Vistas de página en total

lunes, 19 de marzo de 2012

La piedra filosofal

La oportunidad de ver en vivo al mejor árbitro de México un día, y al peor al siguiente, no se podía desaprovechar. Así fue que ahí me tuvieron en el Tres de Marzo el viernes anterior para ver a Francisco Chacón dirigir el juego entre Tecos y Morelia, y el sábado en el Jalisco, para observar una más de las demostraciones de Antony Zanjuampa, en el partido que disputaron Atlas y Jaguares (no necesito definir quién es el mejor y el peor ¿verdad?).
Ver y analizar un juego de futbol en el estadio, en este caso el trabajo de los árbitros, sin repeticiones, narraciones, comentarios y anuncios, es enriquecedor. Se puede sentir el pulso de la tribuna, se observa todo el terreno de juego y es posible detectar movimientos, tácticas y otros detalles, que el cuadrito electrónico no permite. En el caso de los árbitros, se le puede tener en constante vigilancia para ver sus cambios de ritmo, las lecturas del juego y la interacción que tiene con su equipo arbitral y con los jugadores.
Por orden del calendario vayamos al Estadio Tres de Marzo primero. Aunque esta vez no hubo besos de Chacón para las chicas de la tribuna, sí exhibió toda la jerarquía y dominio que ha ganado en los últimos años. Cuando un árbitro señala menos de 15 faltas en un partido, si en contadas ocasiones los jugadores intentan siquiera comentarle algo que no les parece, si coloca las barreras a distancia sin necesidad de pintar rayitas en el césped, si señala un penal con expulsión y no es obligado a esconderse en una esquina porque su temple y determinación lo hacen inmune a las presiones, nos damos cuenta por qué Francisco Chacón es un árbitro de otra categoría. Y atención, no fue el mejor partido que le he visto a Chacón en vivo o en televisión, pero su nivel es tan alto, que hasta en sus días flojos está por encima de sus colegas de esta liga.
Como no todo es miel sobre hojuelas, el sábado hubo que atender la segunda parte de este ejercicio de análisis con mucha apertura de mente y sin prejuicios. No sería justo llegar al Estadio Jalisco y esperar que el arbitraje fuera igual al de la noche anterior en Zapopan, así que la oportunidad estaba puesta para que Zanjuampa hiciera algo extraordinario y echara por la borda la idea que tuve desde que supe que tendría esta oportunidad en la jornada 11. Desafortunadamente para él, mi teoría se mantiene firme. Él es el peor árbitro de México.
Y otra vez atención, igual que con Chacón, éste no fue el peor partido de Antony. No fue el peor en cuestión de tomar decisiones erróneas que determinaran el marcador, o que permitiera violencia y descontrol en el terreno, pero en vivo se notan todas las carencias que lo ponen, cada que dirige, en el borde del precipicio. Esta vez tuvo suerte, estuvo bien acompañado en las bandas y al final el marcador fue justo y su labor no tiene manchas visibles.
Se le nota una permanente inseguridad a Zanjuampa. Los silbtazos que emite al sancionar una falta no tienen modulación. Una falta cualquiera la silba como si fuera penal de último minuto, con gran fuerza y haciendo aspavientos. En lugar de poner alerta a los jugadores y mostrarles que los está vigilando, los cansa con tanto ruido sin sentido. En cambio, cuando sí fue absolutamente necesario silbar con toda la fuerza y mostrar una gran dosis de autoridad, no lo supo hacer.
En la expulsión del atlista Erpen a la mitad del segundo tiempo, estuvo a punto de suceder una desgracia. La plancha artera que le da el defensor rojinegro al jugador chiapaneco se le iba a escapar a este señor. Ya había volteado a donde se dirigía el balón y estaba por comenzar su carrera, cuando por arte de magia, silbó más a fuerza que de ganas y le mostró la tarjeta roja al atlista. Estaba a menos de cuatro metros de la acción y no la juzgó bien, increíble. Para su fortuna, en la banda más cercana tenía a Marvin Torrentera y como cuarto árbitro a Erim Ramírez, que sin duda, alguno de ellos fue quien le dijo qué hacer.
Otro detalle significativo es su modo de encarar el juego. Siempre está a 500 revoluciones más que el partido. Si un equipo sale jugando desde su área, sin presión del rival, este árbitro corre de un lado a otro en sprint, aceleradísimo, demostrando muy poco dominio de la técnica y mucha inseguridad. Parece que está nervioso todo el tiempo, es más, quitemos el parece, entra nervioso al estadio dos horas antes, porque en el fondo, él mismo sabe que NO es árbitro de Primera División. Así no se puede.
La principal diferencia que pude encontrar entre Francisco Chacón y Antony Zanjuampa (discúlpame Paco por poner tu nombre en el mismo renglón que el de Antony), es que uno sabe que es el mejor árbitro de México y el otro ni siquiera se cree árbitro de Primera División. Y para no cometer estas faltas de respeto de mezclar a los buenos con los demás, de ahora en adelante el árbitro del juego entre Atlas y Jaguares es bautizado como Lord Voldemort, aquel brujo que no debe ser nombrado en la saga de Harry Potter.

