Vistas de página en total

lunes, 16 de abril de 2012

Rojo descolorido

Fue una verdadera pena ver cómo varios árbitros en esta jornada cometieron uno de los errores más graves que se pueden dar, al mostrar tarjetas amarillas en acciones que merecían la roja, o peor aún, convertir en roja una jugada que a lo mucho era para amonestación.
La mención de honor se la lleva Alfredo Peñaloza, que dirigió, o al menos así lo intentó, el juego entre Tigres y Chivas. Al minuto 27, cuando el marcador ya favorecía al Guadalajara por el gol de Omar Arellano, Hugo Ayala le plantó tremendo codazo en el rostro a Erick Torres. La acción tomó al árbitro a las espaldas de los jugadores (mal colocado por cierto), por lo que seguramente trató de adivinar y sólo hizo el ridículo al amonestar al defensa universitario.
Después de botanearse esta expulsión, al minuto 39 se echó otro aperitivo al buche. El mismo Cubo, que ya había sido amonestado seis minutos atrás, planchó de fea manera en el tobillo a Israel Jiménez. Peñaloza se llevó la mano a la bolsa del calzoncillo para sacar la roja inmediatamente, pero una vez más, en su afán cobarde de cubrirse el trasero ante las protestas que se le vendrían, mejor se fue por la fácil, amarilla primero y roja después. Dirán que si el resultado es el mismo, incluso con la suspensión de la Disciplinaria, no es importante señalar la chambonada, pero en verdad es relevante para manifestar el nivel de coyotaje que manejan los árbitros sin compromiso, como Peñaloza.
La expulsión a Marco Fabián por irse de la lengua está bien reglamentariamente, pero lo que no está bien es que la desesperación de los jugadores es provocada por las decisiones arbitrales. El gran festín de la noche se lo dieron en la reposición del juego, con el groserísimo gol en fuera de juego que significó el triunfo para los de casa. El línea José Santana se merece un premio, por la PEOR decisión de un asistente en el torneo.
La medalla de plata se la lleva Roberto García, juez designado para el partido entre Atlas y Monterrey, que sirvió para que los Zorros permanecieran un año más en Primera División.
A la mitad del segundo tiempo, justo por la línea de banda frente al cuarto árbitro, Walter Ayoví hace una de las entradas más fuertes del torneo sobre Sergio Santana. Todos en el estadio lo vimos, no había necesidad de esperar el resumen para estar seguros que el rayado se tenía que haber ido por su toalla y el jabón, pero el flamante árbitro olímpico tuvo que ser “asesorado” por su cuarto oficial, para por lo menos señalar falta. La roja fue tan descolorida, que ni a amarilla llegó. Jorge Pérez Durán, si vas con el chisme, llévalo completo, la viste en primera fila y era de expulsión (¿O sí le dijo y el soberbio de Roberto no le hizo caso? Nunca lo sabremos).
En el tercer sitio del podio debo poner a Francisco Chacón, que de cualquier manera sigue siendo el mejor silbante mexicano del momento. Al minuto 76, un deja vú se apareció en el Estadio Corregidora. Dalley Mena se escapa a velocidad de la marca del potosino Jehu Chiapas, que le da una patada muy clara y peligrosa por atrás al habilidoso jugador queretano. Todos pensamos que la lesión que le propinó Luis Pérez el torneo anterior podría volver a suceder (fractura de peroné), pero afortunadamente para Mena, todo quedó en la patada, aunque la expulsión debió proceder, ya que es evidente que Chiapas no intenta nunca jugar el balón y lanza la patada por la espalda del rival.
Lo increíble de la jornada, cortesía de Marco Rodríguez, es la expulsión al toluqueño Novaretti casi al finalizar el encuentro. El defensor argentino disputa un balón con el cruzazulino Cortés, en donde levanta un poco de más los tachones. No lo golpea, no lo pisa y casi ni siquiera lo toca. El azul cae el suelo por un contacto con la cadera del rojo, pero el siempre acaparador de los reflectores, ése que se robó el espectáculo del Clásico Nacional la semana anterior, voló como vampiro de la noche, raudo y veloz, para plantare en la cara el cartón rojo a un incrédulo Novaretti.
O el mundo arbitral en México está loco, o nos estamos volviendo daltónicos. Las de roja quedan en amarilla, algunas ni en eso; las faltas comunes terminan en expulsión; ahora estar un metro delante del penúltimo defensor ya no es fuera de juego, y para colmo, ya se vienen las Liguillas. A ver qué dice “Don” Aarón de sus muchachos esta semana. Lo bueno es que el descenso yo lo libraron.

