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martes, 11 de junio de 2013

Largo y sinuoso camino

“Quiero ser árbitro de Primera División”, “quiero ser árbitro internacional”, “quiero dirigir un Mundial”. Éstas eran las respuestas más comunes que daban los aspirantes a árbitros en Jalisco, previo al inicio del curso de 2001, cuando el instructor encargado de las admisiones entrevistaba a la nueva generación que buscaba carrera con el silbato o la bandera.

El proceso de selección para iniciar el curso no era muy riguroso, aceptaban prácticamente a todos, sin importar la edad, género, conocimientos arbitrales, experiencia o constitución física. Sería un año de entrenamientos, charlas, prácticas en cancha, y sólo al final se harían las evaluaciones más estrictas para escoger a los nuevos árbitros de Jalisco. Comenzamos como 50; a las pruebas finales llegamos poco más de 30, y pudimos ascender al futbol profesional únicamente 13. Hoy, 12 años después, quedan DOS árbitros en activo, y apenas para la temporada 2013-2014 habrá un asistente en Primera División. El otro que permanece es árbitro en Liga de Ascenso, con algunas esporádicas apariciones como cuarto árbitro en Primera División, pero más por necesidad y escasez de elementos, que por ser miembro de la plantilla estelar.

El nombre de Javier Santacruz Romo no les debe de sonar ni poquito. Tiene 12 años vagando por las divisiones inferiores del futbol mexicano. Llegó a la Liga de Ascenso hace cuatro años ya, donde destacó en ambos lados de la balanza; en ocasiones por grandes decisiones, en otras, por errores notorios. Para su fortuna, fueron muchas más las buenas que las malas, que por fin le rindieron el fruto deseado: Primera División.

Así como existe el caso de éxito de Santacruz, que se despidió de la categoría de “plata” en la final por el ascenso entre Neza y Veracruz (perdón, La Piedad, bueno, es lo mismo ¿no?), también están las historias de las carreras de otros 11 compañeros suyos de generación que nos fuimos perdiendo en el correr de los torneos. Unos antes, en la misma Tercera División; otros más avanzados en Segunda (la mayoría), y los más dramáticos, los que se fueron por cuestiones ajenas a su capacidad, en el umbral de la Primea División (Luis Manuel Rivera, destinado a ser el mejor asistente de México en pocos años, que se fue por esas vendetas políticas tan desafortunadas en la Comisión de Arbitraje, por ejemplo).

Si ser árbitro de cualquier tipo, ya sea aficionado o profesional, es de lo más complejo que pueda existir, alcanzar la Primera División es cuestión de mucha capacidad, pero también de mucha suerte y un poquito más. La carrera de Santacruz, por ejemplo, estuvo a punto de terminar prematuramente por rencillas con el terror de los silbantes de Ascenso, Gonzalo González, que se dedicó a tronar a varios, simplemente por el gusto, o más bien disgusto, de sus capacidades personales, nunca por sus actuaciones dentro de la cancha. Lo sobrevivió y cumplió la primera parte de sus sueños. Con 32 años, está en el límite para buscar un lugar en la lista internacional en los próximos tres años y aspirar a una carrera fuera de nuestras fronteras.

Esperar 12 años para alcanzar la cúpula de cualquier trabajo podría verse como mucho o poco tiempo, depende del cristal con que se mire. Si añadimos a la ecuación arbitral que la edad del retiro es 45 años, y no 65 como en cualquier otro trabajo tradicional, esos dos sexenios persiguiendo la máxima categoría son una eternidad.

Llegar a la Primera División no significa que ahí se mantendrá los próximos 13 años. Como en un elevador, para que puedan subir algunos al piso siguiente, otros se tienen que bajar para hacer espacio. Lo mismo sucedió en este receso; para que se diera el brinco del “Grillo”, como le llaman los cuates a Santacruz, tuvo que rodar al menos una cabeza, aunque fueron más las que se desprendieron y eso lo trataremos en un futuro no muy lejano.