Colofón
Qué horrible trabajo el de Fabricio Morales en el juego Gallos vs Guadalajara. Tiene tan poca autoridad y jerarquía que pudo haber amonestado a otros 10 jugadores y no le hubieran hecho caso en nada. Tan fácil que estuvo el codazo de Isaac Romo a Ramírez en el primer tiempo, para que le mostrara a los futbolistas que no les seguiría permitiendo sus indisciplinas, pero nada de nada. Lo que era una tarjeta roja determinante para agarrar el control del juego, se convirtió en una amarilla intrascendente.

TA S

lunes, 12 de marzo de 2012

Los "banderas"

El arbitraje de futbol ha sido una profesión menospreciada a lo largo de los años. Es vista casi como un mal necesario, porque las reglas del juego exigen una figura de autoridad dentro del terreno, pero en la práctica, son los jueces los que menos ganan, a los que más se ataca y los que menos preparación reciben. Y como dicen los viejos sabios, “hasta en los perros hay razas”, así se ve la especialidad del árbitro asistente, en comparación con la del “central”, pero la importancia de un buen auxiliar es invaluable cuando aporta en una correcta decisión, o determinante, cuando su juicio es erróneo.
La figura del árbitro asistente siempre ha existido, aunque anteriormente no era una especialización. Todos los jueces podían ser centrales o “abanderados”; de esta manera puede ser posible ver una fotografía en la que aparece, por ejemplo, Edgardo Codesal fungiendo como asistente de Antonio R. Márquez en un Clásico Nacional, en algún momento de la década de los ochenta.
A partir de los últimos diez años del siglo anterior, empezó la separación entre árbitros y árbitros asistentes. Algunos colegiados, en virtud de que sus capacidades no eran las adecuadas para dirigir con el silbato un encuentro de futbol, encontraron en la banda un área de oportunidad. Todavía en los inicios de este siglo, algunos silbantes que probaron las mieles de la Primera División como jueces principales, tuvieron que optar por la bandera para mantenerse en la categoría, e incluso en la profesión. Los ejemplos de mayor éxito son los de José Luis Camargo, Juan Joel Rangel y Carlos Ayala, que con varias actuaciones como árbitros centrales, tuvieron que optar por ser asistentes o retirarse. Otro caso de un árbitro que tuvo que inclinarse por la bandera, tras ser árbitro en la anterior Primera A, es el de Jesús Sevilla.
De la misma manera en que malos centrales se hicieron excelentes asistentes, están las historias de buenos asistentes que tomaron este camino desde la Segunda División, por lo menos, si no es que desde Tercera. Marvin Torrentera, Alberto Morín, Salvador Rodríguez Gorrocino, Marcos Quintero y el auxiliar sensación de este torneo, el jalisciense Víctor Barreto, decidieron tomar el camino de la asistencia para alcanzar su meta de la Primera División.
En los últimos dos Mundiales, México ha aportado cinco árbitros asistentes. Francisco Ramírez y José Luis Camargo en Alemania 2006, mientras que en Sudáfrica 2010 repitió Camargo, más Alberto Morín y Marvin Torrentera. Sus actuaciones, como parte de los equipos arbitrales de Armando Archundia y Marco Rodríguez, fueron muy buenas, lo que refrenda la teoría de que si México tiene fama de generar excelentes silbantes, sus asistentes son los mejores del planeta.
Todo este tema de los árbitros asistentes viene a consideración por el hecho de que Carlos Ayala, ése que alguna vez tuvo que elegir entre la bandera y el retiro, tomó la decisión más importante de la jornada anterior, y probablemente lo que va del Clausura 2012. Él fue el artífice de que la agresión absurda de Néstor Araujo sobre Erick Torres, al minuto 95 del juego entre Chivas y Cruz Azul, se castigara con tiro penal y expulsión para el celeste.
Carlos Ayala ha mantenido un nivel altísimo durante al menos los últimos cinco años, pero inexplicablemente se le mantuvo apartado de los gafetes internacionales durante todo este tiempo. Ahora ya es muy tarde para él por su edad, incluso está ya cerca del retiro obligado, pero cuando su nivel comenzaba a subir, no recibió la oportunidad que se había ganado en la cancha.
Seguramente se trata de una más de las injusticias que se gestan a diario en la Comisión de Arbitraje, en la que pesan más los intereses personales que la capacidad de los árbitros. Ahora ya es muy tarde para él por su edad. Suena verdaderamente incomprensible, que si los encargados del área técnica de la Comisión son TODOS ex-asistentes internacionales, y lo sean desde hace mucho, no hayan tenido la visión para reconocer el trabajo y merecimientos que hizo Carlos Ayala para portar el gafete de FIFA. Allá ellos.