Colofón 1
Mario Jesús López Carrillo (asistente 2 del juego Gallos vs San Luis), te encargo mucho a José Santana, enséñale cómo se juzgan las jugadas de fuera de juego, con balón en movimiento y a velocidad, no en la comodidad de un balón parado. Soberbias decisiones de este jovenazo en los dos primeros goles del partido, uno del “Chango” Moreno para adelantar a la visita, y el empate de Isaac Romo empezando el segundo tiempo.
Colofón 2
La novela de Genaro Medrano es una verdadera pena. Alguna información más veraz ya se conoce, como es la enfermedad del silbante de Juárez, que deja el arbitraje por lo pronto para buscar su recuperación, y que supuestamente la FMF y la Comisión de Arbitraje lo apoyan moral y económicamente. ¿Se sabrá el verdadero fondo que causó este padecimiento de Medrano? Nah, yo creo que no, a menos que el mismo árbitro y sus médicos lo decidan ventilar. En lo que son peras y manzanas, va un saludo a Genaro, y los mejores deseos de recuperación.

lunes, 9 de abril de 2012

Silbato seductor

En esta ocasión quiero compartirles una historia que conocí muy de cerca, y que al final se darán cuenta que embona adecuadamente en la coyuntura arbitral de la actualidad en México.
Todo empezó hace unos 13 años. La carrera futbolística, al igual que la de la escuela, había terminado para Javier (así le llamaremos al personaje en cuestión). Había terminado sus estudios en Comunicación, y por ende su última etapa como futbolista de alto nivel con el representativo de su universidad. El silbato lo había seducido desde unos años antes, pero decidió primero terminar sus estudios, antes de buscar el profesionalismo en esa actividad.
El primer paso fue adherirse a un Colegio de Árbitros de Guadalajara, concretamente el de la Liga Interclubes. Ahí empezó su pequeña y creciente adicción por las reglas y su impartición en una cancha de futbol. Su primer partido dirigido lo marcó para siempre. Además del silbatazo inicial, su siguiente intervención fue para señalar un tiro penal, expulsión incluida para el infractor, que impidió con la mano una jugada de gol. La tarjeta roja en alto y el rostro sereno, pero muerto de nervios por dentro, es una imagen que detonó su sueño. Quería hacer lo mismo en un campo de Primera División; que los comentaristas alabaran su determinación y valor para sancionar así en los primeros minutos del juego, aunque la jugada que relato fue en un partido de juveniles de 15 años.
La sensación de ser el amo del campo en los 70 u 80 minutos que duraban los partidos que dirigía en esa liga, lo impulsaban a buscar más. Primero fue una Liguilla de Juveniles, después el brinco a la Categoría Libre, donde todos querían arbitrar, más Liguillas y finales; su ambición no tenía límites.
En agosto de 2001 inició el curso para ser árbitro profesional. La clase era de aproximadamente 50 aspirantes, de los cuales apenas una cuarta parte lograría su primera meta. Entrenaba con los profesionales, ahí estaban algunos de sus ídolos, como Jesús Robles, y algunos que en aquel entonces eran figuras en proceso, como Paul Delgadillo, Marco Cueva, Erim Ramírez o Román Medina.