Para su servidor, miembro de esa generación, ver a un compañero en Primera División es motivo de felicidad y orgullo por un lado; por el otro, una mezcla de nostalgia y coraje, por tantas carreras perdidas en el anonimato, que nunca llegaron a la meta.

Éste es el camino que tiene que recorrer un árbitro desde el curso hasta la Primera División; para la mayoría de los que llegan, muy largo y sinuoso. Y así como llegan, se van.

martes, 4 de junio de 2013

Ahora o nunca Mancilla

Uno de los torneos más accidentados en materia arbitral en el futbol mexicano,  por fin ha llegado a su conclusión. La calidad de los trabajos en el torneo regular fue inversamente proporcional a lo visto en la Liguilla, pero no hay que cantar victoria. Una golondrina no hace verano, y una buena Liguilla no hace satisfactorio un torneo completo.

De las buenas, para no empezar con lo negativo, tuvimos las más que aceptables actuaciones arbitrales en la fase final, además de que el descenso deportivo se decidió sin polémicas demasiado frecuentes, aunque al final de cuentas eso no importa, porque Gallos se queda en Primera y San Luis no.

La proyección de César Ramos fue tal vez el más grande, y casi único, éxito atribuible por completo a la actual administración de la Comisión de Arbitraje. Si lo llevan por el camino correcto, lo apoyan en materia psicológica y desarrollan su carrera de manera estable y planeada, tendremos al mejor de México en menos de cuatro años, y muy probable mundialista en 2018. Si lo hacen bien, será sólo responsabilidad de la Comisión vigente, pero recordemos que al combo Padilla-Mancilla ya les ha reventado la carrera de Jorge Macías, Julio Escobar, Óliver Quiroz (entre varios más), además del estancamiento de Miguel Ortega y Fernando Guerrero. Miguel Ayala, Miguel Chacón y Voldemort Zanjuampa son harina de otro costal. ¡Que venga la Órden del Fénix arbitral a deshacerse de ellos!

Una pequeña mención merece Jorge Pérez Durán, que con una buena Liguilla en cuartos y semis se ganó medio de rebote la ida del juego grande, pero le quedó un poco ídem. No fue un mal trabajo como para reventarlo, pero le falta tal vez el centavo para completar el peso necesario para estos partidos. Va en buen camino, ojalá lo lleven con mesura y se una a Ramos como la siguiente generación de los Rodríguez, Chacón (Paco), Delgadillo y García Orozco.

Lamentablemente, los escándalos en la cancha y fuera de ella se llevan la mayor parte de la historia de este Clausura 2013. La desmedida protección a Roberto García fue grosera, indigna y muy poco profesional de la Comisión. El penal que no sancionó contra San Luis en el partido ante las Águilas, es el penal no marcado más increíble que he visto en muchos, muchos años.

La bocota de Francisco Chacón, pero la muy pequeña capacidad intelectual de los dirigentes de todos los ámbitos federativos del futbol mexicano, se llevaron el premio al papelón de pantalón largo del torneo y de mucho tiempo atrás. Ya se tocó el tema en este espacio, que lo que le hicieron al en ese momento mejor árbitro de México, fue una puñalada trapera, una trampa vil, que en el fondo llevaba la intención de favorecer a Roberto García en su carrera a Brasil.

Éstos son temas muy concretos, pero el gran mal de fondo en la actual Comisión, o que por lo menos no ha dado resultados visibles, es la capacitación de los silbantes. Los exárbitros mundialistas, los exárbitros de Primera División, los comentaristas de todo nivel de experiencia y calidad, los aficionados de a pie, y por supuesto su servidor, hemos escrito o dicho hasta el cansancio que el trabajo de Carlos González al frente del Área Técnica no es el adecuado.

