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martes, 17 de septiembre de 2013

Tan buenos (o malos) como los mejores

Ignoro si es una teoría que se me acabe de ocurrir, o alguien más ya la haya utilizado en cualquier ámbito de la vida (me inclino por lo segundo), pero después de observar las actuaciones de tres de los mejores árbitros de México el fin de semana anterior, se me prendió el foco de esta idea. Si la élite de nuestro arbitraje comete errores graves en sus partidos, es absolutamente natural que los menos favorecidos de sus compañeros, tampoco entreguen buenos resultados cada jornada.

Mi póquer personal de ases arbitrales en México lo conforman Francisco Chacón, Marco Rodríguez, Paul Delgadillo y Roberto García Orozco, en ese orden de capacidad. Durante la fecha 10 del Apertura 2013, sólo Paul Delgadillo estuvo en la banca, y lo mostrado por los tres restantes no tuvo nada de sobresaliente, por decir lo menos.

Por orden de aparición en la jornada, empecemos con Roberto García. En un partido complicado (Gallos vs Potros), por la situación del Atlante que va en caída libre a la división inferior, García Orozco mostró una vez más, como ya se ha convertido en una lamentable costumbre, una falta de compromiso y valentía alarmante. Dos ejemplos muy claros: Chepe Guerrero, capitán de los Potros, pegó patadas, protestó, le hizo un corte de manga y demás linduras, pero ni siquiera vio la tarjeta amarilla. El segundo, el “refuerzo” azulgrana Nanni, le pegó una patada brutal a Osuna que merecía su inmediata deportación por terrorismo deportivo, además, claro, de la tarjeta roja. Lo primero que menciono es una exageración por supuesto, pero lo segundo era claro, y no sucedió.

Francisco Chacón no tuvo una mala actuación en sí, pero como es de ingrata la profesión del silbato justiciero, en una jugada se ganó su lugar en la lista de la tercia de no ases. Cuando parecía que se consumaba la victoria de los Tigres en casa de Cruz Azul, se presenta una jugada en el área visitante que cambia todo. En un balón suelto, un delantero azul disputa el mismo el arquero Palos a una altura peligrosa; Chacón deja seguir, el balón se eleva, y cuando nuevamente el portero tigre va por el redondo, otro delantero cementero lo empuja, impidiendo que sujete el esférico, que queda a merced de Rojas, que lo manda a guardar. Chacón señala el centro del campo, pero instantes después detiene la celebración del gol, levanta el brazo y reanuda con tiro libre indirecto, avalando la recomendación de su asistente dos, Jimmy Acosta, que “vio” fuera de juego.

Confusión pura, ya que en la repetición no se aprecia ningún jugador medianamente cerca de estar adelantado, además de que en las primeras tomas, no se podía ver la señal del “bandera”. Al principio, deduje que se reanudó con indirecto por un juego peligroso, aunque también hubo un empujón a Palos. El caso es que la justicia deportiva prevaleció, no debía contar el gol cementero, pero la actuación de los árbitros dejó mucho que desear. A Chacón se le escaparon dos infracciones en una jugada trascendental, que le arregló su asistente, pero con otro error. Combate el fuego con fuego, dirán algunos.

Cerró la trilogía el amo y señor de la Comisión de Arbitraje, Marco Rodríguez, que también volvió a mostrarnos en el Chiapas vs Atlas, ese Chiqui irreconocible, benigno, temeroso incluso, aunque lo que a mí me parece es que sabe perfectamente lo que está haciendo, y simplemente no le importa.

Erpen casi le rompe la pierna a Muñoz Mustafá, pero el Señor de los Geles apenas atinó a señalar la falta. Por mucho menos de eso, Marco le pintaba de rojo la frente a cualquier jugador, en cualquier momento, en cualquier cancha. Ese árbitro ya no existe, lo raptaron los alienígenas y nos regresaron otro, porque ya no se me ocurre una explicación sensata a lo que sucede con Rodríguez Moreno. Bueno sí, pero es menos cómica que la historia de los extraterrestres.

Ya ha escrito antes, que Marco Rodríguez tiene tomada por asalto la Comisión de Arbitraje. Su Presidente y asesores le tienen un pavor inexplicable, que le da un poder igual de inexplicable para un subordinado. Él y García Orozco gozan de una impunidad que envidiarían los más corruptos de los políticos mexicanos. Ellos son los que dan la cara por nuestro arbitraje, pero lo que ven sus compañeros es falta de compromiso, falta de valor y un cinismo para seguirlo haciendo cada fin de semana, sin que nadie les ponga un alto. Chacón se metió en la lista por lo que puedo asegurar es un accidente, pero así, falló, y ése es el mensaje. Cuando los tres mejores fallan, ¿qué esperar de los otro seis?

Colofón

Me sigue diciendo mi Santa Madre cada que la ocasión lo amerita, que el bravucón llega hasta donde el cobarde quiere. Los dirigentes arbitrales son una banda de pusilánimes, que podrán tener todas las buenas intenciones del mundo y trabajar 16 horas diarias, pero mientras se sigan dejando hacer bullying por sus empleados, nadie los va a salvar. 

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