Cada día crecía más ese sueño, ya convertido en obsesión. No le importaba lo que le pasara en sus partidos, Javier mantenía su deseo intacto de hacer valer las reglas en las canchas profesionales de México, y el llano se estaba convirtiendo en su mejor escuela. El camino empezaba a torcerse, cuando deliberadamente señalaba acciones que sabía le provocarían conflictos. No importaba, el poder del silbato lo había seducido por completo. Ser el centro de atención provocaba una reacción indescriptible, así fuera para bien o para mal.
Durante el curso de aspirante tuvo varias oportunidades de probar el profesionalismo de la Tercera División, siempre como asistente, pero no importaba, la meta estaba cerca. Ahí fue aprendiendo también de los rincones oscuros del arbitraje. Las charlas entre compañeros con experiencia eran oro molido, aunque los consejos no fueran siempre buenos.
Cuando por fin recibió la noticia de que había sido considerado para integrarse a la Delegación Jalisco de Árbitros Profesionales, la alegría fue inmensa. Según sus cálculos, su Mundial sería el de 2014. Con 39 años llegaría en toda su madurez, siendo la gran figura del arbitraje mexicano. Pero tenía que hacerlo rápido, ya que la edad lo tenía contra las cuerdas. Convertirse en profesional a los 27 años no era una buena noticia. Tenía dos años máximo para subir a Segunda y otros tres para alcanzar la Primera A. No había tiempo para seguir el proceso, o sería dado de baja.
Las atenciones recibidas en los campos que visitaba para dirigir partidos de Tercera División eran la mayoría de las veces cordiales, unas ocasiones muy buenas, pero otras tantas muy desagradables. El ego comenzó a apoderarse de él, y la enfermedad del protagonismo lo había invadido. Aplicaba las reglas a rajatabla, muchas veces con el conocimiento de que los criterios que utilizaba no serían comprendidos por jugadores, técnicos y aficionados, lo que le provocaba constantes conflictos. Invalidaba goles por faltas insignificantes, o expulsaba jugadores por entradas que podían manejarse de otra manera. Era intolerante a las protestas, ya que no concebía que alguien que desconociera las reglas le dijera cómo aplicarlas. Ahí empezó a cavar su tumba.
Otro de los motivos que obstaculizaban su crecimiento, era la negativa a entrar en el juego de la sumisión ante los directivos arbitrales. Su vanidad le dictaba que las actuaciones en el “verde” eran su pasaporte a la gloria, no los favores ni los regalitos a los jefes.
El sueño terminó pronto. No habría Mundial de 2014, vaya, ni siquiera Primera A. Lo más lejos que llegó fue a ser asistente en algunos partidos de Segunda División y central en el extinto Torneo Nacional de Reservas.
La enfermedad del protagonismo, la soberbia y el sentido equivocado que le dio a su labor como conductor de futbol, buscando ser el centro de atención, acabaron con su carrera. Después tuvo oportunidad de ser dirigente de los árbitros jaliscienses, así como asesor en Primera A, donde pudo transmitir esta experiencia a otros, para que no vivieran lo que él vivió.
Hoy, tomo el teclado para comunicar mi manera de ver y sentir el arbitraje. Hoy, entiendo mejor los motivos que llevan a los árbitros de Primera División a buscar más los reflectores que una buena conducción del juego. El poder del silbato y las reglas seduce. Es una enfermedad, que en México se puede convertir en epidemia, porque aunque muchos nos quedemos en el camino, otros pocos sí alcanzan su sueño de dirigir un Clásico Nacional.