Vamos dejando en paz a Mancilla (me sonó a manada, por lo menos yo lo puedo intentar) como único responsable y poseedor de la maldición arbitral de México, pero sí y sólo sí se deshace de su área técnica actual y convoca una nueva. No puede ser que no le lleguen al precio y condiciones de trabajo idóneas (independencia y peso en las decisiones trascendentales, por ejemplo) a una de las figuras en el retiro que abundan en México. Otra idea: Tomen al mejor perfil de los que ya están y mándenlo a capacitar seis meses o un año a la FIFA. Francisco Ramírez y/o Mauricio Morales podrían ser una buena opción.

El momento no puede ser mejor. Después de una Liguilla sin sobresaltos, sin campeón injusto o cuestionado y con un descenso que no fue descenso, Rafael Mancilla puede dar ese golpe de timón que lo pueda sacar del oscurantismo, que lo coloque en un nivel más alto, y lo más importante, que justifique de una vez por todas, el apoyo que ha recibido de la cúpula directiva que lo ha mantenido en su cargo.

martes, 28 de mayo de 2013

Gran final, gran arbitraje

Sí, ha sido la final del futbol mexicano más intensa, emocionante y espectacular de las últimas dos décadas por lo menos. Desde los 80`s, con Chivas vs Puebla (83), Chivas vs América (84), América vs Tampico (85) y la anterior edición del América vs Cruz Azul (89), no habíamos tenido un partido definitivo que tuviera a los espectadores y aficionados en el estadio al borde del asiento. Un elemento esencial para que sucediera lo que sucedió el domingo en el Azteca, fue Paul Delgadillo. Para un gran juego, un gran árbitro.
La jugada que marcó el rumbo del partido, la que lo llevó al alarido y al desenlace en los últimos segundos, fue la expulsión de Molina al cumplirse 17 minutos de juego. Antes de analizar a conciencia la decisión de Delgadillo, tengo que comentar a título personal, que si América juega con 11 todo el encuentro, lo gana de calle en los 90 minutos.
Ahora sí, la expulsión a detalle. Cuando Pablo Barrera elude a Diego Reyes, tenía vía libre al área con el balón controlado para enfrentar a Muñoz. La pelota no estaba tomando curso hacia una banda, y aunque se aprecia que Mosquera podía hacer la cobertura, lo separaban aproximadamente 5-6 metros de Barrera, en diagonal y un paso atrás del delantero, lo que haría prácticamente imposible que pudiera llegar a tiempo antes del disparo o el regate al portero.
El tacle de Molina es de desesperación. Se asegura por todos los medios de detener al delantero azul, con jalón de hombro y zancadilla incluida. En la única repetición que vimos después de la jugada, se aprecia a Delgadillo justo atrás de la acción, con una perspectiva perfecta de la trayectoria del balón y la posición de los jugadores, tanto defensivos como ofensivos. No hay que olvidar que “Chaco” Giménez cerraba por izquierda y sólo quedaba un defensor habilitado para cubrir a Barrera o a “Chaco”. El juez no duda y se lleva la mano al pantalón para mostrar la tarjeta roja. En mi opinión, y la del criterio general del motivo para expulsar por malograr una oportunidad manifiesta de gol, la distancia alejada de la portería no es factor para excluir la expulsión, mucho menos el minuto ni la instancia que se jugaba.
Lo que siguió en la narración por televisión, fue una descarada y malinformada crítica al árbitro. Lamentable demostración de parcialidad y desconocimiento de la labor arbitral. Incluso en las ocasiones que un error arbitral es flagrante y grosero, no se vale tildar de “loco” al juez porque “perjudicó” al equipo de casa. Si no saben, mejor que no opinen, o que pongan al aire a los que saben para que den una opinión que tenga valor.
Lo que siguió en el trabajo de Delgadillo y su equipo, fue una demostración de concentración y criterio de alto nivel. Amonestaciones, sí muchas, que dieron rumbo a un juego que se disputó con una gran dosis de valor, especialmente del América.
El prietito en el arroz es la jugada del primer gol de los amarillos, en la que “Maza” Rodríguez hace una pantalla basquetbolera a Gerardo Flores, que no alcanza a incomodar el remate de Mosquera. Ojo, escribo incomodar porque no alcanzaba el defensor azul a ganarle el balón al colombiano, lo que podría haber sido una de las consideraciones de Delgadillo para desestimar la falta, aunque estrictamente es irrelevante esto, ya que una falta es falta sin importar si el jugador arrollado o bloqueado alcanza a jugar el balón o no.
Durante los tiempos extras, a pesar del cansancio evidente, especialmente el mental, Delgadillo se mantiene fuera de problemas, tal vez sí dejando de señalar algunas acciones que parecían faltas, pero los alargues así se dirigen. Para el bien de todos, en esos momentos en que las piernas ya no responden y lo que mantiene en pie a los futbolistas es el corazón y el amor propio, cualquier decisión arbitral, por pequeña que sea, puede definir el rumbo del juego. No es lo ideal, las reglas son las mismas en el minuto 1 y en el 119, pero aquí es donde entra la experiencia y el manejo para salir del escaparate.
La final entre América y Cruz Azul pasará a la historia por su espectacularidad, por el marco impactante del Azteca a reventar y por una labor arbitral de alto nivel, con una jugada de ésas que levantan ámpula, pero que vista ya de manera fría, con reglamento y criterio en mano, es de tanto valor como el gol de Muñoz o el penal decisivo de Layún. Broche de oro a una Liguilla extraordinariamente bien arbitrada.

