Vistas de página en total

martes, 16 de abril de 2013

Cualquier parecido con la coincidencia


Ocurrió en un país lejano, una historia de su liga de futbol y los árbitros que la dirigían. Resulta que un domingo cualquiera, la Federación de Futbol de ese país se deslindó de la organización de la liga profesional de Primera División, para que se hiciera autónoma, al estilo de los ingleses. La autonomía resultó ser un cuento guajiro, ya que el anterior Secretario General de la Federación, Ignacio de Jesús, se convertía en el nuevo Presidente de la Liga. Su segundo de a bordo, Manrique Pinilla, también había sido dirigente de la Federación, al igual que el 75 por ciento del nuevo organigrama de la Liga.

Los árbitros seguían perteneciendo a la Federación, la cual proveía del servicio referil a la Liga, como si fuera una relación comercial simple, al estilo del abarrotero que surte mercancía a un restaurant.

En principio, a pesar de que los nuevos dirigentes de la Liga simplemente se habían cambiado de razón social para seguir manejando la Primera División, la separación con los árbitros tenía un fondo acertado.

Todo quedó en eso, en una buena intención, ya que el señor Pinilla, Director de la Liga, tenía voz y voto dentro de las decisiones que tomaba la Comisión de Arbitraje, presidida por Ramón Padilla (no era el anterior presidente de los árbitros, el exfutbolista,  aunque sus nombres se parecían). El asunto es que una vez más, se demostraba que la supuesta autonomía era una charada.

Los árbitros de este lejano país, que tenían fama en el mundo de ser de los mejores, atravesaban una severa crisis de formación, instrucción y liderazgo. Un silbante internacional, Marco Espejel, movía todo en el gremio, ante la complacencia de Padilla.

Las críticas de los medios, aficionados, entrenadores y jugadores, se volvió insostenible para los jerarcas futboleros del país, que eventualmente decidieron dar de baja a Padilla, junto con su jefe de instructores, el llamado “Algebráico” Gómez.

Los detractores más feroces del régimen arbitral festejaban la salida de la planilla dirigencial, al momento que hacían sus pronósticos de quién sería el idóneo para sustituir a Padilla. Gerardo “Médico” Abascal, Presidente en una ocasión anterior; otros árbitros retirados, pero que por sus ocupaciones y buenos salarios en los medios de comunicación, no estarían tan interesados en tomar esa papa caliente, eran los nombres que se barajaban.

La ilusión de un cambio favorable se fue al pozo, cuando se filtró la dupla que se haría cargo de la Comisión de Arbitraje. ¿Se acuerdan del señor Manrique Pinilla, exempleado de la Federación, actual Director de la nueva Liga, “miembro del Consejo” de la Comisión de Arbitraje? En lo que parecía un paso hacia ningún lado, menos para adelante, Pinilla se convertía en el nuevo patrón arbitral. En menos de un año, había sido dirigente de la Federación, luego de la Liga “autónoma”, y nuevamente volvía a la nómina del máximo organismo balompédico nacional.

En el cargo de instructor, en lugar del “Algebráico”, llegaba Eduardo Masso. Exárbitro internacional, catalogado en el Top 5 de los peores árbitros de todos los tiempos. Su mejor carta de recomendación para un puesto en la Comisión, era la apenas aceptable labor que había realizado su señor padre años atrás en el mismo organismo. Si ese señor no había demostrado, en su larga y apadrinada carrera, los tamaños de un gran árbitro, cómo diablos pensaban que podría enseñar a los nuevos silbantes a ser mejores.

La historia, con respecto a lo que se vivió en la era de Ramón Padilla y “Algebráico” Gómez, no cambió ni un centímetro. Las lealtades del nuevo Presidente pertenecían a los dueños del balón, los propietarios de equipos, esos mismos que en alguna ocasión le dijeron a Padilla que mejor se siguieran equivocando los silbantes, para aumentar el rating de las televisoras.

Tanto esta historia como los protagonistas en ella representados son estrictamente ficción, y nada tienen que ver con personajes ni situaciones reales. Cualquier parecido o semejanza con personas reales, es pura casualidad u obra de su imaginación.

martes, 9 de abril de 2013

El Rafa por su boca muere


El desliz de Rafael Mancilla el viernes pasado, en una entrevista exclusiva que otorgó a TDN/TDW en el programa Súper Estadio, ya le ha dado la vuelta al mundo por su imprudencia, inexperiencia, desfachatez o como queramos llamarle.

