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martes, 13 de agosto de 2013

Trapos al juzgado

En términos arbitrales, el trapo es la bandera de los asistentes. Sí tiene tintes peyorativos, no se puede ocultar, aunque lo escribo con mucho respeto y cariño por un implemento que me acompañó en el 70 por ciento de mi carrera arbitral. De hecho, en coyuntura con una noticia de este fin de semana, me viene a la mente una anécdota que me contó Silverio Gómez, un destacado asistente internacional jalisciense. Cuenta el “bandera” que, en la final entre Celaya y Necaxa de hace como 200 años, Alberto García Aspe (sí, ése que era directiva de Pumas hasta hace dos días) le reclamó un señalamiento de la siguiente manera: “Ya vas a empezar a joder con tu trapito”. La respuesta no fue muy amable, algo que tenía que ver con su fracaso reciente en River Plate, pero no la recuerdo completamente, ya saben que me falta oxigenación en la memoria de vez en cuando.

El caso es que en la jornada 5 de nuestro Apertura 2013, los portadores de tan noble y leal accesorio, dieron algunas notas muy interesantes.

Vamos a concentrarnos en un partido con tres decisiones muy malas de los asistentes, y uno más con una joyita de concentración y ubicación. Empezamos, por orden cronológico, con la debacle textil en el Estadio Azul del sábado.

El primer gol de Cruz Azul a Chivas, es un fuera de juego tan grande como las tormentas que han azotado los estadios mexicanos en las últimas semanas. No se trata de una jugada apretada, no hay “tráfico” de jugadores que estorben la visibilidad, no es a velocidad de la luz, ni aporta ningún otro pretexto que pueda excusar al asistente de su error. Lo peor del caso es que se trata de uno de  los auxiliares más respetados y exitosos de la actualidad, el mundialista Marvin Torrentera. Joao Rojas estaba por lo menos un metro adelantado, y Torrentera se encontraba por lo menos otro metro desfasado de la línea que debe cuidar, por lo que la perspectiva lo llevó al error flagrante.

En la segunda parte, Juan Carlos Salinas, que no tiene, ni tendrá, el nivel de su compañero de banda, mancilló a su preciado trapo con dos precipitaciones dignas del futbol aficionado, mas no de la Primera División. El asunto es muy simple. Cuando un jugador rival juega el balón deliberadamente hacia un contrario que se encuentra en posición de fuera de juego, no puede ser sancionado por ello.

Una desconcentración por partido es tolerable, puede ser un parpadeo, una distracción inoportuna, pero no se puede repetir. Juan Carlos Salinas levantó dos veces su trapo cuando los defensores rojiblancos habilitaban a un cementero con pases directos. En la primera ocasión, Roberto García Orozco, en otro error manifiesto, avaló el señalamiento de su compañero, a pesar de que se encontraba lo suficientemente cerca de la jugada para notar el pase del defensor.

En la segunda ocasión, García Orozco estaba más atento que su compadre Salinas, le ordenó que recogiera su bandera, la hiciera rollito y la quitara de su vista, para dar por bueno el tercer gol de los azules, con el que sentenciaron el partido. Una gran pena fue lo que sucedió con los acompañantes del árbitro en este partido, que fallaron ostensiblemente en su labor primordial, que es la de juzgar y señalar las jugadas de fuera de juego.

Unas horas más tarde, en el Estadio Jalisco, Miguel Ángel Hernández, asistente número 2 en el partido en Atlas y Pachuca, se aventó una joya de asistencia arbitral.

En lo que parecía el empate para Atlas por ahí del minuto 75, Hernández pilla a Omar Bravo adelantado por centímetros. La repetición de la jugada incluso es engañosa, ya que, al igual que cuando un asistente no está en línea y compromete la perspectiva, el plano de la cámara hace ver que no es fuera de juego.