martes, 14 de mayo de 2013

La mejor Liguilla en años


Más allá de las sorpresas en los equipos calificados a las semifinales del Clausura 2013, donde tres de los cuatro vienen de la parte de abajo de la “tabla”, los cuartos de final de la Liga mX nos regalaron ocho arbitrajes de mucho mejor nivel que el futbolístico mostrado en la cancha por los equipos.

En los partidos de ida aparecieron Alfredo Peñaloza, Fernando Guerrero, César Ramos y Jorge Rojas. El que presentó más detalles por mejorar fue Peñaloza, que falló al perdonarle la vida a Rivas de Tigres, que se esmeró en ser expulsado. Más allá de eso, los cuatro arbitrajes en los juegos iniciales fueron de alto nivel.

El que anda enrachado, como el Neza de Roberto Hernández con nueve triunfos seguidos, es el Joven Maravilla, César Ramos, que en el juego entre Santos y Atlas volvió a mostrar mucho temple, seguridad, criterio y gran condición física. Es notable la manera que tiene de escapar a los problemas, no se enfrasca en discusiones inútiles con los jugadores, señala lo justo y deja seguir el juego cuando es conveniente, sin escudarse en la malentendida continuidad que en el torneo regular dejó muchas patadas sin castigar. Un árbitro que se encuentra metido en una racha de este nivel, es como un delantero que ha encontrado la portería contraria. Semifinalista seguro.

Los partidos de regreso fueron para las cartas fuertes de la Comisión. Marco Rodríguez, Roberto García, Paul Delgadillo y Jorge Pérez Durán, mantuvieron los buenos trabajos de sus colegas, para cerrar de manera sobresaliente la primera fase de la Liguilla.

Marco y Roberto tienen el silbato listo para las semifinales. A pesar de que el torneo regular de García Orozco fue bastante ídem, está en carrera para el Mundial de Brasil, ya fue designado al Sub20 de Turquía y en el Clásico del Norte cumplió con un trabajo bastante bueno. La mancha en su actuación fue la expulsión a Danilinho, ya que en la jugada de la segunda amonestación por supuestamente simular una falta, recibe un contacto del defensor rayado, que anularía el “clavado”. En descargo del árbitro, a velocidad normal, la caída se ve como una simulación a primera vista. No es relevante para el marcador por el minuto en que sucede y por la evidente superioridad de Monterrey, que tenía controlado el juego y en la bolsa el pase a la antesala de la final.