“Hay personas, directivos de diferentes televisoras, que he platicado con ellos que me dicen: No me hagas a los árbitros perfectos, por favor. ¿Por qué? Porque me quitas rating. La polémica arbitral es parte del juego". Si no lo hubiera escuchado, no lo creería. Vaya, no es ninguna mentira lo que dice Mancilla. Los programas deportivos en todas las plataformas, se dan vuelo atendiendo a los árbitros cada semana. En muchas empresas de comunicación hay analistas arbitrales, la mayoría de mucho peso, como los Brizio en Televisa, Ramos Rizo en ESPN, Boni en Reforma, Alcalá y Jaime Herrera en TVC, Gabriel Gómez en Fox, y en TDN, Codesal y Archundia. Pero no por ser verdad, puede llegar el Presidente de los árbitros a decirlo como si fuera cualquier cosa. Y aún peor, parece que hasta les hace caso, porque el nivel arbitral está para llorar.

La feria de los desmentidos la encabezó Decio de María, con su tradicional “verdad absoluta”. Que a Mancilla nadie le ha dicho algo de ese tipo. ¿Será que Rafa carga con un transmisor para que el todopoderoso Decio escuche TODAS sus conversaciones? Igual de ridícula a esta pregunta, sonó su declaración.

Pero lo verdaderamente importante no es el festival de sinsentidos que escuchamos, sino lo que está en el fondo del asunto. Lo primero que viene a la mente, es la confirmación de que Rafael Mancilla NO tiene la capacidad para estar al frente de la Comisión de Arbitraje. Basta un dedo de frente, para saber que un comentario como éste es una invitación a masacrarlo. Insisto, parece que hace caso a estos comentarios, porque la manera de instruir a los silbantes mexicanos está destinada a hacerlos fracasar. Por el bien de todo el futbol mexicano, ojalá no sea cierto, porque entonces no creo que la FIFA se pueda hacer de la vista gorda con México… una vez más.

Algo que no todos saben, es que a esa entrevista también acudió el instructor Mauricio Morales, que llevó un rol cercano a cero en la duración de la entrevista. De aquí se desprende la segunda afirmación. Mancilla está rodeado de comparsas, no de colaboradores. Por eso se fue Archundia, que con su capacidad, experiencia, influencia y jerarquía, resultaba muy incómodo para la dinámica de sumisión de la Comisión de Arbitraje.

Ya que salió Archundia al tema, va una buenísima del dos veces mundialista, poseedor del récord de más partidos dirigidos en Copas del Mundo. En un programa dominical, Futbol en Serio, de TDN también, nos regaló una perla: “En la Comisión les pesó mi nombre”. Por más petulante que pueda sonar, es una verdad tan grande, como que el mal arbitraje genera rating. Incluso se podría decir que no es políticamente correcto vanagloriarse de esa manera, pero es una clara muestra de que las personas pensantes, decididas y con un poco de valor, no son bienvenidas en las huestes de Mancilla.

Cada vez que pensamos que el arbitraje mexicano está en su punto más bajo, vienen nuevos escándalos. Apenas nos estábamos recuperando de la fatídica Jornada 12, en la que se vio el peor trabajo referil del Clausura, cuando aparece Mancilla con su genial ocurrencia. Entre lesionados, suspendidos y designados a torneos internacionales, nos quedamos sin la participación de los mejores cuatro silbantes nacionales (Marco, Roberto, Delgadillo y Chacón), más Fabricio Morales, que anda en el Pre-Mundial Sub17 en Panamá. ¿No será que fue cortina de humo para dejar de hablar de los árbitros, previo a una Jornada 13 que pintaba para ser igual o peor que la 12? Si por alguna bizarra razón ése era el cometido, le salió el tiro por la culata, porque fue la comidilla de todas las transmisiones de futbol del fin de semana.