Con la indudable ventaja de la repetición en cámara lenta, y con una pequeña dosis de colmillo, se puede apreciar en las líneas de corte del pasto, que en efecto Omar Bravo se encuentra más cerca de la línea de meta que al menos dos adversarios, cuando le centran el balón.

Ahora, vayamos a la defensa de todos los asistentes, incluso de Torrentera y Salinas. Las jugadas de fuera de juego se juzgan y señalan, o dejan de señalar, en fracciones de segundo. No hay otra oportunidad para analizar, pedir un consejo o deliberar con los compañeros. Es el momento de máxima soledad del asistente, cuando decide si levanta el trapo o no.

A pesar de las fallas manifiestas de este fin de semana, la acción de Miguel Ángel Hernández refuerza la convicción de que los asistentes mexicanos son de un altísimo nivel, aunque también tienen sus resbalones, sin que necesariamente el Azul esté cubierto de agua.

martes, 6 de agosto de 2013

El otro reglamento

En toda disciplina deportiva formal, existe un manual conocido como las Reglas de Juego. En este documento se desglosan las principales directrices para la práctica de esta actividad, como el lugar donde se practica, la cantidad de participantes, los accesorios necesarios y permitidos, los oficiales que lo dirigen, la manera en que define al ganador y las acciones que no son válidas, por mencionar algunos de los temas.

Las Reglas de Juego del futbol son relativamente sencillas. Constan de apenas 17 artículos, donde se desglosan los parámetros básicos para su práctica. Adicional a este reglamento general, ya sea en ligas de aficionados o profesionales, existe otro documento muy importante que es el Reglamento de la Competencia. En éste, se define la manera en que se organiza el campeonato, cómo se define al campeón, los derechos y obligaciones de los equipos participantes, los jugadores y cuerpo técnico elegibles, seguridad, protocolos y demás asuntos logísticos. Un tercer reglamento es el de Sanciones, por mencionar la liga mexicana de Primera División, en la que se establecen los parámetros para castigar y/o multar las faltas a las Reglas de Juego y al Reglamento de Competencia.

Hasta aquí vamos relativamente bien. Ahora, aterricemos a nuestra querida liga mexicana, que además de regirse por las Reglas de Juego de FIFA, su Reglamento de Competencia y Reglamento de Sanciones, aplica uno que no existe en el papel, pero que lleva mano sobre los otros tres, que se supone son los formales, legales y oficiales. En México, los intereses económicos de patrocinadores, especialmente las televisoras, que además son dueñas de varios equipos, son los que prevalecerán en caso de discrepancia entre sus necesidades comerciales y la legislación oficial vigente.

Para la mayoría, seguramente no será una noticia que los tome por sorpresa, desafortunadamente. Lo que pretendo establecer en este caso, es la repercusión que estas prácticas desleales para el deporte, pero altamente redituables en lo económico, han causado últimamente en varios actores del futbol mexicano, especialmente dentro de la Comisión de Arbitraje.

Uno de los casos más lamentables es el de Miguel Ángel Flores, el árbitro que tuvo su tarde triste en Veracruz el sábado pasado. Fue indudable su participación directa y definitiva en el resultado favorable al Tiburón, ya que en las dos jugadas de penal en contra de Cruz Azul se equivoca notablemente, además de la expulsión de Alejandro Castro por la supuesta mano en la primera pena máxima. No hay manera de defender su actuación, pero tomando en cuenta el otro reglamento del que hablé antes, tengo una hipótesis para explicar su debacle arbitral.

Tal vez no recuerden su nombre, pero seguramente sí el partido del torneo pasado que América ganó en Tijuana, después de las expulsiones de Rubens y Aquivaldo en el primer tiempo. Incluso el blog de esa semana fue dedicado a ese partido http://reglacinco.blogspot.mx/2013/02/no-todo-es-culpa-del-arbitro.html, en el que alababa las decisiones valientes y apegadas al reglamento que tomó. El principal promotor del otro reglamento es el vigente campeón, que con sus influencias y presiones, congeló a Miguel Ángel buena parte del torneo. Cuando reapareció, se le notó más cauto con las tarjetas, y bajó su nivel ya que se vio obligado a cambiar su manera de dirigir.