Colofón
A la memoria de mi Maestro, Don Jorge Salles Cuervo. Licenciado, la vida no nos permitió llegar más lejos, pero su recuerdo imborrable queda en el corazón agradecido de un chico al que le dio toda su confianza hace 13 años. 

lunes, 2 de abril de 2012

Tarde triste en el Infierno

El domingo no pintaba bien para los Diablos. Enfrentarían en territorio de Belcebú a su némesis, a los angelicales Santos de Torreón, que además de sus poderes divinos, llegaron a La Bombonera con la etiqueta de uno de los tres mejores equipos del campeonato.
Sumada a la peligrosidad de las fuerzas laguneras del bien, flotaba en el aire una amenaza densa como la neblina, capaz de poner al mismísimo Satanás en alerta. Jorge Gasso comandaría las acciones desde el centro del campo. La ley de la probabilidad nunca fue tan perfectamente comprobada. En los juegos sabatinos, los árbitros no habían hecho de las suyas. El viernes en Pachuca sí hubo mano negra en el gol de Mustafá que decretó el 1-0 favorable a los Tuzos sobre los Xolos, así que ya era tiempo de otra desgracia arbitral, de ésas que tenemos 2 ó 3 por semana.
Jorge Gasso parece haber sentido envidia del reciente bautizo de Lord Voldemort (Zanjuampa, para los que apenas lo saben), por lo que decidió manifestar su inconformidad y reclamar su estado de privilegio en el anti Top Ten de los silbantes mexicanos.
Las clásicas chambonadas del hijo pródigo de la Comisión de Arbitraje ya no son noticia. Por nada se le conoce como el Rey del Amontonamiento, que aplica a la perfección, así como el constante tijereteo del juego, marcando faltas ridículas, y el cambio de tarjetas rojas claras por amarillas (seguro le remordió la conciencia haber perjudicado tanto a Iván Alonso, que le perdonó la expulsión).
Si no fuera por las desgracias que le sucedieron a Fernando Guerrero al principio del torneo con los goles fantasmas de Monterrey y Cancún, la siguiente jugada competiría seriamente por la peor decisión del torneo.
Era el minuto 40, cuando Gasso señala un tiro pena en favor del Toluca. Iván Alonso patea a la izquierda de Oswaldo, que ataja el pelotazo; el balón queda a modo para que delantero choricero lo empuje a la red en el contrarremate, pero Iván Estrada lo carga groseramente por la espalda, justo a tres metros de donde estaba colocado el árbitro, que con un descaro impresionante, dejó seguir la acción, que terminó con el despeje de un lagunero. Está claro que era nuevamente tiro penal y expulsión para el Guti. El marcador se encontraba 0-2 para la visita, que pudo haberse convertido en 1-2 y con 10 jugadores. Verdaderamente increíble.
Contrario a lo que muchos han comentado, en la jugada del segundo tiempo cuando el asistente número 2, Miguel Hernández, no da por valido un gol para el Toluca, la decisión no es para quemarlo en leña verde. Ya quedó demostrado, con cámara perfectamente bien colocada y congelando la imagen, que el balón rebasó la línea de meta, pero eso no es lo más relevante, por lo menos desde el punto de vista de técnica arbitral.
La jugada es muy rápida, el tiro de Alonso sale con gran fuerza, proveniente de un desvío, después de un tiro de fuera del área santista. El asistente se encontraba clocado donde debe de estarlo, en línea con el penúltimo defensor, que es su principal asignatura en el juego. Por estar en “su” posición, queda razonablemente lejos de la línea de meta, lo suficiente para que no tenga la seguridad de que el balón ingresó a la portería. Hay una afirmación que siguen la mayoría de los asistentes, y se trata de que se pueden equivocar al no dar bueno un gol que sí entró, pero inventar goles que no lo son es mucho más grave. En palabras más concretas, no se vale adivinar. Si el auxiliar no tiene la certeza absoluta de que el gol es válido, no debe levantar su bandera. De cualquier manera Hernández irá a la congeladora, aunque su pena deberá de ser benigna.
De Gasso no hay mucho más que decir. Su lugar en la historia del arbitraje mexicano está seguro, en el podio de los peores de todos los tiempos. Cuidado, está herido y querrá reclamar para sí el mote del innombrable, y seguramente tendrá una nueva oportunidad para demostrarlo antes de que termine el torneo, porque la bendita Comisión de Arbitraje no tiene la capacidad para darle las gracias de una vez por todas.

