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lunes, 12 de marzo de 2012

Los "banderas"

El arbitraje de futbol ha sido una profesión menospreciada a lo largo de los años. Es vista casi como un mal necesario, porque las reglas del juego exigen una figura de autoridad dentro del terreno, pero en la práctica, son los jueces los que menos ganan, a los que más se ataca y los que menos preparación reciben. Y como dicen los viejos sabios, “hasta en los perros hay razas”, así se ve la especialidad del árbitro asistente, en comparación con la del “central”, pero la importancia de un buen auxiliar es invaluable cuando aporta en una correcta decisión, o determinante, cuando su juicio es erróneo.
La figura del árbitro asistente siempre ha existido, aunque anteriormente no era una especialización. Todos los jueces podían ser centrales o “abanderados”; de esta manera puede ser posible ver una fotografía en la que aparece, por ejemplo, Edgardo Codesal fungiendo como asistente de Antonio R. Márquez en un Clásico Nacional, en algún momento de la década de los ochenta.
A partir de los últimos diez años del siglo anterior, empezó la separación entre árbitros y árbitros asistentes. Algunos colegiados, en virtud de que sus capacidades no eran las adecuadas para dirigir con el silbato un encuentro de futbol, encontraron en la banda un área de oportunidad. Todavía en los inicios de este siglo, algunos silbantes que probaron las mieles de la Primera División como jueces principales, tuvieron que optar por la bandera para mantenerse en la categoría, e incluso en la profesión. Los ejemplos de mayor éxito son los de José Luis Camargo, Juan Joel Rangel y Carlos Ayala, que con varias actuaciones como árbitros centrales, tuvieron que optar por ser asistentes o retirarse. Otro caso de un árbitro que tuvo que inclinarse por la bandera, tras ser árbitro en la anterior Primera A, es el de Jesús Sevilla.
De la misma manera en que malos centrales se hicieron excelentes asistentes, están las historias de buenos asistentes que tomaron este camino desde la Segunda División, por lo menos, si no es que desde Tercera. Marvin Torrentera, Alberto Morín, Salvador Rodríguez Gorrocino, Marcos Quintero y el auxiliar sensación de este torneo, el jalisciense Víctor Barreto, decidieron tomar el camino de la asistencia para alcanzar su meta de la Primera División.
En los últimos dos Mundiales, México ha aportado cinco árbitros asistentes. Francisco Ramírez y José Luis Camargo en Alemania 2006, mientras que en Sudáfrica 2010 repitió Camargo, más Alberto Morín y Marvin Torrentera. Sus actuaciones, como parte de los equipos arbitrales de Armando Archundia y Marco Rodríguez, fueron muy buenas, lo que refrenda la teoría de que si México tiene fama de generar excelentes silbantes, sus asistentes son los mejores del planeta.
Todo este tema de los árbitros asistentes viene a consideración por el hecho de que Carlos Ayala, ése que alguna vez tuvo que elegir entre la bandera y el retiro, tomó la decisión más importante de la jornada anterior, y probablemente lo que va del Clausura 2012. Él fue el artífice de que la agresión absurda de Néstor Araujo sobre Erick Torres, al minuto 95 del juego entre Chivas y Cruz Azul, se castigara con tiro penal y expulsión para el celeste.
Carlos Ayala ha mantenido un nivel altísimo durante al menos los últimos cinco años, pero inexplicablemente se le mantuvo apartado de los gafetes internacionales durante todo este tiempo. Ahora ya es muy tarde para él por su edad, incluso está ya cerca del retiro obligado, pero cuando su nivel comenzaba a subir, no recibió la oportunidad que se había ganado en la cancha.
Seguramente se trata de una más de las injusticias que se gestan a diario en la Comisión de Arbitraje, en la que pesan más los intereses personales que la capacidad de los árbitros. Ahora ya es muy tarde para él por su edad. Suena verdaderamente incomprensible, que si los encargados del área técnica de la Comisión son TODOS ex-asistentes internacionales, y lo sean desde hace mucho, no hayan tenido la visión para reconocer el trabajo y merecimientos que hizo Carlos Ayala para portar el gafete de FIFA. Allá ellos.

Colofón
Una vez más, un buen trabajo arbitral en la cancha se tira a la basura en el escritorio. Se necesita mucho coraje (valor, no enojo) para meterle una tarjeta roja a José Sand de Xolos antes del minuto 10, jugando en su cancha, por golpear con el codo en el rostro a un adversario. Pero también es suficiente con muy poco valor, o peor, mucho desconocimiento de la regla, para reportar en el informe arbitral que la causa es juego brusco grave, cuando es imposible, según la interpretación de la Regla 11 que publica FIFA en su sitio de internet, que el juego brusco grave se cometa con otra parte del cuerpo que no sean las piernas. Usar el codo para golpear a un rival es conducta violenta PUNTO. Alfredo Peñaloza, ojalá tus instructores te hagan saber del error, si no, a ver si alguien te platica que lo leyó aquí.


TA S

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