Con torneo nuevo en marcha, Flores nuevamente buscó su estilo abandonado por presiones externas, pero el daño ya estaba hecho. Ha perdido perspectiva, concentración e instinto. Una víctima más del Canal de las Estrellas.

El otro caso, también reciente, es el de Miguel Ángel Ayala (maldito sea tu nombre, dirían los Ángeles del Infierno), con su partido de waterpolo del martes pasado en el Azul.

Era evidente que no había manera reglamentaria de continuar con el partido, pero después de 12 minutos de suspensión, con la cancha convertida en una alberca con porterías, llegó la maldita llamada al teléfono del comisario y el juego continuó. A la televisora, la otra que maneja el futbol nacional, le pareció más importante cumplir el compromiso de 90 minutos de publicidad estática, que la salud de los jugadores y el respeto al aficionado. El primer perjudicado fue Gerardo Flores, que sufrió una lesión que lo deja fuera el resto del torneo, pero del lado arbitral las bajas fueron cuantiosas.

Miguel Ayala, sus asistentes, el cuarto oficial, el asesor y hasta Francisco Ramírez, el “asesor” a distancia (es decir, el de televisión), se van a la congeladora por cumplir las órdenes de los verdaderos dueños del futbol mexicano. Como en El Rival más Débil, ustedes, simplemente, se van.

El reglamento que no tiene artículos, páginas, enlace por internet, ni nada que demuestre su existencia, volvió a prevalecer sobre los intereses deportivos e intrínsecos del deporte nacional.

Éstas son las verdaderas reglas que rigen nuestro futbol.

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martes, 30 de julio de 2013

Vendetta

“La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”. Seguramente a Miguel Chacón nunca le contaron este dicho de niño, porque fue burda, evidente e infantil, la forma en que acosó y perjudicó a Matías Vuoso el sábado pasado en el Estadio Jalisco.

De entrada, un juego entre Atlas y León, en el papel, lleva un gran atractivo. Ambos equipos juegan un futbol muy agradable, sus técnicos tienen una propuesta ofensiva y los jugadores saben tratar muy bien a la pelotita. Qué mejor manera de complementar un partido de tanto potencial, que designando un árbitro confiable que sepa sacarle todo el jugo posible a un partido así. Pero no, Rafael Mancilla y su equipo se obstinan en destruir partidos, enardecer aficiones y modificar resultados con sus decisiones de escritorio.

Lo he escrito tantas veces, que hasta yo me enfado, pero hay tres árbitros en México que no tienen nada que hacer en la Primera División, y uno de ellos es Miguel Chacón.

Fiel a su estilo, Chacón (otra desgracia es que comparta apellido con el mejor árbitro de México) dejó que los equipos abusaran del juego rudo, sin mostrar tarjetas, o siquiera señalar las faltas. Hay un punto de quiebre alrededor del minuto 15, que marcó todo su accionar el resto del partido.

Flavio Santos desbordó por derecha y lanzó un centro peligroso al área verde; en la cobertura de Hernández, el defensa leonés barre con temeridad y golpea durísimo al rojinegro. Era una amarilla de libro de texto, pero Chacón se hizo pato. Casi un minuto después, el árbitro detiene el juego para que atiendan al jugador y comienza todo. Vuoso se acerca de manera calmada, y aparentemente conciliadora, con el asistente Joel Rangel para comentarle la jugada, que lo tomó muy cerca. Desde la tribuna se aprecia una charla amistosa y respetuosa. No se notan reclamos airados ni groseros del delantero y parece que todo queda en santa paz.

