atlas era mayor sobre el arco de Melitón, Ayala se hace expulsar, correctamente, en lo que parecía la debacle rojinegra. Quedaban cinco minutos de juego y los nueve zorros jugaban contra 11 tiburones.

Al minuto 93 con 55 segundos (se añadieron 4), al estilo de la NFL, una falta apenas pasando medio campo de Veracruz, es lanzada a la desesperada hacia el área visitante a ver qué pasa. Lo que pasó fue que en una primera “peinada”, el balón queda a merced de Omar Bravo, que deja en Rivera para lograr el agónico empate a tres goles. ¿Pero qué creen? Bravo estaba en claro fuera de lugar. Otra vez no hay defensa ni excusa que valga para Rangel, porque equivocarse en un fuera de juego a balón parado es imperdonable.

Absolutamente increíble lo que sucedió a Paco Chacón y su equipo el sábado en Guadalajara. Para desgracia del guanajuatense, la Comisión le va a aplicar toda la ley que le dispensa a Marco y Roberto, para mandarlo un par de jornadas mínimo a la congeladora. ¡Lástima Francisco, te tocó tu Waterloo!

martes, 17 de septiembre de 2013

Tan buenos (o malos) como los mejores

Ignoro si es una teoría que se me acabe de ocurrir, o alguien más ya la haya utilizado en cualquier ámbito de la vida (me inclino por lo segundo), pero después de observar las actuaciones de tres de los mejores árbitros de México el fin de semana anterior, se me prendió el foco de esta idea. Si la élite de nuestro arbitraje comete errores graves en sus partidos, es absolutamente natural que los menos favorecidos de sus compañeros, tampoco entreguen buenos resultados cada jornada.

Mi póquer personal de ases arbitrales en México lo conforman Francisco Chacón, Marco Rodríguez, Paul Delgadillo y Roberto García Orozco, en ese orden de capacidad. Durante la fecha 10 del Apertura 2013, sólo Paul Delgadillo estuvo en la banca, y lo mostrado por los tres restantes no tuvo nada de sobresaliente, por decir lo menos.

Por orden de aparición en la jornada, empecemos con Roberto García. En un partido complicado (Gallos vs Potros), por la situación del Atlante que va en caída libre a la división inferior, García Orozco mostró una vez más, como ya se ha convertido en una lamentable costumbre, una falta de compromiso y valentía alarmante. Dos ejemplos muy claros: Chepe Guerrero, capitán de los Potros, pegó patadas, protestó, le hizo un corte de manga y demás linduras, pero ni siquiera vio la tarjeta amarilla. El segundo, el “refuerzo” azulgrana Nanni, le pegó una patada brutal a Osuna que merecía su inmediata deportación por terrorismo deportivo, además, claro, de la tarjeta roja. Lo primero que menciono es una exageración por supuesto, pero lo segundo era claro, y no sucedió.

Francisco Chacón no tuvo una mala actuación en sí, pero como es de ingrata la profesión del silbato justiciero, en una jugada se ganó su lugar en la lista de la tercia de no ases. Cuando parecía que se consumaba la victoria de los Tigres en casa de Cruz Azul, se presenta una jugada en el área visitante que cambia todo. En un balón suelto, un delantero azul disputa el mismo el arquero Palos a una altura peligrosa; Chacón deja seguir, el balón se eleva, y cuando nuevamente el portero tigre va por el redondo, otro delantero cementero lo empuja, impidiendo que sujete el esférico, que queda a merced de Rojas, que lo manda a guardar. Chacón señala el centro del campo, pero instantes después detiene la celebración del gol, levanta el brazo y reanuda con tiro libre indirecto, avalando la recomendación de su asistente dos, Jimmy Acosta, que “vio” fuera de juego.

Confusión pura, ya que en la repetición no se aprecia ningún jugador medianamente cerca de estar adelantado, además de que en las primeras tomas, no se podía ver la señal del “bandera”. Al principio, deduje que se reanudó con indirecto por un juego peligroso, aunque también hubo un empujón a Palos. El caso es que la justicia deportiva prevaleció, no debía contar el gol cementero, pero la actuación de los árbitros dejó mucho que desear. A Chacón se le escaparon dos infracciones en una jugada trascendental, que le arregló su asistente, pero con otro error. Combate el fuego con fuego, dirán algunos.

Cerró la trilogía el amo y señor de la Comisión de Arbitraje, Marco Rodríguez, que también volvió a mostrarnos en el Chiapas vs Atlas, ese Chiqui irreconocible, benigno, temeroso incluso, aunque lo que a mí me parece es que sabe perfectamente lo que está haciendo, y simplemente no le importa.

Erpen casi le rompe la pierna a Muñoz Mustafá, pero el Señor de los Geles apenas atinó a señalar la falta. Por mucho menos de eso, Marco le pintaba de rojo la frente a cualquier jugador, en cualquier momento, en cualquier cancha. Ese árbitro ya no existe, lo raptaron los alienígenas y nos regresaron otro, porque ya no se me ocurre una explicación sensata a lo que sucede con Rodríguez Moreno. Bueno sí, pero es menos cómica que la historia de los extraterrestres.