Después de tantas voces que han pedido que por fin le den cuello al actual Presidente de la Comisión de Arbitraje, vamos a jugarle al “contreras”. Que se quede Mancilla con su séquito de bufones, por la pura curiosidad de ver hasta dónde es capaz de hundir al arbitraje mexicano.

martes, 2 de abril de 2013

Carta al Presidente de la Liga


Estimado señor De María:
El tema que quiero tratar con Usted es de alta relevancia. Se trata del arbitraje de nuestra bendita Liga MX, que debo de reconocer, en este segundo torneo ha empezado a concretar algunas de las nuevas ideas que se planteó al principio, lo cual ya es motivo de congratulación. Ahora bien, entiendo que el arbitraje no es competencia primaria de la Liga, sino de la Federación, la que preside su compadre Justino Compeán. Si yo tuviera la certeza de que mis ideas y comentarios encontrarían una recepción abierta en las oficinas dela FMF, se la enviaría directamente a él, pero desgraciadamente confío más en que Usted pueda llevar estas inquietudes, con un peso real en las decisiones, que considero se deben tomar lo antes posible.

Me parece que está de más ahondar en los casos concretos de malos arbitrajes que hemos vivido en los últimos seis o siete años, desde la administración de Aarón Padilla al frente de la Comisión de Arbitraje. Lo que cuenta es el ahora, y ahora es el momento de poner un alto a todas las atrocidades que suceden cada semana, desde las oficinas del Centro de Capacitación.

Ya hemos escuchado y leído de todos los actores de nuestro futbol (directivos, entrenadores, jugadores, periodistas, exárbitros y aficionados), que el arbitraje está en caída libre. Nunca será posible llevar al cabo iniciativas tan interesantes en el papel, como las que nos han querido vender desde la Comisión de Arbitraje, si los encargados de implementarlas han demostrado que su capacidad no es compatible con los cargos que ostentan.

Si la remoción de Aarón Padilla se gestó por su falta de conocimiento en temas arbitrales, las necesidades de los silbantes y la nula sensibilidad para rodearse de personas adecuadas, la decisión correcta era traer a una persona que supliera estas carencias de Padilla. No solamente hicieron caso omiso de estas habilidades y perfil que debería tener el nuevo Presidente de la Comisión de Arbitraje, sino que trajeron a una persona que en su momento era el segundo de Padilla. En lugar de dar un paso al frente, se dieron dos para atrás. Rafael Mancilla NO es la persona idónea para manejar al gremio arbitral mexicano.

La Liga MX, como “cliente” de los servicios que presta la Comisión de Arbitraje, debería adoptar una postura más activa en la grave crisis que viven los del silbato. No se trata de tener un enlace en las juntas de la Comisión, es más, eso no se ve nada bien; se trata de exigir un servicio de calidad, un servicio honesto, profesional y con prestadores del servicio capacitados para la labor encomendada.

Como hombre de empresa que fue Usted muchos años antes de entrar al futbol, sabe que la capacitación, y los capacitadores, son claves en la consecución de los objetivos de una organización. Desde la cúpula se pueden gestar las ideas más innovadoras, pero si el operador de estas ideas no tiene la más mínima noción de cómo se hacen, los planes terminan en el cesto de la basura, justo donde está metido el arbitraje mexicano en estos momentos, en el borde del bote, a punto de caer.

Por el bien de nuestra Liga, esta nueva organización que en poco tiempo ha demostrado que sí sabe poner en marcha los planes, con personas idóneas para los puestos, con una estrategia de comunicación muy importante y efectiva, es menester imperioso poner una solución al tema del arbitraje.

Desde su alta posición como Presidente de la Liga MX, tiene el deber de actuar. Hay que levantar la voz para exigir que Rafael Mancilla y Carlos González dejen la Comisión de Arbitraje ya. A nosotros los periodistas no nos hacen caso, aunque sea unánime el clamor de cambio en Avenida del Imán. Estoy seguro que a Usted sí lo tomarán en cuenta, claro, si le interesa y está dispuesto a pelear por los derechos de su Liga y sus participantes, sus socios más importantes, los equipos. Es tiempo de ejercer ese liderazgo, poder y jerarquía que ha acumulado en esta última década, primero como Secretario General de la FMF y ahora como Presidente de la Liga MX. ¿Será que podemos confiar en Usted, Licenciado de María?

martes, 26 de marzo de 2013

Aquí nos tocó vivir


El título de este texto nos puede remitir a una actitud conformista o a una postura de superación, todo depende de la pantalla de donde se lea. Los invito a ponernos la camisa de la búsqueda del éxito, el cuestionamiento a lo establecido y el crecimiento, tanto personal como colectivo.

Después de mi disertación, aparentemente sin sentido, aterricemos a lo que nos interesa en este espacio, que es el arbitraje de futbol.