Colofón
Una vez más, un buen trabajo arbitral en la cancha se tira a la basura en el escritorio. Se necesita mucho coraje (valor, no enojo) para meterle una tarjeta roja a José Sand de Xolos antes del minuto 10, jugando en su cancha, por golpear con el codo en el rostro a un adversario. Pero también es suficiente con muy poco valor, o peor, mucho desconocimiento de la regla, para reportar en el informe arbitral que la causa es juego brusco grave, cuando es imposible, según la interpretación de la Regla 11 que publica FIFA en su sitio de internet, que el juego brusco grave se cometa con otra parte del cuerpo que no sean las piernas. Usar el codo para golpear a un rival es conducta violenta PUNTO. Alfredo Peñaloza, ojalá tus instructores te hagan saber del error, si no, a ver si alguien te platica que lo leyó aquí.


TA S

lunes, 5 de marzo de 2012

La dimensión desconocida

¿Se acuerdan de aquel programa de televisión de los ochentas, que en inglés se llamaba The Twilight Zone? El del teclado estaba en sus años de infancia tardía, pero de vez en vez me escabullía de la jurisdicción paterna para verlo, porque definitivamente no era apto para menores. En la pantalla se contaban historias increíbles, escalofriantes, llenas de suspenso y hasta de un poco de terror, igual a lo que sucede en las canchas mexicanas con sus árbitros cada fin de semana.
Durante la jornada 9 de nuestro torneo nacional, se vivieron varias escenas dignas de este programa que les menciono. Por fortuna divina, no estamos comentando de verdaderas tragedias, que pudieron haber causado las entradas criminales de Lucas Ayala sobre Daniel Arreola (Atlas vs Pachuca); Alfredo Moreno sobre “Chato” Rodríguez (Santos vs San Luis), y Jonathan Lacerda sobre Jesús Sánchez (Puebla vs Chivas).
Es complicado determinar cuál de todas fue la más artera y desleal de las tres, pero lo que sí es fácil es encontrar al único árbitro que tuvo la capacidad suficiente para castigar el hecho como es debido, y ése fue Toño Pérez Durán, que sin clemencia mandó a bañar temprano al “Chango” Moreno por la plancha violentísima que le recetó al “Chato”, durante el juego entre Santos y San Luis.
De las jugadas mencionadas, ahí sí está en chino encontrar alguna que sobresalga. Por las consecuencias, la de Ayala sobre Arreola es la más grave, pues el jugador de los Tuzos tuvo que salir del partido lesionado, y posteriormente hasta cuatro puntos de sutura recibió en el tobillo por la cortada que le provocó la “caricia” del mexico-argentino del Atlas. Otro punto que es lo que merece su entrada a la dimensión desconocida, es la labor del árbitro, Miguel Ayala, que de una manera inexplicable, mostró tarjeta amarilla al atlista, cuando la falta merecía tarjeta roja por conducta violenta. Lamentable decisión.
La patada que le propina Lacerda (que en el nombre lleva su distinción) al “Chapo” Sánchez tampoco tiene nombre. Y lo que sobrepasa la falta de palabras para describir el hecho, es que el árbitro Roberto García Orozco, ni siquiera señalara falta, no se diga tarjeta amarilla por lo menos. El pretexto de que primero juega el balón y después le coloca la suela del zapato en la espinilla, con brutalidad e intención de hacer daño, es una clara muestra de la profunda crisis de criterio y valores que vive el arbitraje mexicano.
De Miguel Ayala ya es costumbre ver decisiones ridículas, como la amonestación a Lucas Ayala, cuando la agresión merecía una escolta a los separos de la Ministerial. Si en la ocasión en que Luis Pérez fracturó a Daley Mena tampoco expulsó, qué le podemos pedir de una jugada en la que no hay una lesión tan “grave” (si a cuatro puntadas se le puede llamar no grave).
Y de Roberto García Orozco lo que se puede decir es que es decepcionante. Es una lástima ver cómo un árbitro que se supone es de los mejores cuatro del país, arrastra su prestigio de la manera en que lo hizo en Puebla el domingo. Lamentablemente, con ese nivel va a dirigir el Preolímpico de finales de marzo, y como el arbitraje de Concacaf es todavía peor que el mexicano actual, ni siquiera se notará. De la cámara húngara que le organizó “Cubo” Torres al final del juego tampoco hay nada bueno que relatar, porque fue absolutamente incapaz de poner orden. Fue una demostración nuevamente de tibieza y falta de compromiso, porque el jalón de pelo de Fabián a Zamora, el recto a la mandíbula de Pineda al mismo Fabián y la camilla humana de Alexandro Álvarez, en la que todos debieron salir con tarjeta roja, al menos Fabián y Pineda, fue patética para la supuesta jerarquía que se ha ganado Roberto.
Y para ponerle la cereza al pastel, sucede que la muestra de cómo proceder ante jugadores violentos, desleales y agresivos, la vino a poner un novato. Debería darle vergüenza a Roberto, que Toño Pérez Durán sí sepa para qué sirve la tarjeta roja, y él no. De Miguel Ayala, ni hablar, va volando a la categoría de los innombrables, donde ya se encuentran Gasso y Zanjuampa.
Esta jornada ha sido de las peores en materia arbitral del torneo, porque adicional a las acciones aquí relatadas, hubo errores graves en otros partidos, especialmente jugadores que se mantuvieron en el campo, cuando debían haber sido expulsados, y otras linduras.
Alguna ocasión recibí una capacitación del doctor Edgardo Codesal, en la que nos presentó el Decálogo del Árbitro. Honestamente no recuerdo de la 2 a la 10 (no se me vaya a sentir Doc, lo que sí recuerdo es la base de todo lo que el espíritu del arbitraje significa, y eso sí se me pegó), pero la primera obligación de un silbante, por sobre todas las cosas, es CUIDAR LA INTEGRIDAD FÍSICA DEL JUGADOR. Es tan sencillo, que resulta verdaderamente inconcebible que los jueces de Primera División no lo apliquen. Por eso, son bienvenidos a la Dimensión Desconocida.