A partir de ese momento, inicia la “persecución” de Chacón a Vuoso. Sin exagerar, los verdes le deben haber cometido no menos de 10 faltas al atlista, de las cuales el del silbato habrá marcado cuando mucho la mitad. De la misma manera, Vuoso habrá competido por aire o tierra unos 15 balones con Rafa Márquez y Nacho González, en las cuales le marcaron no menos de 10 faltas en contra. Sobra decir que si acaso la mitad eran sancionables.

Para un ojo medio educado en estas cuestiones, era más que evidente el asunto personal que traía Chacón con Vuoso. Incluso, desde la televisión es más difícil apreciarlo, porque muchas veces la dinámica de las cámaras saca de la pantalla detalles que en la tribuna sí se ven, como los ademanes de Chacón al “cazar” a Vuoso o la frustración del delantero que se dio cuenta de la estrategia arbitral.

Cuando suceden este tipo de pleitos personales entre árbitro y jugador, normalmente existe un motivo claro. Casi siempre es un reclamo o insulto, que el árbitro decide castigar con el látigo de su desprecio, en lugar de optar por la reglamentaria tarjeta amarilla o roja. Se creen muy machos y dueños del partido, pero hasta para hacer este tipo de “trampas” se requiere ser un gran árbitro, y Miguel Chacón no se acerca ni remotamente a eso.

La gota que derrama el vaso es el inmenso penal que le comete Nacho González a Vuoso en el segundo tiempo, con el marcador ya favorable a León 2-1. El abrazo del defensor al delantero es más grande y apasionado que el de dos hermanos que se encuentran después de años de no verse. Chacón estaba de frente, sin obstáculos, a menos de 10 metros de la jugada. No se le pegó su real gana marcarlo; así de simple, así de grosero.

Al final del partido, cuando prácticamente todos los jugadores rojinegros rodean al árbitro para reclamarle su mal trabajo, el único que se mantiene alejado es Vuoso. Con esa experiencia que tiene acumulada, Matías supo que si se aproximaba a menos de 50 metros de Chacón, sería suficiente para darle el gusto de expulsarlo.

Pobre Miguel Chacón; habrá salido muy ufano del terreno pensando que Vuoso se las pagó todas, pero no podría estar más equivocado. Le esperan las próximas 8-10 jornadas sentado al medio del campo, y haciendo sus tropelías en la Copa, pero en la Liga ya no lo veremos.

El futbol mexicano no tiene la culpa por sus dirigentes arbitrales y jueces de Primera División, porque a pesar de todo, Atlas y León se encargaron de regalarnos un partido entretenido, emocionante y de grandes goles. Todo, a pesar de Miguel Chacón y su desvergonzada venganza a Vuoso, por un motivo que sólo él sabe.

martes, 23 de julio de 2013

El "Chino"

Peruano de nacimiento, mexicano por adopción, chino por alguna ocurrencia de sus amigos. Hoy 23 de julio de 2013, con 84 años a cuestas y un exceso de equipaje lleno de triunfos, historias y anécdotas, Arturo Yamasaki Maldonado partió del mundo terrenal, a la vida después de la vida.

Su carta de presentación es haber dirigido aquel memorable encuentro entre Alemania e Italia en 1970. Se le llama el Partido del Siglo, aunque con dos centurias de futbol mundial, puede convertirse ya en el Partido de la Historia. Y ese juego lo arbitró él. En su palmarés también se encuentran los Mundiales de 1962 y 1966, así como los Juegos Olímpicos de 1968 y 1972.

Su faceta pública lo ubicó como instructor de árbitros mexicanos, asesor de la Federación, Presidente de la Comisión de Arbitraje y referente arbitral mexicano durante 45 años, desde su llegada al país en el lejano 1968.

Desde su retiro de las canchas en 1975, hasta su retiro definitivo de la instrucción hace apenas dos años, Yamasaki forjó a todos y cada uno de los árbitros mexicanos de nuestra historia moderna. No vale la pena escribir nombres, sencillamente fueron TODOS los que pasaron por sus consejos, regaños, charlas y una que otra pachanga, porque ésas también instruyen.