La inspiración para este tema viene de dos frentes. El principal es la actuación del árbitro de Jamaica, Courtney Campbell, en la visita el pasado viernes a San Pedro Sula de la Selección Mexicana. Como tantas veces hemos escuchado que estamos tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios, de la misma manera estamos atados a la Confederación de Futbol, alias Concacaf. La otra fuente fue el retrógrado caso, investigación, manejo, trasfondo y sentencia, de las declaraciones obtenidas ilegalmente del árbitro Francisco Chacón.

Es del dominio público que el arbitraje de Concacaf es el peor del mundo, tal vez a la par de los africanos, porque europeos, asiáticos y sudamericanos nos llevan de calle. El oscurantismo en que nos sumió Jack Warner en la última década tardará tanto, o más, en salir de ahí (si es que algún día salimos).

Según los escalafones de Concacaf, Campbell es de los silbantes más confiables de la baraja. Y después de la demostración tan lamentable en Honduras, no queremos ni saber cómo son los árbitros malos.

Los jueces del “continente” le llevan una importante ventaja a sus colegas de las “islas”. Centroamérica y los tres países del norte tienen un nivel aceptable, dentro de la realidad de nuestro futbol. Pero los caribeños son una desgracia verdadera. No tienen ligas competitivas, es más, la mayoría ni ligas tienen, punto. El gran problema fue que el trinitario Warner privilegió a sus compadres del barrio, y dejó que el arbitraje, junto con todo el futbol de la zona, se fuera al garete.

Ya ni vale la pena seguirle meneando a las decisiones del jamaiquino; no era penal, nos pegaron hasta por debajo de la lengua y nunca pasó nada. El asunto está en que si no podemos hacer nada por los niveles de arbitraje, lo que sí se puede hacer es mejorar nuestra actitud futbolística para no depender de una marcación arbitral. Hay dos opciones: Lamentarse por el robo o trabajar en no depender de una buena o mala decisión del juez. Ahí está la tarea para Chepo.

El tema Chacón es otro asunto vergonzoso, que ejemplifica en lo que se ha convertido la dirigencia arbitral y disciplinaria. Antes de darle a Mancilla y Rivas como nos dieron los hondureños, hay que censurar las palabras de Francisco Chacón y reprocharle su falta de discreción con personas en las que no había elementos para confiar. Una vez aclarado el tema, es absolutamente inadmisible que un video obtenido ilegalmente, sea utilizado como prueba para sancionar a un árbitro.

Que estuvo mal de Chacón hablar tan a la ligera con unos desconocidos, sí. Que lo castiguen y enjuicien públicamente, es una bajeza. Como no hay indicios de que la Comisión Disciplinaria y la de Arbitraje evolucionen en entidades justas y transparentes (aquí nos tocó vivir), las opciones son estas dos: Quejarse amargamente por el tipo de dirigentes que tenemos, o ser más inteligente que ellos (fácil) y no darles armas para seguir haciendo de las suyas.

Es una cuestión de actitud ante las circunstancias de la existencia misma. Si la vida te da la espalda, dale un patadón en el trasero y sigue adelante. Los dejo con una anécdota del Profesor Arturo Yamasaki. En un partido, un jugador de equis equipo que perdía por varios goles de diferencia, le pidió el favor al peruano que le marcara un penal. Con ese ingenio desparpajado que tiene Don Arturo, le contestó: “Sí claro, nada más métete al área, porque desde media cancha, se me complica”. 

martes, 19 de marzo de 2013

Las malditas áreas


Hace ya algunas semanas que no teníamos una jornada tan lamentablemente mal arbitrada como la 11. Hubo de todo, como en botica, pero las palmas se las lleva el niño consentido de la Comisión, Roberto García Orozco, con la chambonada del penal que se tragó enterito sin masticar sobre Raúl Jiménez.

Para que un horror arbitral se magnifique, debe ser trascendental para el marcador. Los casos más contundentes son goles invalidados, o validados, incorrectamente; apenas unos centímetros más atrás, vienen los penales mal señalados y los dejados de marcar, y por último los jugadores que debieron ser expulsados y posteriormente en el partido son decisivos para anotar un gol que determine el marcador.

Es cierto que el hecho de no señalar un penal aún deja latente la posibilidad de que se falle, pero no por eso deja de ser un error grave. Esta gravedad toma mayor relevancia si ya es un síntoma recurrente de la labor arbitral de cada semana. Lo de Roberto García Orozco el sábado en el Azteca es, por sí solo, uno de los errores más ridículos que hemos visto este torneo.