Colofón
Ya no hay manera de seguir protegiendo a Fernando Guerrero. De los últimos tres juegos, en los tres ha tenido una labor perjudicial a algún equipo. El viernes en el trascendental juego entre Tecos y Xolos, invalida de manera muy dudosa lo que pudo haber sido el primer gol de los Estudiantes, pero lo que definitivamente cambia el rumbo del juego, es que no tiene los pantalones para expulsar al fronterizo Noé Maya , cuando comete una falta clarísima de amonestación, que hubiese sido la segunda. 

TA S

lunes, 27 de febrero de 2012

Una de árbitros con pantalones

Trascendió que la semana anterior, un grupo de árbitros mexicanos con gafete FIFA, acudió a las oficinas de la Federación Mexicana de Futbol para solicitar que el castigo a Daniel Guerrero, capitán del Atlante, se incrementará de los cuatro que recibió a ocho, tras golpear con el codo a José Luis Camargo. Los asistentes fueron el propio Camargo, el árbitro de aquel juego, Roberto García, y como hombre “fuerte”, Marco Rodríguez. Así como llegaron se fueron, porque Decio de María, una vez más, los puso en su lugar, les recordó su posición en la cadena alimenticia y sofocó el intento de “rebelión” en cuestión de minutos.
Si tuvieron o no razón en solicitar la revisión del dictamen de la Comisión Disciplinaria, es otro asunto, pero lo que falló rotundamente fue la poca fuerza y credibilidad con que manejaron su querella. Este hecho me inspira a contarles un caso real del Colegio de Árbitros de Colima, del cual formé parte como silbante e instructor, allá por los años de 2006 y 2007.
La liga de mayor prestigio y trascendencia a la que prestábamos servicio, era la Primera División Amateur de la Asociación Estatal de Futbol. Era una liga razonablemente bien organizada, con un nivel de futbol alto, ya que no faltaban los exprofesionales que cobraban por jugar, los famosos mercenarios. Esta liga tenía un serio problema, que a la fecha persiste, y es la radicalización de los seguidores de los equipos. Las porras son muy violentas en la mayoría de los conjuntos, lo que significaba un riesgo alto para los silbantes, que no disponían de muchas garantías de seguridad para realizar su trabajo.
En una ocasión, en el poblado de Tonila, que aunque se ubica en el estado de Jalisco, por su cercanía participaba en la liga colimense, al árbitro Gustavo Ramírez lo amagaron con una pistola al final del encuentro. Aparentemente sus decisiones habían perjudicado al equipo local, y como era costumbre en ese lugar, la violencia se generó en torno a él.
Ese domingo en la sede del Colegio, donde nos reuníamos para entregar informes de los partidos y cobrar nuestros honorarios, el único tema de conversación era la amenaza a Gustavo en Tonila. Todos los presentes apoyamos al compañero y se decidió que había que hacer un frente común para resolver este problema en particular. El siguiente paso era definir la postura del Colegio ante el hecho y presentarla a la Liga en la próxima sesión.