El partido más dinámico y complicado de la ida había sido Cruz Azul contra Morelia. Paul Delgadillo tenía la misión de continuar con la buena labor de Jorge Rojas, que cumplió con creces,  al entregar el trabajo más pulcro de todos los cuartos de final, empatado con César Ramos. En condiciones generales eso sería suficiente para completar su pase a semifinales, pero no contaba el tapatío con lo que sucedería inmediatamente después en el Estadio Jalisco.

Jorge Pérez Durán tuvo el partido más difícil de su carrera. No por el tipo de juego en sí, sino por las decisiones tan importantes que tuvo que tomar en la vuelta entre Atlas y Santos. Apenas al minuto 4, Alberto Morín validó el gol de Omar Bravo, en un balón que traspasó por centímetros la línea de meta. Hace falta una cantidad de valor muy grande y una concentración de otro mundo, para señalar el centro del campo en una jugada así de apretada. El apoyo del árbitro fue incondicional, que rubricó con una amonestación a Oswaldo Sánchez por los reclamos.

Al 24, ahora en colaboración con su segundo asistente, Jimmy Acosta, sanciona impecablemente la expulsión del arquero rojinegro por jugar con la mano fuera del área, impidiendo un gol cantado de Darwin Quintero.

No es fácil arbitrar con el Jalisco a tope, con una afición que se veía avanzando en el campeonato y mucha presión de gente experimentada en el terreno y fuera de él. Las virtudes más grandes de Pérez Durán y su equipo fueron la concentración y la calma. Cerraron su actuación con broche de oro, al invalidar el que sería el segundo gol rojinegro, por un fuera de juego claro, que señala Jimmy Acosta con una sangre fría y una docena de blanquillos envidiable (semifinal ganada con creces para el asistente). Después de esta actuación, la decisión entre Delgadillo y Pérez para avanzar a semifinales, se pone de a peso para la Comisión.

La Liguilla se gana con merecimientos en la cancha, pero también con experiencia y jerarquía. De lo primero, César Ramos tiene de sobra; de lo segundo, Roberto y Marco llevan mano para las vueltas. ¿Jorge o Paul? ¿Jerarquía o gran actuación? Y como no le puedo sacar al pronóstico después de alabar a los árbitros valientes, me voy con la experiencia de Paul Delgadillo para completar la cuarteta de centrales en semifinales.

martes, 7 de mayo de 2013

Ni un muerto más


El mundo arbitral aficionado está de luto. Nuevamente, un árbitro falleció a manos de jugadores violentos, en una debacle de valores nunca antes vista en los campos de futbol. Ricardo Portillo, de origen mexicano, radicado en Utah (Estados Unidos), murió por un golpe recibido en la cabeza, que le propinó un juvenil de 17 años hace dos semanas en un partido de “High School” en Salt Lake City. Durante seis días más, Portillo luchó por su vida, que terminó perdiendo tras ingresar al hospital en estado de coma después de la agresión.

Escribo nuevamente en el párrafo anterior, ya que en diciembre del año anterior, en lo que parecía un hecho aislado y trágico, el juez holandés Richard Nieuwenhuizen fue agredido brutalmente por tres jugadores de 15 y 16 años del equipo Nieuw Sloten, de una liga amateur de Ámsterdam. Las patadas y golpes recibidos en todo el cuerpo, provocaron la muerte de Richard días después en un hospital.

Más allá de la deleznable actitud de golpear hasta la muerte a una persona indefensa, el hecho de que hayan sido jóvenes que ni siquiera alcanzan la mayoría de edad los culpables, toma una relevancia que va más allá de cualquier explicación futbolera de “calentura” u otras idioteces de ese tipo, que muchos utilizan para justificar sus comportamientos dentro de una cancha de futbol contra un juez.