Si existiera una clasificación de la claridad de una falta que se debe marcar como penal, tendríamos los 100 por ciento indiscutibles, los que se merecen el beneficio de la duda al árbitro y los que podrían marcarse o no, sin que hubiera muchos problemas. La jugada del defensor potosino sobre el americanista Raúl Alonso Jiménez, ni siquiera llega al 100 por ciento indiscutible, es más que eso, hasta alguien que no estuviera viendo la jugada la marcaba, así de clara fue.

¿Por qué no se señaló ese penal al minuto 94, que hipotéticamente sería el gol del triunfo águila sobre San Luis? Pues porque al señorito García Orozco no se le pegó la real gana de marcarlo. Es más, en su afán de limpiarle con la amonestación a Jiménez, dizque por el piscinazo, terminó por embarrar toditita la cajeta que tiró en el área visitante.

Lamento mucho no tener una explicación mucho más fundamentada y técnica, pero no hay manera de encontrarla. Roberto estaba a cinco metros de la jugada; perfecta posición en diagonal para observar el desarrollo del juego; nadie le tapaba la visibilidad, y la falta fue del tamaño del Estadio Azteca, multiplicado por 10. En jugadas así, cuesta muchísimo creer en errores involuntarios, pero como eso es tan difícil de comprobar, nos vamos a quedar con que García Orozco simplemente “no la vio como penal”.

Pocas horas después del escándalo en el Azteca, Fabricio Morales estuvo a punto de determinar un partido con un penal mal otorgado al Atlas, en su juego contra Santos. En este caso hay muchas más atenuantes para que la crítica sea menos severa, pero al final de cuentas, se demostró que fue un error grave de apreciación de Fabricio.

Debo reconocer que en primera instancia, por televisión, estuve de acuerdo con el criterio arbitral. Una vez analizada la repetición, lo que hace Brizuela es irse de frente contra Baloy, que incluso había dado un paso atrás para evitar el contacto con el delantero rojinegro, estrellarse en la muralla panameña y caer fulminado.

El problema en esta jugada es nuevamente la correcta ubicación del árbitro, que no debió haber fallado con los elementos que tuvo a su alcance en el campo visual. Aunque tenía un poco más de tráfico que en la jugada del América, no tuvo obstáculos para apreciar el lance con claridad. Ya he escrito en ocasiones que no es lo mismo ver una falta o un gol desde el ángulo inclinado de la televisión, que a nivel de cancha. Normalmente cuando la televisión desnuda un error arbitral, es porque el juez no dispone del mismo ángulo que una cámara; en esta ocasión, sucede al revés. La televisión engaña, pero la colocación a la misma altura que los jugadores, jugaba en favor de Fabricio, que se equivocó.

Salinas y Darwin le compusieron la plana al árbitro para lograr la remontada lagunera, por lo que el penal marcado pasó de escándalo a anécdota.

Los grandes árbitros se hacen en momentos de tensión, en momentos en los que hay que ser certeros, cuando una decisión significa mucho más que tres puntos, no en faltitas intrascendentes a medio campo o con expulsiones más claras que el agua.

Fabricio falló por una mala apreciación, se vale, aunque en él es más o menos recurrente. Roberto García falló por alguna razón inexplicable, tal vez será que anda más ocupado en su próximo viaje a Brasil en 15 meses que en lo que tiene que hacer acá para ganárselo. Bueno, no, ya le quitaron a Chacón de en medio, así que a la hamaca, cobijado por el manto proteccionista de Mancilla, González y su pandilla.

martes, 12 de marzo de 2013

Misterios del Juego Limpio II


Hace poco más de seis meses, con motivo del partido Toluca vs León del Apertura 2012, publiqué un texto titulado Misterios del Juego Limpio, en relación a un gol conseguido por el equipo Toluca justo después de la lesión del defensa leonés Mascorro. Hoy, con motivo de un intercambio muy interesante de ideas con mi querido amigo Mauricio Cabrera, añadimos una segunda parte a esto que ahora se convertirá en serial, cada que el Fair Play nos lo demande. Toca el turno a Christian “Chucho” Benítez, delantero ecuatoriano del América, que en el anterior partido contra Monarcas, en una sola jugada, inspiró todo un texto.