En privado, en su círculo compuesto por árbitros especialmente, la constante eran las risas, las groserías, los chistes y el jolgorio. Para todos sus pupilos siempre se hacía un momento, no importaba si eran los más jóvenes de Tercera División o los consagrados internacionales.

A título personal, debo reconocer que tuve mis encontronazos con el “Profe”. Primero como árbitro y después como Delegado de Jalisco, pero siempre en el más estricto profesionalismo, porque también sabía ser profesional, decidido, íntegro y determinado.

Jalisco fue su segunda casa en México, donde pasó una larga temporada formando árbitros en los años ochenta y noventa, apoyando al también finado Jorge Salles Cuervo, en una dupla espectacular que le trajo a este estado sus momentos de máximo esplendor en el arbitraje nacional. Hoy, se vuelven a reunir en el Cielo.

Ya que hemos llegado a su relación con Jalisco y el licenciado Salles Cuervo, el cuerpo se me estremece al recordar la despedida que le hizo el “Profe” a su querido amigo hace poco más de 10 años. Al pie de su ataúd, al término de la misa de cuerpo presente, tomó un silbato, y con el aliento cortado por la tristeza, silbó tres veces, señalando el final del “partido”.

Es difícil encontrar las palabras idóneas para describir lo que significó Arturo Yamasaki para el arbitraje mexicano y mundial. Lo más fácil es decir que todo, pero incluso así temo quedarme corto. Es de esas pérdidas que marcarán la historia, que todos los que admiramos y conocimos al “Chino”, recordaremos siempre.

Este fin de semana tiene designación en el Cielo, para dirigir un partido de Estrellas, donde sólo hacía falta el juez.

Descanse en Paz Don Arturo.

martes, 16 de julio de 2013

La bolita de cristal

¿Historiador o profeta? Muchos no se atreven a ser profetas, prefieren la comodidad de relatar los hechos, en lugar de adelantarse a los mismos y aventurarse a dar un pronóstico. Con ese afán protagónico y polémico que caracteriza al del teclado, me incluyo entre los que adquieren el compromiso de viajar al futuro, para señalar lo que creen que va a suceder en un ámbito determinado. En las siguientes líneas los invito a conocer lo que pienso que sucederá con el gremio arbitral en el Apertura 2013 de la nueva Liga Bancomer MX.

Bien dicen que para entender el presente, hay que conocer el pasado; de la misma manera hay que analizar lo que ha sucedido antes, para tratar de vislumbrar lo que está por venir. En ese sentido, la actuación de los árbitros mexicanos y sus dirigentes en los últimos cinco años, ha sido de regular a catastrófica. Con grandes excepciones, como la Liguilla recién terminada del Clausura 2013, el promedio no se ubica más arriba de los 7 puntos, y aquí viene el primer pronóstico general: No avanzará mucho más, aunque tampoco retrocederá.

Hay evidencias de que se puede presentar una mejoría en el arbitraje mexicano. Al igual que sucede con los equipos, el máximo nivel se encuentra en las instancias más avanzadas de la competencia, aunque los del silbato no tienen tanto margen de error. Deben empezar con los buenos trabajos desde la Jornada 1, elevando su efectividad conforme transcurra el campeonato.

Pasando a casos particulares, hay algunos árbitros que estarán en la mira de todos, ya sea por lo que se espera positivamente de ellos, por su crecimiento profesional, o la confirmación de que no sirven para este bello oficio.

Los indiscutibles que estarán en el ojo del huracán son los premundialistas. Marco Rodríguez y Roberto García, junto con sus asistentes, deberán refrendar la confianza que les tiene FIFA, demostrando que tienen más méritos que otros compatriotas para representar a México en Brasil. Lamentablemente, más Roberto que Marco, tendrán sus acostumbradas actuaciones irregulares, comodinas o intransigentes. Aún así, el nivel arbitral de sus colegas está un par de escalones más abajo, así que mantendrán su lugar en la élite arbitral mexicana.