Evidentemente que los jóvenes agresores son los principales culpables de estas atrocidades, pero la complicidad de los padres de estos muchachos es equivalente a la culpa que tendrán que cargar los adolescentes. El respeto por cualquier figura de autoridad, ya no se diga de un árbitro o un maestro, está dejando de existir en las sociedades modernas. La permisividad que los padres dan a sus hijos, encauzada de manera negativa, convierte a las personas que supuestamente representan a la autoridad, en enemigos y blancos naturales de la ira y descarga de frustraciones.

Los detalles de la muerte de Portillo son escalofriantes. El motivo por el que fue salvajemente golpeado en la cabeza, fue una amonestación. ¡UNA AMONESTACIÓN! Mientras escribía tranquilamente en su libreta, el jugador amonestado lo mató de un golpe. Es un escándalo de proporciones tales, que no puedo describir sin utilizar palabras que mi moral no me permite publicar.

Este tema del respeto a los árbitros ha dejado de ser un asunto de las federaciones, para convertirse en responsabilidad de gobiernos, escuelas y hogares. Cada que permitimos que nuestros hijos socaven nuestra autoridad, estamos dando un pasito a convertirlos en agresores potenciales. Cada que nuestros hijos nos manifiestan su enojo con reacciones violentas, y no reciben un castigo ejemplar, estamos abonando a que en un futuro, pierdan el respeto por la integridad de cualquier persona.

¿Hasta dónde podemos atribuirle una responsabilidad de estos hechos al futbol profesional? Es una pregunta harto difícil de responder, ya que las agresiones físicas a los silbantes de las principales ligas del mundo son muy esporádicas; por ese lado no se podría entrar. Las críticas en los medios de comunicación, desmedidas en algunas ocasiones, a las labores arbitrales tampoco me parece que puedan estar ligadas a la falta de respeto por los árbitros aficionados del mundo, ya que se fomenta la exhibición de los errores, mas nunca la creación de una animadversión violenta de los espectadores hacia los jueces.

Lo que sí es deber, obligación, manda, responsabilidad o como le queramos llamar, de las federaciones, directivos, equipos, jugadores, periodistas y aficionados, es contribuir con la promoción de una campaña de respeto a los árbitros.

Hace tres meses, la Liga MX recibió la distinción de ser Empresa Socialmente Responsable (ESR). Desde aquí va una idea para que comiencen a presumir su distinción con una campaña que puede salvar vidas: Agrupar en un movimiento masivo al Sector Aficionado de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), las Asociaciones Estatales, Delegaciones de Árbitros Estatales, Ligas de aficionados registradas ante la FMF, Universidades, otras ESR, los patrocinadores de la Liga MX, medios de comunicación, periodistas, exárbitros, árbitros en activo, los equipos profesionales y la Selección Nacional, en una campaña de respeto a los árbitros, especialmente aficionados.

Por los conductos adecuados, además de la publicación en los diversos medios que aparece Regla Cinco, se hace llegar esta propuesta a la Liga MX y a la FMF. Desde aquí, públicamente, con el absoluto conocimiento de lo que es recibir agresiones en una cancha de futbol amateur y temer por la propia vida, me ofrezco como el primer voluntario para este esfuerzo. ¿Quién más?

martes, 30 de abril de 2013

Fair Play en el tablón


Este complejo concepto del Juego Limpio ya lo hemos tocado otras ocasiones en este espacio, normalmente vinculado a situaciones que suceden en la cancha; en otra ocasión tuvo que ver con la labor del comunicador deportivo, y esta vez nos vamos a trasladar a la tribuna, para reconocer un hecho que merece ser contado, reconocido, imitado y felicitado. Se trata de la afición de los virtualmente descendidos Gallos de Querétaro, que dieron una cátedra de apoyo a su equipo el domingo en el Omnilife de Guadalajara.

