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martes, 26 de marzo de 2013

Aquí nos tocó vivir


El título de este texto nos puede remitir a una actitud conformista o a una postura de superación, todo depende de la pantalla de donde se lea. Los invito a ponernos la camisa de la búsqueda del éxito, el cuestionamiento a lo establecido y el crecimiento, tanto personal como colectivo.

Después de mi disertación, aparentemente sin sentido, aterricemos a lo que nos interesa en este espacio, que es el arbitraje de futbol.

La inspiración para este tema viene de dos frentes. El principal es la actuación del árbitro de Jamaica, Courtney Campbell, en la visita el pasado viernes a San Pedro Sula de la Selección Mexicana. Como tantas veces hemos escuchado que estamos tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios, de la misma manera estamos atados a la Confederación de Futbol, alias Concacaf. La otra fuente fue el retrógrado caso, investigación, manejo, trasfondo y sentencia, de las declaraciones obtenidas ilegalmente del árbitro Francisco Chacón.

Es del dominio público que el arbitraje de Concacaf es el peor del mundo, tal vez a la par de los africanos, porque europeos, asiáticos y sudamericanos nos llevan de calle. El oscurantismo en que nos sumió Jack Warner en la última década tardará tanto, o más, en salir de ahí (si es que algún día salimos).

Según los escalafones de Concacaf, Campbell es de los silbantes más confiables de la baraja. Y después de la demostración tan lamentable en Honduras, no queremos ni saber cómo son los árbitros malos.

Los jueces del “continente” le llevan una importante ventaja a sus colegas de las “islas”. Centroamérica y los tres países del norte tienen un nivel aceptable, dentro de la realidad de nuestro futbol. Pero los caribeños son una desgracia verdadera. No tienen ligas competitivas, es más, la mayoría ni ligas tienen, punto. El gran problema fue que el trinitario Warner privilegió a sus compadres del barrio, y dejó que el arbitraje, junto con todo el futbol de la zona, se fuera al garete.

Ya ni vale la pena seguirle meneando a las decisiones del jamaiquino; no era penal, nos pegaron hasta por debajo de la lengua y nunca pasó nada. El asunto está en que si no podemos hacer nada por los niveles de arbitraje, lo que sí se puede hacer es mejorar nuestra actitud futbolística para no depender de una marcación arbitral. Hay dos opciones: Lamentarse por el robo o trabajar en no depender de una buena o mala decisión del juez. Ahí está la tarea para Chepo.

El tema Chacón es otro asunto vergonzoso, que ejemplifica en lo que se ha convertido la dirigencia arbitral y disciplinaria. Antes de darle a Mancilla y Rivas como nos dieron los hondureños, hay que censurar las palabras de Francisco Chacón y reprocharle su falta de discreción con personas en las que no había elementos para confiar. Una vez aclarado el tema, es absolutamente inadmisible que un video obtenido ilegalmente, sea utilizado como prueba para sancionar a un árbitro.

Que estuvo mal de Chacón hablar tan a la ligera con unos desconocidos, sí. Que lo castiguen y enjuicien públicamente, es una bajeza. Como no hay indicios de que la Comisión Disciplinaria y la de Arbitraje evolucionen en entidades justas y transparentes (aquí nos tocó vivir), las opciones son estas dos: Quejarse amargamente por el tipo de dirigentes que tenemos, o ser más inteligente que ellos (fácil) y no darles armas para seguir haciendo de las suyas.

Es una cuestión de actitud ante las circunstancias de la existencia misma. Si la vida te da la espalda, dale un patadón en el trasero y sigue adelante. Los dejo con una anécdota del Profesor Arturo Yamasaki. En un partido, un jugador de equis equipo que perdía por varios goles de diferencia, le pidió el favor al peruano que le marcara un penal. Con ese ingenio desparpajado que tiene Don Arturo, le contestó: “Sí claro, nada más métete al área, porque desde media cancha, se me complica”. 

martes, 19 de marzo de 2013

Las malditas áreas


Hace ya algunas semanas que no teníamos una jornada tan lamentablemente mal arbitrada como la 11. Hubo de todo, como en botica, pero las palmas se las lleva el niño consentido de la Comisión, Roberto García Orozco, con la chambonada del penal que se tragó enterito sin masticar sobre Raúl Jiménez.