En algún momento del primer tiempo (la memoria me acaba de pasar una terrible jugada), Benítez ingresa a velocidad al área moreliana por el lado izquierdo; Uriel Álvarez viene en la marca, pero al verse superado por la potencia del ecuatoriano, se lanza con el hombro-espalda contra las piernas del delantero. El contacto del defensor da en el blanco, “Chucho” da un pequeñísimo paso en falso, sin embargo se mantiene en pie, controla el balón y encara a Vilar. Otra vez me pierdo en los pantanos de la memoria y ya no sé si la tapó el arquero, se envió un centro y nadie remató o qué pasó, el asunto es que el lance de Álvarez y la permanencia en pie de Benítez son lo trascendental en este tema.

Primero vayamos al terreno de la especulación y los malditos hubieras. Si Benítez afloja el cuerpo y cae, producto de la tacleada del defensor, el penal era inobjetable. Hasta ahí vamos bien. Si, tal como sucedió, el ecuatoriano sigue en pie con balón controlado, pero falla en su intento de causar daño de gol, ¿estaba el árbitro en posibilidad de señalar la falta previa? Yo digo que no, y me explico.

El reglamento, palabras más, palabras menos, dice lo siguiente (aquí la memoria me funciona de maravilla todavía): “Para que el árbitro conceda una ventaja, ésta debe ser inmediata y clara, en caso de no concretarse, puede volver a señalar la infracción”. En otras palabras, hay ventaja cuando no señalar una falta te deja mejor parado en el campo que si se señala la misma. Si la ventaja se pierde en el siguiente pase o disparo, principalmente porque la estabilidad del jugador que recibe la falta y/o el control del balón se comprometen, es deber del árbitro volver sobre sus pasos. Si en cambio, el jugador que recibe la falta primaria mantiene el balón en su poder, sigue avanzando sin modificar, ni perder, su estabilidad y velocidad, la ventaja se habrá consumado y no hay manera de echarse para atrás.

Ahora, ¿por qué el título y la explicación del primer párrafo hablan del Juego Limpio de Benítez? Me parece que es simple, pero muy enriquecedor y loable de parte del delantero americanista. Privilegió el avance sobre la meta contraria, en lugar de conseguir un penal que parecía nítido. “Chucho” podrá tener algunos defectos personales y futbolísticos que no vale la pena mencionar, pero en esta ocasión demostró una lealtad, fiereza y hambre de sobresalir, que venció por goleada a la práctica fácil de conseguir el penal y cumplir.

Actitudes como la de Benítez deberían ser la regla, no la excepción. Criterios como los aplicados por Paul Delgadillo en ese juego, deberían ser la regla, no la excepción. Ya entrados en el tema del arbitraje en Morelia, creo que fue de primerísimo nivel. Víctor Romero estuvo genial en el gol del empate y la jugada del penal, mientras que el mismo Delgadillo dio una cátedra de aplicación de la ventaja en ese mismo lance de la pena máxima. Después de la falta de Vilar sobre Raúl Jiménez, el balón sale a la zona donde cerraba el mismo Chucho; Paul detecta la posibilidad del remate a portería y espera el resultado; una vez que el balón toma una trayectoria que impediría el remate claro al arco, vuelve a la falta original y expulsa a Vilar sin misericordia.

Esa jugada es la muestra más clara de cómo se aplica una ventaja. Volvamos a los hubieras. Si Benítez llegaba franco a la portería para rematar, pero fallaba por el motivo que fuese tras el disparo inmediato, el árbitro debe regresar al penal. Como la ventaja no fue clara ni inmediata, se señala la pena máxima, vienen las sanciones disciplinarias correspondientes y listo. No es lo mismo que la jugada con Uriel Álvarez, ya que en ese caso, el delantero tiene más ventaja (aunque no lo parezca) al encarar al arquero con balón controlado en movimiento, que desde la inmovilidad del manchón de los once metros. Si no tuvo la capacidad o suerte de concretar el gol, el árbitro no puede regresarse. Es como juzgar dos veces a una persona por el mismo delito.

Lo rescatable de este partido en temas de Juego Limpio y aplicación de la ventaja son Christian Benítez y Paul Delgadillo. El primero, dando un gran ejemplo de lealtad deportiva; el segundo, dando una clase magistral de la aplicación de la ventaja.