Alrededor de 2,000 fieles miembros de la hinchada queretana llegaron desde temprano al coloso de El Bajío en Zapopan. Su equipo, tras el resultado en Puebla, estaba prácticamente condenado al infierno del descenso. Su presencia, pero mucho más su apoyo que se prolongó desde una hora antes del encuentro, hasta media hora después, es una muestra de amor incondicional a un equipo que les ha dado más tristezas que alegrías en los últimos años.

Un desolado Omnilife fue testigo del empuje permanente de una afición descendida, que al igual que los jugadores de su equipo, dejó el alma en su cancha, la tribuna, ese lugar donde se han construido unos sueños imposibles, y derrumbado sus realidades cotidianas.

La afición queretana pesó como tal vez nunca había visto el del teclado pesar a un grupo de seguidores. Sus Gallos dominaban el partido a placer, empujados por 2,000 corazones y 4,000 pulmones adicionales; cuando los visitantes pierden a Gonzalo Pineda por expulsión, el aliento creció y el dominio en la cancha se convirtió en goles. Parecía que en el campo se materializaba un jugador imaginario que suplió al expulsado.

Contrario a lo que sucede en el intermedio de los partidos, la banda queretana siguió cantando y alentando. Se aferran a ser de Primera, no dejan de aprovechar un solo minuto de “awante” en liga mayor, así se les vaya la vida tras 200 minutos de apoyo incondicional.

Sus gritos de gol resonaron en el estadio como si fueron ellos los 15,000 seguidores locales, y no la minoría empujada a una esquina superior. Así hubieran estado a un kilómetro del Omnilife, hubieran opacado cualquier resistencia rojiblanca en el tablón.

No podemos olvidarnos de un mal que está presente en nuestra nueva cotidianidad futbolera: la violencia, ésa que aflora en momentos de dolor y adversidad. El elogio más grande que le puedo hacer a este grupo de bravos gallos de pelea, es alabar que no sucumbieron ante la salida fácil de desahogar su pena con golpes, lanzando objetos o atacando a seguidores rivales. Llevaron como única arma su potente voz, un corazón a prueba de balas y la pasión desbordada por un equipo que, al igual que ellos en la tribuna, dejó TODO en la cancha, en una muestra de amor propio casi epopéyica.

El próximo sábado se despedirán temporalmente de la Primera División. Estoy seguro que pronto volverán, porque por más esfuerzos que hayan hecho otras directivas por hundir a su equipo, los miles de gallos de pelea que los siguen a todos partes a donde van, los impulsarán de regreso al lugar que se merecen.

martes, 23 de abril de 2013

Se pusieron los pantalones


La Jornada 15 de la Liga mX tuvo tres “clásicos” en su programación. ¿Por qué las comillas? Porque siempre tendremos el eterno debate de si América vs Pumas califica para esta distinción, o si el pasional duelo entre Gallos y San Luis merece ser elevado a la categoría, pese a su escaso impacto fuera de sus estados. Del Clásico Tapatío, éste sí con mayúsculas, no hay ninguna duda de que junto con el del Norte, el Nacional y tal vez el de Águilas y Cementeros, sea de los muy pocos que se puedan nombrar así. Pero como lo nuestro no es esta diatriba filosófica del clásico, sino lo que hicieron los árbitros de estos tres partidos en particular, pasemos a lo que sigue.

Lo primero que hay que destacar de estos tres partidos, fueron las designaciones arbitrales. Marco Rodríguez es tal vez el único que tenga hoy los tamaños para dirigir un partido tan caliente como el de Gallos y San Luis, así que la Comisión acertó (está difícil fallar cuando no hay ninguna otra opción); la reaparición de Paul Delgadillo en el Clásico Tapatío no sonaba tampoco descabellada, ya que su nivel había sido consistente en la temporada, además de que tampoco había mucho de dónde echar mano; el nombramiento del Joven Maravilla, César Ramos, para dirigir a cremas y universitarios, parecía arriesgado, pero al final demostró con su trabajo, el mejor de la jornada, que una vez más, Mancilla (o quien se lo haya soplado) tomó una buena decisión.

