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martes, 6 de agosto de 2013

El otro reglamento

En toda disciplina deportiva formal, existe un manual conocido como las Reglas de Juego. En este documento se desglosan las principales directrices para la práctica de esta actividad, como el lugar donde se practica, la cantidad de participantes, los accesorios necesarios y permitidos, los oficiales que lo dirigen, la manera en que define al ganador y las acciones que no son válidas, por mencionar algunos de los temas.

Las Reglas de Juego del futbol son relativamente sencillas. Constan de apenas 17 artículos, donde se desglosan los parámetros básicos para su práctica. Adicional a este reglamento general, ya sea en ligas de aficionados o profesionales, existe otro documento muy importante que es el Reglamento de la Competencia. En éste, se define la manera en que se organiza el campeonato, cómo se define al campeón, los derechos y obligaciones de los equipos participantes, los jugadores y cuerpo técnico elegibles, seguridad, protocolos y demás asuntos logísticos. Un tercer reglamento es el de Sanciones, por mencionar la liga mexicana de Primera División, en la que se establecen los parámetros para castigar y/o multar las faltas a las Reglas de Juego y al Reglamento de Competencia.

Hasta aquí vamos relativamente bien. Ahora, aterricemos a nuestra querida liga mexicana, que además de regirse por las Reglas de Juego de FIFA, su Reglamento de Competencia y Reglamento de Sanciones, aplica uno que no existe en el papel, pero que lleva mano sobre los otros tres, que se supone son los formales, legales y oficiales. En México, los intereses económicos de patrocinadores, especialmente las televisoras, que además son dueñas de varios equipos, son los que prevalecerán en caso de discrepancia entre sus necesidades comerciales y la legislación oficial vigente.

Para la mayoría, seguramente no será una noticia que los tome por sorpresa, desafortunadamente. Lo que pretendo establecer en este caso, es la repercusión que estas prácticas desleales para el deporte, pero altamente redituables en lo económico, han causado últimamente en varios actores del futbol mexicano, especialmente dentro de la Comisión de Arbitraje.

Uno de los casos más lamentables es el de Miguel Ángel Flores, el árbitro que tuvo su tarde triste en Veracruz el sábado pasado. Fue indudable su participación directa y definitiva en el resultado favorable al Tiburón, ya que en las dos jugadas de penal en contra de Cruz Azul se equivoca notablemente, además de la expulsión de Alejandro Castro por la supuesta mano en la primera pena máxima. No hay manera de defender su actuación, pero tomando en cuenta el otro reglamento del que hablé antes, tengo una hipótesis para explicar su debacle arbitral.

Tal vez no recuerden su nombre, pero seguramente sí el partido del torneo pasado que América ganó en Tijuana, después de las expulsiones de Rubens y Aquivaldo en el primer tiempo. Incluso el blog de esa semana fue dedicado a ese partido http://reglacinco.blogspot.mx/2013/02/no-todo-es-culpa-del-arbitro.html, en el que alababa las decisiones valientes y apegadas al reglamento que tomó. El principal promotor del otro reglamento es el vigente campeón, que con sus influencias y presiones, congeló a Miguel Ángel buena parte del torneo. Cuando reapareció, se le notó más cauto con las tarjetas, y bajó su nivel ya que se vio obligado a cambiar su manera de dirigir.

Con torneo nuevo en marcha, Flores nuevamente buscó su estilo abandonado por presiones externas, pero el daño ya estaba hecho. Ha perdido perspectiva, concentración e instinto. Una víctima más del Canal de las Estrellas.

El otro caso, también reciente, es el de Miguel Ángel Ayala (maldito sea tu nombre, dirían los Ángeles del Infierno), con su partido de waterpolo del martes pasado en el Azul.

Era evidente que no había manera reglamentaria de continuar con el partido, pero después de 12 minutos de suspensión, con la cancha convertida en una alberca con porterías, llegó la maldita llamada al teléfono del comisario y el juego continuó. A la televisora, la otra que maneja el futbol nacional, le pareció más importante cumplir el compromiso de 90 minutos de publicidad estática, que la salud de los jugadores y el respeto al aficionado. El primer perjudicado fue Gerardo Flores, que sufrió una lesión que lo deja fuera el resto del torneo, pero del lado arbitral las bajas fueron cuantiosas.

Miguel Ayala, sus asistentes, el cuarto oficial, el asesor y hasta Francisco Ramírez, el “asesor” a distancia (es decir, el de televisión), se van a la congeladora por cumplir las órdenes de los verdaderos dueños del futbol mexicano. Como en El Rival más Débil, ustedes, simplemente, se van.

El reglamento que no tiene artículos, páginas, enlace por internet, ni nada que demuestre su existencia, volvió a prevalecer sobre los intereses deportivos e intrínsecos del deporte nacional.

Éstas son las verdaderas reglas que rigen nuestro futbol.

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