Al martes siguiente, una comitiva oficial del Colegio, comandada por el Presidente, los Delegados y el árbitro en cuestión, se presentó ante la Liga para hacer su pronunciamiento. Ningún árbitro del Colegio se presentaría en el poblado de Tonila a dirigir ningún partido de ese equipo, ya fuera de la Primera Amateur o de los infantiles más pequeños, mientras el Delegado del equipo en cuestión no firmara una carta compromiso de seguridad, y comprobara que la podría llevar al cabo. La petición incluía un lugar preferencial y resguardado por policía local para el árbitro, escolta para salir del poblado y alrededor de otros ocho puntos, aunque los más relevantes eran los primeros que se describen.
Adicional a este punto, con los estatutos de la Liga como aval, se solicitó un veto de cancha extraordinario, de no menos de seis encuentros. También se utilizó a la prensa para hacer públicos los hechos sucedidos, lo que generó mayor fuerza a los reclamos de los silbantes.
Es necesario aclarar que los alrededor de 35 árbitros integrantes del Colegio apoyamos la postura de nuestros dirigentes, con el riesgo de perder el servicio de la Liga, que además de ser la más prestigiosa, obviamente era la que mayores honorarios pagaba. Para árbitros del sector aficionado, que en la mayoría de los casos sustentan sus ingresos familiares en esta actividad, era una apuesta riesgosa, pero la unión en torno al compañero y la necesidad de manifestar de manera vehemente una mejora en la seguridad personal de cada persona, pudieron más que los pesos que dejarían de ganar en esa liga.
Al final, la Liga impuso un veto de seis partidos a TODOS los equipos de Tonila, desde las infantiles hasta la estelar Primera División Amateur. Del pliego petitorio se cumplieron la mayoría de los puntos, especialmente los concernientes a la protección del árbitro en los juegos de la categoría principal, y pasado el veto, se reanudó el servicio arbitral al poblado de Tonila.
Para el Colegio fue un triunfo muy importante. La unión de todos sus integrantes, una dirigencia comprometida y una estrategia de acción inmediata, fueron las claves del éxito. En otros ámbitos de la vida cotidiana del Colegio seguía habiendo discrepancias entre los miembros, pero se demostró que en una causa justa, en beneficio de todos, luchar juntos era la mejor opción. Y lo fue.
Esto es sólo una pequeña muestra de que cuando existe una causa justa, la determinación y la unión entre las personas que lucharán por ella, es la manera más viable de conseguir el objetivo. Si en un universo de 20 personas (los árbitros y asistentes FIFA), de 60 aproximadamente (todos los árbitros de Primera División), o de 600 (la totalidad de los árbitros de futbol profesional en México), las batallas las libran individualmente o en pequeños grupos, en pro de causas que no benefician a la colectividad o utilizando estrategias erróneas, nunca se hará valer su peso u opinión. La próxima vez que un silbante mexicano se sienta desprotegido, ofendido o injustamente acusado, TODOS le tienen que entrar, o mejor no hacer nada y seguir como están.

Colofón
Me encontré a unos buenos amigos árbitros hace unos días y me dijeron que de vez en cuando escribiera de las cosas buenas que hacen en las canchas cada jornada, así sea sólo uno o dos partidos de los nueve de la semana. Créanme que lo intenté, pero no hubo ningún trabajo arbitral que mereciera una buena opinión. A ver si para la siguiente…
TA S