Colofón
Desafortunadamente en esta jornada, el mejor árbitro de México, Francisco Chacón, tuvo un desliz. Lo bueno es que al final no influye en el marcador del América vs Monterrey, y es bueno equivocarse de vez en cuando, mucho mejor antes de la Liguilla, lo que nos asegura, otra vez por la ley de las probabilidades, que no se volverá a equivocar en un buen rato.

lunes, 26 de marzo de 2012

Máscara contra silbato

La expulsión de Félix Borja, delantero del Pachuca, en el juego que perdió su equipo en Chiapas contra los Jaguares al inicio de esta jornada 12, abrió una añeja discusión acerca de la prohibición de festejos excesivos, como los cataloga FIFA en las Reglas del Juego.
Cuando iniciaba el último tercio del segundo tiempo en Tuxtla, el delantero ecuatoriano prendió de volea un servicio que batió al arquero jaguar. Era el empate momentáneo a dos goles, y como es costumbre en este jugador, tomó una máscara que llevaba escondida consigo, se la colocó en el rostro, y nos regaló un baile tan desafortunado, que por sí solo debería ser de amonestación. Como la regla no contempla sanciones por celebrar feo, pero sí por utilizar una máscara o artículo similar para cubrirse la cara, Toño Pérez le mostró el cartón amarillo.
Este asunto no hubiese pasado a mayores, si no es que Borja comete una falta de amonestación al minuto 90, y se tiene que ir a bañar antes del silbatazo final. La expulsión no determinó en nada el marcador, los locales habían hecho la hombrada de ganar un partido jugando con 10 desde el minuto 2 por la tarjeta roja a Noriega, pero sí reavivó la llama de los futboleros del país, empezando por los comentaristas de la transmisión televisiva, que argumentaban falta de criterio en la aplicación de las sanciones por festejos indebidos.
En este momento vale la pena detenernos un poco y hacer una reflexión un poco más profunda. Si se pudieran clasificar las Reglas del Juego por tipos, existen aquéllas que no permiten interpretaciones ni aplicación de criterios, y otras que se basan exactamente en interpretaciones y criterios. Sancionar una jugada de “mano deliberada” es puro criterio e interpretación; el árbitro deberá evaluar un montón de factores para decidir si silba o deja seguir las acciones. En cambio, si el documento Interpretación de las Reglas de Juego que publica FIFA en su sitio de internet, dice textualmente que “se deberá amonestar a un jugador si se cubre la cabeza o cara con una máscara o artículo similar”, el radio de acción del silbante es harto limitado. Borja se cubrió el rostro con una máscara azul de luchador y fue amonestado.
A partir de la explicación anterior, quedan entonces en al aire algunas preguntas. ¿De quién proviene la supuesta falta de criterio al sancionar los festejos de los jugadores? ¿De los árbitros? Definitivamente no lo creo. Ellos tienen un manual que les indica cómo proceder en el terreno de juego. Si en este documento se obliga a tener banderines de cierto tamaño y otras características en cada esquina del campo, no pueden dejar a criterio si juegan con tres, dos o ninguno. Igual sucede con los festejos que se cubren el rostro con una máscara o con la camiseta de juego. Si no es culpa de los árbitros esta interpretación del reglamento, entonces de quién es. La respuesta es simple. Existe un organismo bastante descontextualizado del futbol de la actualidad, que se llama International Board (IB). Ellos son los que deciden.
El IB lo conforman cinco entidades. Cuatro de ellas representan a las federaciones nacionales de la Gran Bretaña, es decir, Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales. La otra es la FIFA. Este organismo fue fundado en 1863, pero parece que siguen en ese año. El “Consejo de Ancianos”, porque además los miembros son personas de edad muy avanzada, no ha tenido la visión para modernizarse, especialmente la parte británica, que parece que se encuentra inmersa en una dinámica del precámbrico de la historia del futbol.
Por estos motivos, me parece que es una falta seria criticar a los silbantes por sancionar una regla que se escapa de sus posibilidades de interpretar. Lo mismo sucedió el torneo anterior, cuando Duvier Riascos, entonces jugando para Puebla, recibió su invitación adelantada a las regaderas, tras despojarse de la camiseta al anotar un gol, con una amonestación previa a cuestas. Recuerdo claramente el rostro del árbitro, Paul Delgadillo, que mostraba hasta un cierto pesar por esta sanción, pero si la dejaba pasar, el que se iba suspendido era él, y no el jugador.
Si deseamos elaborar una lista de responsables, en primer lugar se encuentra el jugador; y en este caso de Félix Borja con mayor razón, porque es recurrente su modo de festejar con máscaras, a sabiendas de que se llevará una amonestación todas y cada una de las veces que lo haga. El segundo mayor responsable es el International Board, que es quien dictaminó esta regla. Personalmente estoy a favor de los festejos coloridos, innovadores, creativos y divertidos, siempre y cuando no representen una burla o una pérdida grosera de tiempo. Y si buscamos quien complete el podio, ahí están los cuerpos técnicos y directivas, que bien podrían dedicar un poco del tiempo de la semana para capacitar a sus jugadores en temas reglamentarios, que buena falta les hace.
Nuestros árbitros mexicanos se llevan cada semana una muy buena cantidad de críticas por sus actuaciones erróneas, especialmente cuando de aplicar criterios e interpretar se trata, pero si las sanciones vienen de desconocimientos del reglamento, o peor aún, de negligencia del jugador por cometer actos sancionables antireglamentarios, me parece que es momento de darle una buena a los silbantes, o por lo menos no caerles a palos sin razón.