Paul Delgadillo y Francisco Chacón serán los otros dos que carguen con la responsabilidad de completar la terna de los mejores cuatro árbitros del país. Este nuevo torneo será la prueba definitiva de Chacón, para saber si sus indiscretas verdades externadas acerca de la Comisión de Arbitraje le cobran la factura con intereses, o queda en el olvido. Ya saben que soy ferviente seguidor del guanajuatense, pero no creo que vuelva a figurar y probablemente hasta le remuevan el gafete de FIFA. Espero equivocarme.

El Joven Maravilla, César Ramos Palazuelos, aumentará su nivel considerablemente; recibirá la oportunidad de portar el gafete de FIFA que le quiten a alguno de los que no lo merecen (¡Arellano, Fabricio, cuidado!), o de alguno que tenga cuentas pendientes con los jefes (Chacón, Flores). Otra vez faltará a la Final porque ni Marco ni Roberto volverán a estar de viaje, mas no por carecer de méritos. El mismo futuro le auguro a Toño Pérez Durán, que junto con Ramos se convertirán en los referentes arbitrales mexicanos, y futuros mundialistas en 2018.

Tendremos también el debut de un muy buen prospecto que llega de la Liga de Ascenso. Roberto Ríos Jácome tiene muchas condiciones para ser figura del arbitraje. Si la Comisión vuelve a acertar en su manejo como lo hizo con el Joven Maravilla, en tres o cuatro torneos será una realidad. En el Apertura deberá tener entre cinco y seis designaciones mínimo para demostrar.

Del trío infernal, comandado por Voldemort Zanjuampa, no se puede pronosticar nada bueno. Ni el Señor Tenebroso, ni los Migueles, Ayala y Chacón, harán mayores logros que juntar 10 ó 12 designaciones entre todos, que son las que le urgen a otros mejores prospectos, como Óscar Macías. Santander y Bisguerra están en el limbo, de donde es poco probable que salgan.

Por último, pero no menos importante, está la labor presidencial. Rafael Mancilla demostró, aunque haya sido con un solo elemento, que si quiere, puede. Ahí tiene varias carreras más que puede solidificar, rescatar y empezar a crear. Debe recuperar a Erim Ramírez; debe consagrar a Ramos y Pérez Durán; debe llevar con mesura a Ríos Jácome; debe controlar a Marco y a Roberto; debe reforzar su cuerpo de asesores e instructores, y muy importante, no puede dejar que un asunto personal, nos prive del mejor árbitro de México, que es Francisco Chacón. Son seis tareas que considero esenciales para el futuro inmediato del arbitraje mexicano. Tengo la confianza de que tendrá éxito en al menos tres de ellas.

Prometo republicar este texto la semana posterior a la Final del Apertura 2013, para saber cómo me fue. Pero si de una vez tienen algo que aportar, reclamar, añadir o eliminar, los invito a debatir, practicando el Juego Limpio eso sí.


@Javierglevy @ReglaCinco

martes, 11 de junio de 2013

Largo y sinuoso camino

“Quiero ser árbitro de Primera División”, “quiero ser árbitro internacional”, “quiero dirigir un Mundial”. Éstas eran las respuestas más comunes que daban los aspirantes a árbitros en Jalisco, previo al inicio del curso de 2001, cuando el instructor encargado de las admisiones entrevistaba a la nueva generación que buscaba carrera con el silbato o la bandera.

El proceso de selección para iniciar el curso no era muy riguroso, aceptaban prácticamente a todos, sin importar la edad, género, conocimientos arbitrales, experiencia o constitución física. Sería un año de entrenamientos, charlas, prácticas en cancha, y sólo al final se harían las evaluaciones más estrictas para escoger a los nuevos árbitros de Jalisco. Comenzamos como 50; a las pruebas finales llegamos poco más de 30, y pudimos ascender al futbol profesional únicamente 13. Hoy, 12 años después, quedan DOS árbitros en activo, y apenas para la temporada 2013-2014 habrá un asistente en Primera División. El otro que permanece es árbitro en Liga de Ascenso, con algunas esporádicas apariciones como cuarto árbitro en Primera División, pero más por necesidad y escasez de elementos, que por ser miembro de la plantilla estelar.