Ya ha escrito antes, que Marco Rodríguez tiene tomada por asalto la Comisión de Arbitraje. Su Presidente y asesores le tienen un pavor inexplicable, que le da un poder igual de inexplicable para un subordinado. Él y García Orozco gozan de una impunidad que envidiarían los más corruptos de los políticos mexicanos. Ellos son los que dan la cara por nuestro arbitraje, pero lo que ven sus compañeros es falta de compromiso, falta de valor y un cinismo para seguirlo haciendo cada fin de semana, sin que nadie les ponga un alto. Chacón se metió en la lista por lo que puedo asegurar es un accidente, pero así, falló, y ése es el mensaje. Cuando los tres mejores fallan, ¿qué esperar de los otro seis?

Colofón

Me sigue diciendo mi Santa Madre cada que la ocasión lo amerita, que el bravucón llega hasta donde el cobarde quiere. Los dirigentes arbitrales son una banda de pusilánimes, que podrán tener todas las buenas intenciones del mundo y trabajar 16 horas diarias, pero mientras se sigan dejando hacer bullying por sus empleados, nadie los va a salvar. 

martes, 10 de septiembre de 2013

Esto es lo que merecemos

El sábado pasado sufrí una de mis peores crisis futboleras de los últimos tiempos. Ignoro si me estoy haciendo muy intolerante, ustedes me dirán si tienen la amabilidad de escribirme por alguno de los medios de contacto, pero lo que pude atestiguar por televisión de lo que sucedía en el Universitario de Monterrey, me puso verdaderamente de muy mal humor.

Para entrar en contexto, lo que supondría una fácil decisión de suspender definitivamente el partido entre Tigres y Chivas por una fuertísima tormenta eléctrica, se convirtió otra vez en un manoseo de las normas y reglas internacionales, además de las no escritas que tienen que ver con el respeto al público y al espectáculo.

Lo primero que me “abrió los ojos”, fue la decisión que anunciaron los comentaristas de la televisión alrededor de las 8.30 pm (tras media hora de suspensión), de que los árbitros esperarían a las 9 en punto para decidir si seguían con el partido. Primero, los árbitros no decidieron nada, fue evidentemente la dueña de nuestro deporte, Doña Tele, la que mantuvo viva la transmisión del juego en Monterrey, hasta que fuera hora de pasar al del Atlas. Ahí la primera burla.

Una vez que comenzó el encuentro entre Atlas y Santos se nos fue olvidando Monterrey, hasta que repentinamente se fue la señal de Guadalajara y regresamos al Universitario. Después de 90 minutos de suspensión, se reanudó el Tigres vs Chivas con menos de la mitad de los aficionados que habían llenado originalmente el Volcán, y con cientos de miles de atlistas y laguneros que ya no pudieron ver a sus equipos, hasta bien entrado el segundo tiempo. Ahí la segunda burla.

Por una de esas fortunas de la vida que en ocasiones experimentamos algunos, la semana anterior pude atender una conferencia sobre Economía Global, impartida por el exPresidente Ernesto Zedillo. Estuvo interesantísima, pero como lo nuestro es futbol y no globalización, me remito a citar una frase del Doctor en Economía: “Con la falta de democracia en nuestra región (América Latina, pero especialmente México), hemos tenido lo que tenemos, fracaso”. Desde que la escuché ese día, me quedé con las palabras muy grabadas en la mente, y ahora creo que es un buen momento para rescatarla. El nivel de respeto que obtenemos de dirigentes y televisoras al momento de “comprarles” el producto futbol, es el que nos merecemos: ¡Deplorable!

Afortunadamente, el espectáculo que brindaron Tigres y Chivas en su reanudación fue bastante bueno. Cinco goles, nerviosismo, intensidad y polémica llenaron la pantalla por 45 minutos. Vale aclarar que tanto el penal señalado contra Chivas, como el tercer gol de Pulido (porque aunque le haya pegado accidentalmente en la mano, él fue el último en tocar el balón y por eso el tanto le corresponde), son ambas decisiones acertadas del equipo arbitral.

Como aficionados todos, porque si bien el papel de los comunicadores es diferente al del espectador común, no dejamos de ser también consumidores, tenemos la obligación de exigir respeto a nuestra inteligencia, a nuestras aficiones y a nuestro tiempo.

En esta fuerte temporada de lluvias, hemos sido testigos, una y otra vez, de que lo más importante es que las transmisiones de futbol sigan en su horario, para que los intereses comerciales, los que mandan en nuestra liga, no se vean afectados. Las lesiones de los jugadores y los partidos imposibles de jugar con el agua hasta las rodillas no importan, lo que verdaderamente importa es el billete. Arizala y Boselli fueron las últimas víctimas del waterpolo en León, aunque estos pequeños detalles no significan nada contra las pérdidas originadas por una suspensión o retardo de un partido.


Mi labor como comunicador es externar mi opinión, mientras que la labor del aficionado que consume futbol, ya sea prendiendo la tele y dando puntos de rating, comprando su boleto del estadio o el último jersey de su equipo, es la de exigir sus derechos como consumidor. Mientras no crezcamos como esa parte esencial del negocio, vamos a seguir siendo atropellados por las decisiones mercantilistas de la televisión y los dirigentes de nuestra liga.