Colofón
Después de ver las carnicerías descaradas de los trinitarios y hondureños sobre los chavos de la Sub23, ante la complacencia absurda y denigrante de los árbitros de Concacaf, me doy cuenta por qué, aun con las tropelías que cometen cada semana tipos como Zanjuampa, Gasso y compañía, el arbitraje mexicano sigue siendo de lo mejor del mundo.

Colofón especial

A los amigos de delapatada.com les agradezco infinitamente su confianza para permitirme participar en ese extraordinario proyecto. A partir de esta semana estaré publicando también en este nuevo sitio, ojalá puedan pasar a verlo, es un proyecto desarrollado en Jalisco, con talento local, que les va a gustar.

lunes, 19 de marzo de 2012

La piedra filosofal

La oportunidad de ver en vivo al mejor árbitro de México un día, y al peor al siguiente, no se podía desaprovechar. Así fue que ahí me tuvieron en el Tres de Marzo el viernes anterior para ver a Francisco Chacón dirigir el juego entre Tecos y Morelia, y el sábado en el Jalisco, para observar una más de las demostraciones de Antony Zanjuampa, en el partido que disputaron Atlas y Jaguares (no necesito definir quién es el mejor y el peor ¿verdad?).
Ver y analizar un juego de futbol en el estadio, en este caso el trabajo de los árbitros, sin repeticiones, narraciones, comentarios y anuncios, es enriquecedor. Se puede sentir el pulso de la tribuna, se observa todo el terreno de juego y es posible detectar movimientos, tácticas y otros detalles, que el cuadrito electrónico no permite. En el caso de los árbitros, se le puede tener en constante vigilancia para ver sus cambios de ritmo, las lecturas del juego y la interacción que tiene con su equipo arbitral y con los jugadores.
Por orden del calendario vayamos al Estadio Tres de Marzo primero. Aunque esta vez no hubo besos de Chacón para las chicas de la tribuna, sí exhibió toda la jerarquía y dominio que ha ganado en los últimos años. Cuando un árbitro señala menos de 15 faltas en un partido, si en contadas ocasiones los jugadores intentan siquiera comentarle algo que no les parece, si coloca las barreras a distancia sin necesidad de pintar rayitas en el césped, si señala un penal con expulsión y no es obligado a esconderse en una esquina porque su temple y determinación lo hacen inmune a las presiones, nos damos cuenta por qué Francisco Chacón es un árbitro de otra categoría. Y atención, no fue el mejor partido que le he visto a Chacón en vivo o en televisión, pero su nivel es tan alto, que hasta en sus días flojos está por encima de sus colegas de esta liga.
Como no todo es miel sobre hojuelas, el sábado hubo que atender la segunda parte de este ejercicio de análisis con mucha apertura de mente y sin prejuicios. No sería justo llegar al Estadio Jalisco y esperar que el arbitraje fuera igual al de la noche anterior en Zapopan, así que la oportunidad estaba puesta para que Zanjuampa hiciera algo extraordinario y echara por la borda la idea que tuve desde que supe que tendría esta oportunidad en la jornada 11. Desafortunadamente para él, mi teoría se mantiene firme. Él es el peor árbitro de México.
Y otra vez atención, igual que con Chacón, éste no fue el peor partido de Antony. No fue el peor en cuestión de tomar decisiones erróneas que determinaran el marcador, o que permitiera violencia y descontrol en el terreno, pero en vivo se notan todas las carencias que lo ponen, cada que dirige, en el borde del precipicio. Esta vez tuvo suerte, estuvo bien acompañado en las bandas y al final el marcador fue justo y su labor no tiene manchas visibles.
Se le nota una permanente inseguridad a Zanjuampa. Los silbtazos que emite al sancionar una falta no tienen modulación. Una falta cualquiera la silba como si fuera penal de último minuto, con gran fuerza y haciendo aspavientos. En lugar de poner alerta a los jugadores y mostrarles que los está vigilando, los cansa con tanto ruido sin sentido. En cambio, cuando sí fue absolutamente necesario silbar con toda la fuerza y mostrar una gran dosis de autoridad, no lo supo hacer.
En la expulsión del atlista Erpen a la mitad del segundo tiempo, estuvo a punto de suceder una desgracia. La plancha artera que le da el defensor rojinegro al jugador chiapaneco se le iba a escapar a este señor. Ya había volteado a donde se dirigía el balón y estaba por comenzar su carrera, cuando por arte de magia, silbó más a fuerza que de ganas y le mostró la tarjeta roja al atlista. Estaba a menos de cuatro metros de la acción y no la juzgó bien, increíble. Para su fortuna, en la banda más cercana tenía a Marvin Torrentera y como cuarto árbitro a Erim Ramírez, que sin duda, alguno de ellos fue quien le dijo qué hacer.
Otro detalle significativo es su modo de encarar el juego. Siempre está a 500 revoluciones más que el partido. Si un equipo sale jugando desde su área, sin presión del rival, este árbitro corre de un lado a otro en sprint, aceleradísimo, demostrando muy poco dominio de la técnica y mucha inseguridad. Parece que está nervioso todo el tiempo, es más, quitemos el parece, entra nervioso al estadio dos horas antes, porque en el fondo, él mismo sabe que NO es árbitro de Primera División. Así no se puede.
La principal diferencia que pude encontrar entre Francisco Chacón y Antony Zanjuampa (discúlpame Paco por poner tu nombre en el mismo renglón que el de Antony), es que uno sabe que es el mejor árbitro de México y el otro ni siquiera se cree árbitro de Primera División. Y para no cometer estas faltas de respeto de mezclar a los buenos con los demás, de ahora en adelante el árbitro del juego entre Atlas y Jaguares es bautizado como Lord Voldemort, aquel brujo que no debe ser nombrado en la saga de Harry Potter.

Colofón
Qué horrible trabajo el de Fabricio Morales en el juego Gallos vs Guadalajara. Tiene tan poca autoridad y jerarquía que pudo haber amonestado a otros 10 jugadores y no le hubieran hecho caso en nada. Tan fácil que estuvo el codazo de Isaac Romo a Ramírez en el primer tiempo, para que le mostrara a los futbolistas que no les seguiría permitiendo sus indisciplinas, pero nada de nada. Lo que era una tarjeta roja determinante para agarrar el control del juego, se convirtió en una amarilla intrascendente.

TA S

lunes, 12 de marzo de 2012

Los "banderas"