lunes, 20 de febrero de 2012

El partido no termina con el silbatazo

Puede parecer un desliz grave afirmar lo que escribo en el título de este texto, pero es verdad, un partido de futbol no se compone únicamente de los 90 minutos de juego, sino que está dividido en antes, durante y después del mismo.
Antes, el equipo arbitral debe cumplir con una serie de procedimientos administrativos y reglamentarios. Durante, significa todo lo que suceda dentro del campo, desde el minuto 1 hasta el 90, incluyendo el medio tiempo. Y después, evidentemente, se refiere a los sucesos que transcurren desde el silbatazo final, hasta que el equipo arbitral se retira de manera segura del estadio, con una escala muy importante: la redacción y entrega del informe arbitral, o cédula, como se le conoce coloquialmente.
Los momentos antes y después de un juego son igual de importantes que el partido mismo. Un gran arbitraje se puede ir a la basura por una mala redacción del informe, o por permitir anomalías en los uniformes de alguno de los equipos. Esta semana en el futbol mexicano se presentó un caso más de un informe arbitral terriblemente mal redactado, que ha puesto en ridículo a los árbitros del partido, especialmente a José Luis Camargo, que una vez más es protagonista de un escándalo.
La Comisión Disciplinaria informó la tarde del lunes del castigo que mereció Daniel Guerrero, capitán del Atlante, por los hechos suscitados al final del partido entre su equipo y los Estudiantes, en la cancha del 3 de marzo. Según el informe entregado por Roberto García Orozco, responsable del equipo arbitral, sucedió lo siguiente: “Al finalizar el partido, el jugador Guerrero José No 17 del equipo Atlante, se acerca hacia el  equipo arbitral para retirar a sus compañeros, gira y con el brazo derecho, golpea con el codo en el pecho con el uso de fuerza excesiva a  mi árbitro asistente No 1 Camargo José”.  A simple vista se lee que Guerrero agredió a Camargo. El reglamento es claro, así que la pena debería haber sido de un año de suspensión, pero únicamente fue de cuatro partidos. La Disciplinaria lo publica con la aclaración de que se apegó a los artículos 27 y 5 del Reglamento de Sanciones, que transcribo:
Artículo 27.- Incurren en falta los Jugadores que:
a) En cualquier forma intenten agredir al Cuerpo Arbitral o al Comisario del Partido. Los Jugadores que cometan esta falta se harán acreedores a una suspensión de 2 a 8 partidos y una multa desde 150 y hasta 450 días de salario mínimo.
Artículo 5.- Intento de agresión: es el embestir, empujar, dar jalones, usar el balón o cualquier otro objeto con intenciones de golpear, o bien, cualquier contacto físico con ánimo de burla o animadversión.
Aquí es donde se pone confuso el asunto. Si, como dice el informe arbitral, Guerrero utilizó fuerza excesiva, quiere decir que fue un golpe directo y alevoso, digo, está complicado tener un contacto físico con ánimo de burla o animadversión que además ponga en riesgo la integridad de quien lo sufre. ¿Entonces fue agresión o intento de agresión?
La imagen de televisión es muy clara y muestra, por lo menos en mi opinión, que fue un contacto intencional. Si bien no le iba a causar ningún daño al delicado de Camargo, sí tenía, por lo menos, el ánimo de provocar un contacto hostil, que podría ser una interpretación de animadversión (lo que sigo sin entender es qué reclamaban los atlantistas, pero eso no es relevante).
Lo que se interpreta del castigo impuesto a Guerrero, es que la Comisión Disciplinaria desestimó el término de golpear con el codo con fuerza excesiva, y determinó hacer una campechanada del artículo 27 y decidir que cuatro juegos eran suficientes. ¿Por qué no sólo dos, o la pena máxima de ocho? Nunca lo sabremos, a lo mucho aspiramos a que declare Sabater que tras revisar el video, a esa conclusión llegaron porque “por la posición de ambos actores del hecho, la dinámica corporal y el tumulto, no está claro que la intencionalidad sea manifiesta de provocar daño”, o alguna serie de pretextos similares.
Así que regresando al tema principal de una buena redacción, este lamentable hecho nos muestra que el informe arbitral del partido en cuestión no cumple con su labor de relatar los hechos del juego. Guerrero sabía donde estaba Camargo y acomodó el codo para hacer el contacto; la explicación no pedida de que estaba separando a sus compañeros es irrelevante, y añadir el término de fuerza excesiva implica un juicio de valor hecho por el equipo arbitral, que además es falso, porque el golpe apenas fue superficial. Si acaso hubo algo excesivo, fue el berrinche de Camargo, al que poco le faltó para sacar él mismo la tarjeta roja del short de García para que se la mostrara a Guerrero.
Lo más sencillo, rápido y justo hubiera sido informar tal cual sucedieron los hechos: “Al final del encuentro, el jugador del equipo Atlante, Daniel Guerrero, se acercó a donde se encontraba el equipo arbitral y golpeó con el codo en el pecho al asistente 1, José Luis Camargo”. De esta manera, los árbitros habrían informado de los hechos de manera fiel, sin interpretaciones, y dejado el peso de la sanción en la Disciplinaria, que hubiera determinado, seguramente con el video, qué valor darle al golpe de Guerrero a Camargo.
Los árbitros, el asesor, ambos, o hasta sus dirigentes (tras bambalinas), están tomando la mala costumbre de acomodar las palabras en los informes para tratar de minimizar los castigos en casos tan sensibles como éste, pero ésa no es su función. Los árbitros dan fe de los hechos, como un notario, y la Disciplinaria condena, como un juez civil. Zapatero a tus zapatos; árbitros a sus silbatos.