Colofón: 
Les dejo el enlace del primer episodio de Misterios del Juego Limpio
http://reglacinco.blogspot.mx/2012/08/misterios-del-juego-limpio.html

martes, 5 de marzo de 2013

Tarjeta roja a la violencia


La nota de la semana pasada fue la violencia que se vivió en algunos estadios de futbol de México. Los hechos de los “barristas” de Chivas atacando a los aficionados leoneses en los alrededores del Omnilife fueron ampliamente difundidos, al igual que los graves disturbios entre las parcialidades de Gallos y Atlas en Querétaro, y en menor medida la bronca entre las aficiones de San Luis y Pumas, en la visita de los universitarios al Alfonso Lastras.

Cuando apenas empezábamos a reponernos de ese fin de semana negro, mejor dicho rojo por la sangre que lo manchó, vino un episodio igual o más lamentable en Neza, cuando las Águilas visitaron a los Toros en un encuentro de la Copa.

Este brote de violencia fue mucho más inexplicable que los otros, sin querer decir que la violencia tiene motivos reales, sino que no se entiende cómo se puede iniciar una gresca entre aficiones de equipos de distintas categorías. Chivas vs León tiene su historia, al igual que las aficiones de Gallos y Zorros, que se remonta años atrás; lo mismo pasa con San Luis y Pumas, que son de las “barras” más mal portadas del país (por decir una infantilada y no llamarle nefastas a esos hordas de seudoaficionados).

El caso es que la guerra, literal, que se desató en Neza, terminó de prender los focos rojos con respecto al descontrol que tienen los equipos, y la misma liga, de las aficiones que los acompañan. Es un monstruo de mil cabezas que se ha desarrollado al amparo de las directivas, del anonimato y de la complacencia de las autoridades, tanto civiles como federativas.

Es tiempo de que se geste un verdadero cambio en el control de los grupos de animación, “barras”, porras o como quiera llamarle. La credencialización es un tema prioritario; los protocolos de seguridad deben ser más estrictos, al igual que las revisiones en el perímetro del estadio y en los accesos; los castigos de la Federación deben ser más contundentes, y las autoridades civiles (léase gobiernos estatales y federal) deben legislar en torno a los espectáculos deportivos masivos, para que los infractores al orden público sean detenidos, procesados y castigados.

Si es de todos conocido que la nueva Liga MX se basa en la organización de la Premier League inglesa, es momento de copiar también el manejo que aquélla hace de los aficionados rijosos. Un gran ejemplo, es el método para impedir que los desadaptados que han sido detenidos previamente haciendo desmanes en un estadio, no vuelvan a acudir mientras dure su sentencia. En Inglaterra, aquel “aficionado” que tiene prohibida la entrada a cualquier estadio de futbol, debe presentarse el día del partido de su equipo en la comisaría a pasar lista, y permanecer ahí durante el transcurso del mismo, o en otros casos, de la selección nacional. Incluso se les confisca el pasaporte cuando su equipo nacional viaja a otro país. La pena por no presentarse es arresto, cárcel y una nueva sentencia más severa.

Para llevar al cabo este método, es necesario que los congresos estatales, y hasta el federal, creen una ley específica y la pongan en marcha en cualquier espectáculo deportivo del país, sin ser exclusiva del futbol, se debería extender al beisbol, basquetbol y cualquier otro deporte que atraiga masas a un recinto público.

En la jornada que acaba de terminar (la 9), los actos violentos de la tribuna, o fuera de ella, permanecieron en casa, pero esta vez se trasladó a la cancha. Se presentaron cinco expulsiones durante los nueve juegos de Primera División, tres de las cuales fueron por jugadas muy violentas, que pusieron en riesgo la integridad de los adversarios. Israel Castro (Cruz Azul), Paul Aguilar (América) y Joshua Ábrego (Tijuana), vieron el cartón rojo por golpear de muy mala leche a sus rivales. Los árbitros que mostraron la cartulina escarlata, Marco Rodríguez a los dos primeros, y César Ramos al fronterizo, juzgaron de manera adecuada estas acciones. El prietito en el arroz fue del mismo Ramos, que dejó en la cancha al capitán atlista, Leandro Cufré, que de tremendo codazo en el rostro, le rompió el pómulo al xolo Édgar Castillo, que incluso este lunes tuvo que ser operado de la fractura. Y además era penal (pa’ acabarla de amolar).

Violencia genera violencia y es momento de detenerla. Todos los actores de nuestro futbol, desde la trinchera que nos corresponde dar las batallas, tenemos la obligación moral de hacer algo. Aquí va mi aportación.