El arbitraje de futbol ha sido una profesión menospreciada a lo largo de los años. Es vista casi como un mal necesario, porque las reglas del juego exigen una figura de autoridad dentro del terreno, pero en la práctica, son los jueces los que menos ganan, a los que más se ataca y los que menos preparación reciben. Y como dicen los viejos sabios, “hasta en los perros hay razas”, así se ve la especialidad del árbitro asistente, en comparación con la del “central”, pero la importancia de un buen auxiliar es invaluable cuando aporta en una correcta decisión, o determinante, cuando su juicio es erróneo.
La figura del árbitro asistente siempre ha existido, aunque anteriormente no era una especialización. Todos los jueces podían ser centrales o “abanderados”; de esta manera puede ser posible ver una fotografía en la que aparece, por ejemplo, Edgardo Codesal fungiendo como asistente de Antonio R. Márquez en un Clásico Nacional, en algún momento de la década de los ochenta.
A partir de los últimos diez años del siglo anterior, empezó la separación entre árbitros y árbitros asistentes. Algunos colegiados, en virtud de que sus capacidades no eran las adecuadas para dirigir con el silbato un encuentro de futbol, encontraron en la banda un área de oportunidad. Todavía en los inicios de este siglo, algunos silbantes que probaron las mieles de la Primera División como jueces principales, tuvieron que optar por la bandera para mantenerse en la categoría, e incluso en la profesión. Los ejemplos de mayor éxito son los de José Luis Camargo, Juan Joel Rangel y Carlos Ayala, que con varias actuaciones como árbitros centrales, tuvieron que optar por ser asistentes o retirarse. Otro caso de un árbitro que tuvo que inclinarse por la bandera, tras ser árbitro en la anterior Primera A, es el de Jesús Sevilla.
De la misma manera en que malos centrales se hicieron excelentes asistentes, están las historias de buenos asistentes que tomaron este camino desde la Segunda División, por lo menos, si no es que desde Tercera. Marvin Torrentera, Alberto Morín, Salvador Rodríguez Gorrocino, Marcos Quintero y el auxiliar sensación de este torneo, el jalisciense Víctor Barreto, decidieron tomar el camino de la asistencia para alcanzar su meta de la Primera División.
En los últimos dos Mundiales, México ha aportado cinco árbitros asistentes. Francisco Ramírez y José Luis Camargo en Alemania 2006, mientras que en Sudáfrica 2010 repitió Camargo, más Alberto Morín y Marvin Torrentera. Sus actuaciones, como parte de los equipos arbitrales de Armando Archundia y Marco Rodríguez, fueron muy buenas, lo que refrenda la teoría de que si México tiene fama de generar excelentes silbantes, sus asistentes son los mejores del planeta.
Todo este tema de los árbitros asistentes viene a consideración por el hecho de que Carlos Ayala, ése que alguna vez tuvo que elegir entre la bandera y el retiro, tomó la decisión más importante de la jornada anterior, y probablemente lo que va del Clausura 2012. Él fue el artífice de que la agresión absurda de Néstor Araujo sobre Erick Torres, al minuto 95 del juego entre Chivas y Cruz Azul, se castigara con tiro penal y expulsión para el celeste.
Carlos Ayala ha mantenido un nivel altísimo durante al menos los últimos cinco años, pero inexplicablemente se le mantuvo apartado de los gafetes internacionales durante todo este tiempo. Ahora ya es muy tarde para él por su edad, incluso está ya cerca del retiro obligado, pero cuando su nivel comenzaba a subir, no recibió la oportunidad que se había ganado en la cancha.
Seguramente se trata de una más de las injusticias que se gestan a diario en la Comisión de Arbitraje, en la que pesan más los intereses personales que la capacidad de los árbitros. Ahora ya es muy tarde para él por su edad. Suena verdaderamente incomprensible, que si los encargados del área técnica de la Comisión son TODOS ex-asistentes internacionales, y lo sean desde hace mucho, no hayan tenido la visión para reconocer el trabajo y merecimientos que hizo Carlos Ayala para portar el gafete de FIFA. Allá ellos.

Colofón
Una vez más, un buen trabajo arbitral en la cancha se tira a la basura en el escritorio. Se necesita mucho coraje (valor, no enojo) para meterle una tarjeta roja a José Sand de Xolos antes del minuto 10, jugando en su cancha, por golpear con el codo en el rostro a un adversario. Pero también es suficiente con muy poco valor, o peor, mucho desconocimiento de la regla, para reportar en el informe arbitral que la causa es juego brusco grave, cuando es imposible, según la interpretación de la Regla 11 que publica FIFA en su sitio de internet, que el juego brusco grave se cometa con otra parte del cuerpo que no sean las piernas. Usar el codo para golpear a un rival es conducta violenta PUNTO. Alfredo Peñaloza, ojalá tus instructores te hagan saber del error, si no, a ver si alguien te platica que lo leyó aquí.