Por orden cronológico, el Conde ChiquiMarco I solventó el triunfo de Gallos con una dosis de personalidad y jerarquía que sólo él puede desplegar en un campo de futbol. Se dieron de patadas hasta por debajo de la lengua, se guardó 3-4 tarjetas amarillas, pero al final salió airoso, no sin antes enfrentarse a tarjetazos con dos potosinos al final del partido, por reclamos más de impotencia que justificados. Marco es el único árbitro en México capaz de dirigir con su propio reglamento, sin que haya desgracias que lamentar. No es una virtud que se deba pregonar demasiado, ya que las reglas son unas, y sin importar el tipo de partido, se aplican como son y listo. Marco hizo su partido a conveniencia y lo logró, eso vale mucho, aunque sea criticable.

Hablando de que las reglas son unas y aplican para cualquier tipo de encuentro, por fin volvimos a tener un árbitro con pantalones y valor para defender su honor. Rafael Márquez Lugo pensó que podía burlarse de Paul Delgadillo, y perdió. Si la primera amonestación al delantero chiva era o no exagerada, en ningún momento se convierte en motivo para aplaudirle en su cara al árbitro, enfrente de 55,000 personas en la tribuna y los otros 21 jugadores en la cancha. No importa si es un Clásico, si no hay nadie en el estadio, si es el minuto 10 o el 85, la regla es clara y Paul la aplicó. Se llama respeto a sí mismo, respeto al reglamento y respeto a la lealtad del juego. Mejor díganle a Márquez Lugo que se vaya a aplaudir al teatro.

Lamentablemente para Delgadillo y la Comisión, la jugada en el área de Atlas al final del partido era penal y punto. No hay nada que discutir, Millar extiende el brazo deliberadamente y juega el balón. ¿Pero saben qué? Ni Delgadillo ni su asistente la vieron. No faltaron los vivos que salieron a decir que no la quiso marcar, que se hizo menso, que odia a Chivas y demás locuras. El error de Paul fue quedarse en el extremo más alejado de un área poblada de jugadores; debió recorrer más al centro para ampliar su ángulo de visión. Álvarez y Perales formaron una barrera que no pudo traspasar la vista biónica del silbante. Morín tampoco la pudo apreciar, ya que su perspectiva es del lado izquierdo de los jugadores, y la mano de Millar es con la derecha, el mismo jugador se sirve de escudo para cubrir su falta. Lástima, porque la labor arbitral había sido de mucha categoría.

César Ramos cerró el sábado de clásicos con una gran demostración. Es una grata sorpresa la del sinaloense, que desde hace algunas semanas cuenta con “ayuda” extra: se estrenó como papá de una nena que lo ha motivado a tener estos buenos trabajos en Liga y Copa.

La expulsión de Martín Bravo es de gente que no se tienta el corazón, que no tiene miedo, que se crece ante las oportunidades. Fue congruente todo el partido, aplicó las reglas, pero sobre todo, mantuvo un criterio elevado. Molina también se fue a bañar temprano por broncudo, en otra decisión acertada del Joven Maravilla. Hemos visto en los últimos años árbitros que despegan muy pronto y luego se caen (Guerrero y Pérez Durán, por ejemplo), ojalá que Ramos no sufra lo mismo y nos dé un árbitro de calidad por muchos años.

Hasta se siente uno raro de ver tantas buenas decisiones en un fin de semana, pero esta vez ganaron los buenos. Aunque también hubo arbitrajes horribles, como el de Roberto García en Cancún, y decisiones unitarias, como el penal de Millar, que dejan ese sabor amargo, la Jornada 15 me dejó a mí, por lo menos, un resultado favorable a los árbitros.