Colofón
Ya estuvo bueno de Camargo. Podrá ser el mejor asistente técnicamente hablando; podrá ser el morfotipo ideal del juez auxiliar mexicano, pero sus afanes de protagonismo han superado los límites de lo permisible y alguien debe ponerle un alto. ¿Ya se preguntaron por qué fue a él a quien golpeó Guerrero y no al central? Un jugador no se comporta así de la nada, tiene que ser provocado. Se las dejo botando…


TA S

sábado, 18 de febrero de 2012

La máquina del tiempo

Películas se han filmado, cientos de libros se han escrito, científicos de todos los tiempos lo han estudiado, pero nadie, hasta ahora, había logrado retroceder en el tiempo, al mismo momento, a diversas épocas de la historia de la humanidad. Nadie, hasta que llegó Jorge Vergara, comandado por Angélica Fuentes, secundado por la horda de trúhanes que conforman la mentada Junta de Dueños y la Federación Mexicana de Futbol (FMF), que lograron regresar en el tiempo a las épocas autoritarias de la primera mitad del siglo pasado en México, o hasta la penosa Inquisición del medioevo español. ¿Cómo lo lograron? ¿Se merecen el Nobel de todas las Ciencias? No, muy fácil, adoptaron una actitud retrógrada, vergonzosa, precámbrica, al imponer un veto informativo al Diario Récord.
Considero un deber, más allá de que este espacio sea hogar de reflexiones en torno al arbitraje, consignar de cualquier manera que nos sea posible, nuestra opinión, evidentemente de rechazo, ante demostraciones tan burdas de autoritarismo, intolerancia y falta de respeto.
Esta última acción es un síntoma más, agudo sin duda, de la decadencia en la que está sumergido nuestro alicaído futbol nacional. La FMF se ha convertido en tierra de nadie, o mejor dicho, en tierra de las televisoras, que imponen su ley a destajo, sin importar que en el proceso terminen con el espectáculo, la seguridad y la dignidad del gremio futbolístico.
Es indignante, que el promotor de este hecho sea el dueño del equipo más popular de México. Ese equipo que se debe a sus millones de aficionados en el país, aquéllos que tienen que enfrentar la deshonra de ver a su equipo en el último lugar de la tabla general, de donde no saldrán pronto, ni aunque ganen (o hayan ganado) al San Luis esta tarde. Los aficionados al Guadalajara tienen a un dueño más preocupado en destruir las reglas más elementales de la libertad, que en levantar a su equipo que va en un tobogán, derecho al fondo del más ignominioso abismo.
Los cómplices de esta atrocidad, ya sea por convicción, por omisión, por miedo o simplemente por dejarse arrastrar en está vorágine de impunidad, son igual de culpables que el promotor original. Ahora resulta que el primer equipo que respaldó al Guadalajara, al impedir el viernes el acceso a sus instalaciones a los enviados de Récord, fue el América. Las grandes glorias americanistas deben estarse retorciéndose en sus tumbas por esta “solidaridad” manifestada al más acérrimo rival.
Durante la semana anterior, los dueños de los equipos se reunieron para plantear mejoras al futbol mexicano. Al final, se dieron un pequeño plazo de 60 días para volverse a ver las caras y tomar algunas decisiones. Ah, pero cuando se trató de apoyar en un berrinche infantil a uno de los compinches, les tomó apenas 48 horas para ponerse de acuerdo y hacerlo oficial. Qué ridícula manifestación de eficacia; si se trata de hacer algo benéfico (según ellos) por el deporte, les toma 60 días, pero si se trata de destruir, violentar, agredir y vejar a alguien, en este caso un prestigiado medio de información, son más rápidos que los juicios de la Inquisición.
Desafortunadamente para los que amamos el futbol y la comunicación, este viernes 17 de febrero será una fecha marcada. Se recordará como el día que una banda de engreídos, sin un gramo de autoridad moral, se atrevió a imponer un veto informativo a un medio de comunicación. Pero saben qué, dueños de todo, menos de la elemental conciencia democrática, este país está reaccionando a su impunidad y desparpajo para tomar decisiones con el hígado. Los ratings de televisión seguirán bajando, los estadios tendrán más cemento que banderas y la crisis arbitral, de seguridad, operativa, y especialmente, de honradez, terminarán por hundir irremediablemente a esta liga, sin que puedan hacer nada por solucionarlo.