TA S

lunes, 5 de marzo de 2012

La dimensión desconocida

¿Se acuerdan de aquel programa de televisión de los ochentas, que en inglés se llamaba The Twilight Zone? El del teclado estaba en sus años de infancia tardía, pero de vez en vez me escabullía de la jurisdicción paterna para verlo, porque definitivamente no era apto para menores. En la pantalla se contaban historias increíbles, escalofriantes, llenas de suspenso y hasta de un poco de terror, igual a lo que sucede en las canchas mexicanas con sus árbitros cada fin de semana.
Durante la jornada 9 de nuestro torneo nacional, se vivieron varias escenas dignas de este programa que les menciono. Por fortuna divina, no estamos comentando de verdaderas tragedias, que pudieron haber causado las entradas criminales de Lucas Ayala sobre Daniel Arreola (Atlas vs Pachuca); Alfredo Moreno sobre “Chato” Rodríguez (Santos vs San Luis), y Jonathan Lacerda sobre Jesús Sánchez (Puebla vs Chivas).
Es complicado determinar cuál de todas fue la más artera y desleal de las tres, pero lo que sí es fácil es encontrar al único árbitro que tuvo la capacidad suficiente para castigar el hecho como es debido, y ése fue Toño Pérez Durán, que sin clemencia mandó a bañar temprano al “Chango” Moreno por la plancha violentísima que le recetó al “Chato”, durante el juego entre Santos y San Luis.
De las jugadas mencionadas, ahí sí está en chino encontrar alguna que sobresalga. Por las consecuencias, la de Ayala sobre Arreola es la más grave, pues el jugador de los Tuzos tuvo que salir del partido lesionado, y posteriormente hasta cuatro puntos de sutura recibió en el tobillo por la cortada que le provocó la “caricia” del mexico-argentino del Atlas. Otro punto que es lo que merece su entrada a la dimensión desconocida, es la labor del árbitro, Miguel Ayala, que de una manera inexplicable, mostró tarjeta amarilla al atlista, cuando la falta merecía tarjeta roja por conducta violenta. Lamentable decisión.
La patada que le propina Lacerda (que en el nombre lleva su distinción) al “Chapo” Sánchez tampoco tiene nombre. Y lo que sobrepasa la falta de palabras para describir el hecho, es que el árbitro Roberto García Orozco, ni siquiera señalara falta, no se diga tarjeta amarilla por lo menos. El pretexto de que primero juega el balón y después le coloca la suela del zapato en la espinilla, con brutalidad e intención de hacer daño, es una clara muestra de la profunda crisis de criterio y valores que vive el arbitraje mexicano.
De Miguel Ayala ya es costumbre ver decisiones ridículas, como la amonestación a Lucas Ayala, cuando la agresión merecía una escolta a los separos de la Ministerial. Si en la ocasión en que Luis Pérez fracturó a Daley Mena tampoco expulsó, qué le podemos pedir de una jugada en la que no hay una lesión tan “grave” (si a cuatro puntadas se le puede llamar no grave).
Y de Roberto García Orozco lo que se puede decir es que es decepcionante. Es una lástima ver cómo un árbitro que se supone es de los mejores cuatro del país, arrastra su prestigio de la manera en que lo hizo en Puebla el domingo. Lamentablemente, con ese nivel va a dirigir el Preolímpico de finales de marzo, y como el arbitraje de Concacaf es todavía peor que el mexicano actual, ni siquiera se notará. De la cámara húngara que le organizó “Cubo” Torres al final del juego tampoco hay nada bueno que relatar, porque fue absolutamente incapaz de poner orden. Fue una demostración nuevamente de tibieza y falta de compromiso, porque el jalón de pelo de Fabián a Zamora, el recto a la mandíbula de Pineda al mismo Fabián y la camilla humana de Alexandro Álvarez, en la que todos debieron salir con tarjeta roja, al menos Fabián y Pineda, fue patética para la supuesta jerarquía que se ha ganado Roberto.
Y para ponerle la cereza al pastel, sucede que la muestra de cómo proceder ante jugadores violentos, desleales y agresivos, la vino a poner un novato. Debería darle vergüenza a Roberto, que Toño Pérez Durán sí sepa para qué sirve la tarjeta roja, y él no. De Miguel Ayala, ni hablar, va volando a la categoría de los innombrables, donde ya se encuentran Gasso y Zanjuampa.
Esta jornada ha sido de las peores en materia arbitral del torneo, porque adicional a las acciones aquí relatadas, hubo errores graves en otros partidos, especialmente jugadores que se mantuvieron en el campo, cuando debían haber sido expulsados, y otras linduras.
Alguna ocasión recibí una capacitación del doctor Edgardo Codesal, en la que nos presentó el Decálogo del Árbitro. Honestamente no recuerdo de la 2 a la 10 (no se me vaya a sentir Doc, lo que sí recuerdo es la base de todo lo que el espíritu del arbitraje significa, y eso sí se me pegó), pero la primera obligación de un silbante, por sobre todas las cosas, es CUIDAR LA INTEGRIDAD FÍSICA DEL JUGADOR. Es tan sencillo, que resulta verdaderamente inconcebible que los jueces de Primera División no lo apliquen. Por eso, son bienvenidos a la Dimensión Desconocida.

Colofón
Ya no hay manera de seguir protegiendo a Fernando Guerrero. De los últimos tres juegos, en los tres ha tenido una labor perjudicial a algún equipo. El viernes en el trascendental juego entre Tecos y Xolos, invalida de manera muy dudosa lo que pudo haber sido el primer gol de los Estudiantes, pero lo que definitivamente cambia el rumbo del juego, es que no tiene los pantalones para expulsar al fronterizo Noé Maya , cuando comete una falta clarísima de amonestación, que hubiese sido la segunda. 

TA S