El nombre de Javier Santacruz Romo no les debe de sonar ni poquito. Tiene 12 años vagando por las divisiones inferiores del futbol mexicano. Llegó a la Liga de Ascenso hace cuatro años ya, donde destacó en ambos lados de la balanza; en ocasiones por grandes decisiones, en otras, por errores notorios. Para su fortuna, fueron muchas más las buenas que las malas, que por fin le rindieron el fruto deseado: Primera División.

Así como existe el caso de éxito de Santacruz, que se despidió de la categoría de “plata” en la final por el ascenso entre Neza y Veracruz (perdón, La Piedad, bueno, es lo mismo ¿no?), también están las historias de las carreras de otros 11 compañeros suyos de generación que nos fuimos perdiendo en el correr de los torneos. Unos antes, en la misma Tercera División; otros más avanzados en Segunda (la mayoría), y los más dramáticos, los que se fueron por cuestiones ajenas a su capacidad, en el umbral de la Primea División (Luis Manuel Rivera, destinado a ser el mejor asistente de México en pocos años, que se fue por esas vendetas políticas tan desafortunadas en la Comisión de Arbitraje, por ejemplo).

Si ser árbitro de cualquier tipo, ya sea aficionado o profesional, es de lo más complejo que pueda existir, alcanzar la Primera División es cuestión de mucha capacidad, pero también de mucha suerte y un poquito más. La carrera de Santacruz, por ejemplo, estuvo a punto de terminar prematuramente por rencillas con el terror de los silbantes de Ascenso, Gonzalo González, que se dedicó a tronar a varios, simplemente por el gusto, o más bien disgusto, de sus capacidades personales, nunca por sus actuaciones dentro de la cancha. Lo sobrevivió y cumplió la primera parte de sus sueños. Con 32 años, está en el límite para buscar un lugar en la lista internacional en los próximos tres años y aspirar a una carrera fuera de nuestras fronteras.

Esperar 12 años para alcanzar la cúpula de cualquier trabajo podría verse como mucho o poco tiempo, depende del cristal con que se mire. Si añadimos a la ecuación arbitral que la edad del retiro es 45 años, y no 65 como en cualquier otro trabajo tradicional, esos dos sexenios persiguiendo la máxima categoría son una eternidad.

Llegar a la Primera División no significa que ahí se mantendrá los próximos 13 años. Como en un elevador, para que puedan subir algunos al piso siguiente, otros se tienen que bajar para hacer espacio. Lo mismo sucedió en este receso; para que se diera el brinco del “Grillo”, como le llaman los cuates a Santacruz, tuvo que rodar al menos una cabeza, aunque fueron más las que se desprendieron y eso lo trataremos en un futuro no muy lejano.

Para su servidor, miembro de esa generación, ver a un compañero en Primera División es motivo de felicidad y orgullo por un lado; por el otro, una mezcla de nostalgia y coraje, por tantas carreras perdidas en el anonimato, que nunca llegaron a la meta.

Éste es el camino que tiene que recorrer un árbitro desde el curso hasta la Primera División; para la mayoría de los que llegan, muy largo y sinuoso. Y así como llegan, se van.

martes, 4 de junio de 2013

Ahora o nunca Mancilla

Uno de los torneos más accidentados en materia arbitral en el futbol mexicano,  por fin ha llegado a su conclusión. La calidad de los trabajos en el torneo regular fue inversamente proporcional a lo visto en la Liguilla, pero no hay que cantar victoria. Una golondrina no hace verano, y una buena Liguilla no hace satisfactorio un torneo completo.