Colofón 
Una muestra más de esta decadencia moral se generó después del partido Cruz Azul vs Jaguares de la fecha 5. Sucede que Armando Archundia, en su calidad de asesor en temas arbitrales de la Máquina, ingresó al vestidor de los silbantes previo al encuentro, para saludarlos. Este hecho llegó a oídos de la Comisión de Arbitraje, que determinó sancionar a los 4 árbitros y al asesor, una fecha por permitir el ingreso de Archundia al camerino. ¡Válgame! Ahora los árbitros necesitarán una lista de las personas autorizadas para saludarlos. Faltaba más…


TA S

lunes, 13 de febrero de 2012

Devolver o no el balón, ésa es la cuestión

El sábado pasado en Pachuca sucedió un acto de justicia deportiva, de ésos que necesitamos para renovar las esperanzas de que podemos tener un mejor futbol en México y el mundo. Les cuento rápido y ofrezco una liga, porque de este hecho se desprende la reflexión que deseo compartir esta ocasión.
Sucede que en el juego entre Pachuca y Estudiantes de la Sub-20, en un balón neutral, el equipo visitante no regresó el esférico a los Tuzos, que lo tenían en su poder tras una detención por lesión. De esta jugada se derivó inmediatamente un tiro penal, que el mismo entrenador de los Estudiantes, Mauricio Gallaga, ordenó a su jugador que lo pateara fuera. El joven obedeció la orden del técnico y el balón regresó al poder de Pachuca. La nota oficial la pueden encontrar aquí http://femexfut.org.mx/portalv2/aspx/WEB_DetalleNoticia.aspx?pnIDNtca=37180 para conocer todos los detalles.
Esta jugada sucedió en los últimos minutos del juego. El potencial tanto hubiese sido el 3-1 en contra de Estudiantes, por lo que para efectos del resultado final no habría mayores consecuencias, pero lo realmente valioso fue el momento de formación que recibieron los jugadores de ambos equipos. Nunca sabremos si Gallaga hubiera tomado la misma postura si el penal significara el empate o el triunfo, así que especular sobre esto no tiene mucho sentido.
Ahora, qué dice la parte reglamentaria en casos de que un balón neutral (bote para ser más claros), no sea “regresado” al equipo que lo tenía en su control antes de la detención. NO dice nada. Se ha convertido en una especie de regla implícita, que cuando el juego se detiene por cualquier causa, y el balón está en poder de un equipo, o es lanzado fuera del campo para que el árbitro interrumpa y permita la atención de un jugador lesionado, por ejemplo, el esférico sea regresado al equipo que lo tenía originalmente. Pero no es obligatorio ni punible. Lo segundo lo remarco, porque la nota de la FMF dice que el delantero de Estudiantes fue amonestado por burlarse de los adversarios. Si la burla fue explícita y notoria, procede como provocación, pero si el árbitro interpreta como una burla que haya tomado el balón libre y lo jugara contra la portería de Pachuca, es un error grave.
En esta ocasión el ejemplo es muy claro y de mucho valor moral y deportivo, pero qué tal cuando después de un balón neutral, el jugador del Equipo A lanza el balón a saque de banda a un metro del banderín de esquina, junto a la portería que defiende el Equipo B. Eso no es deportivo ni honorable, mucho menos cuando aprovechan los delanteros del Equipo A para hacer el pressing y obligan al defensor rival a lanzar un pelotazo y perder nuevamente el balón. Pero nuevamente el árbitro no tiene un fundamento reglamentario para enviar el balón de regreso al Equipo B, ni para sancionar técnica ni disciplinariamente a quien “devolvió” el balón de manera poco deportiva.
Si es verdad que el del silbato no puede hacer nada en ese momento, los jueces que tienen bien arraigado el sentido de la deportividad, disponen de los recursos arbitrales y el carácter necesario, no olvidan el hecho, y de una manera u otra, se lo harán pagar a quien defraudó el espíritu del juego. Ya sea no marcándole el siguiente saque de esquina a su favor, permitiendo que le den una pequeña “ablandadita” o señalándole en contra un par de faltas insignificantes. Nada que ponga en riesgo el desarrollo del juego ni el resultado, pero lo suficiente para hacer notar al jugador “culpable”, que su deslealtad no pasó desapercibida.
Sabemos que es muy complicado ver actos de Fair Play como éste cuando el resultado está en juego, lo acabamos de ver con Emmanuel Villa hace dos jornadas. Sin embargo, en esos momentos en que regresarle el balón al adversario, en condiciones favorables para su control, no significa ningún peligro inminente, no cuesta nada patearlo directo a las manos del arquero rival y dejar que el juego prosiga.
Estos detalles, que pueden parecer insignificantes, la mayoría de las veces aportan para que un partido se mantenga en niveles aceptables de disputa, y no en una cacería de piernas, simplemente porque un jugador malinterpretó la caballerosidad con la alevosía.

Colofón 1
Si cambiamos en el párrafo de lanzar el balón pegado al banderín de la esquina al Equipo A por el Manchester United, y le ponemos Javier Hernández al jugador que lo hace, sabremos por qué el Chicharito se ha llevado ya varios reclamos y una que otra “caricia” por estos actos, que en Inglaterra especialmente, son muy mal vistos. ¡No enseñemos el cobre en los pastos sagrados de la Premier, paisano!


TA S