De las buenas, para no empezar con lo negativo, tuvimos las más que aceptables actuaciones arbitrales en la fase final, además de que el descenso deportivo se decidió sin polémicas demasiado frecuentes, aunque al final de cuentas eso no importa, porque Gallos se queda en Primera y San Luis no.

La proyección de César Ramos fue tal vez el más grande, y casi único, éxito atribuible por completo a la actual administración de la Comisión de Arbitraje. Si lo llevan por el camino correcto, lo apoyan en materia psicológica y desarrollan su carrera de manera estable y planeada, tendremos al mejor de México en menos de cuatro años, y muy probable mundialista en 2018. Si lo hacen bien, será sólo responsabilidad de la Comisión vigente, pero recordemos que al combo Padilla-Mancilla ya les ha reventado la carrera de Jorge Macías, Julio Escobar, Óliver Quiroz (entre varios más), además del estancamiento de Miguel Ortega y Fernando Guerrero. Miguel Ayala, Miguel Chacón y Voldemort Zanjuampa son harina de otro costal. ¡Que venga la Órden del Fénix arbitral a deshacerse de ellos!

Una pequeña mención merece Jorge Pérez Durán, que con una buena Liguilla en cuartos y semis se ganó medio de rebote la ida del juego grande, pero le quedó un poco ídem. No fue un mal trabajo como para reventarlo, pero le falta tal vez el centavo para completar el peso necesario para estos partidos. Va en buen camino, ojalá lo lleven con mesura y se una a Ramos como la siguiente generación de los Rodríguez, Chacón (Paco), Delgadillo y García Orozco.

Lamentablemente, los escándalos en la cancha y fuera de ella se llevan la mayor parte de la historia de este Clausura 2013. La desmedida protección a Roberto García fue grosera, indigna y muy poco profesional de la Comisión. El penal que no sancionó contra San Luis en el partido ante las Águilas, es el penal no marcado más increíble que he visto en muchos, muchos años.

La bocota de Francisco Chacón, pero la muy pequeña capacidad intelectual de los dirigentes de todos los ámbitos federativos del futbol mexicano, se llevaron el premio al papelón de pantalón largo del torneo y de mucho tiempo atrás. Ya se tocó el tema en este espacio, que lo que le hicieron al en ese momento mejor árbitro de México, fue una puñalada trapera, una trampa vil, que en el fondo llevaba la intención de favorecer a Roberto García en su carrera a Brasil.

Éstos son temas muy concretos, pero el gran mal de fondo en la actual Comisión, o que por lo menos no ha dado resultados visibles, es la capacitación de los silbantes. Los exárbitros mundialistas, los exárbitros de Primera División, los comentaristas de todo nivel de experiencia y calidad, los aficionados de a pie, y por supuesto su servidor, hemos escrito o dicho hasta el cansancio que el trabajo de Carlos González al frente del Área Técnica no es el adecuado.

Vamos dejando en paz a Mancilla (me sonó a manada, por lo menos yo lo puedo intentar) como único responsable y poseedor de la maldición arbitral de México, pero sí y sólo sí se deshace de su área técnica actual y convoca una nueva. No puede ser que no le lleguen al precio y condiciones de trabajo idóneas (independencia y peso en las decisiones trascendentales, por ejemplo) a una de las figuras en el retiro que abundan en México. Otra idea: Tomen al mejor perfil de los que ya están y mándenlo a capacitar seis meses o un año a la FIFA. Francisco Ramírez y/o Mauricio Morales podrían ser una buena opción.

El momento no puede ser mejor. Después de una Liguilla sin sobresaltos, sin campeón injusto o cuestionado y con un descenso que no fue descenso, Rafael Mancilla puede dar ese golpe de timón que lo pueda sacar del oscurantismo, que lo coloque en un nivel más alto, y lo más importante, que justifique de una vez por todas, el apoyo que ha recibido de la cúpula directiva que lo ha mantenido en su cargo.