Para que un horror arbitral se magnifique, debe ser trascendental para el marcador. Los casos más contundentes son goles invalidados, o validados, incorrectamente; apenas unos centímetros más atrás, vienen los penales mal señalados y los dejados de marcar, y por último los jugadores que debieron ser expulsados y posteriormente en el partido son decisivos para anotar un gol que determine el marcador.

Es cierto que el hecho de no señalar un penal aún deja latente la posibilidad de que se falle, pero no por eso deja de ser un error grave. Esta gravedad toma mayor relevancia si ya es un síntoma recurrente de la labor arbitral de cada semana. Lo de Roberto García Orozco el sábado en el Azteca es, por sí solo, uno de los errores más ridículos que hemos visto este torneo.

Si existiera una clasificación de la claridad de una falta que se debe marcar como penal, tendríamos los 100 por ciento indiscutibles, los que se merecen el beneficio de la duda al árbitro y los que podrían marcarse o no, sin que hubiera muchos problemas. La jugada del defensor potosino sobre el americanista Raúl Alonso Jiménez, ni siquiera llega al 100 por ciento indiscutible, es más que eso, hasta alguien que no estuviera viendo la jugada la marcaba, así de clara fue.

¿Por qué no se señaló ese penal al minuto 94, que hipotéticamente sería el gol del triunfo águila sobre San Luis? Pues porque al señorito García Orozco no se le pegó la real gana de marcarlo. Es más, en su afán de limpiarle con la amonestación a Jiménez, dizque por el piscinazo, terminó por embarrar toditita la cajeta que tiró en el área visitante.

Lamento mucho no tener una explicación mucho más fundamentada y técnica, pero no hay manera de encontrarla. Roberto estaba a cinco metros de la jugada; perfecta posición en diagonal para observar el desarrollo del juego; nadie le tapaba la visibilidad, y la falta fue del tamaño del Estadio Azteca, multiplicado por 10. En jugadas así, cuesta muchísimo creer en errores involuntarios, pero como eso es tan difícil de comprobar, nos vamos a quedar con que García Orozco simplemente “no la vio como penal”.

Pocas horas después del escándalo en el Azteca, Fabricio Morales estuvo a punto de determinar un partido con un penal mal otorgado al Atlas, en su juego contra Santos. En este caso hay muchas más atenuantes para que la crítica sea menos severa, pero al final de cuentas, se demostró que fue un error grave de apreciación de Fabricio.

Debo reconocer que en primera instancia, por televisión, estuve de acuerdo con el criterio arbitral. Una vez analizada la repetición, lo que hace Brizuela es irse de frente contra Baloy, que incluso había dado un paso atrás para evitar el contacto con el delantero rojinegro, estrellarse en la muralla panameña y caer fulminado.

El problema en esta jugada es nuevamente la correcta ubicación del árbitro, que no debió haber fallado con los elementos que tuvo a su alcance en el campo visual. Aunque tenía un poco más de tráfico que en la jugada del América, no tuvo obstáculos para apreciar el lance con claridad. Ya he escrito en ocasiones que no es lo mismo ver una falta o un gol desde el ángulo inclinado de la televisión, que a nivel de cancha. Normalmente cuando la televisión desnuda un error arbitral, es porque el juez no dispone del mismo ángulo que una cámara; en esta ocasión, sucede al revés. La televisión engaña, pero la colocación a la misma altura que los jugadores, jugaba en favor de Fabricio, que se equivocó.

Salinas y Darwin le compusieron la plana al árbitro para lograr la remontada lagunera, por lo que el penal marcado pasó de escándalo a anécdota.

Los grandes árbitros se hacen en momentos de tensión, en momentos en los que hay que ser certeros, cuando una decisión significa mucho más que tres puntos, no en faltitas intrascendentes a medio campo o con expulsiones más claras que el agua.

Fabricio falló por una mala apreciación, se vale, aunque en él es más o menos recurrente. Roberto García falló por alguna razón inexplicable, tal vez será que anda más ocupado en su próximo viaje a Brasil en 15 meses que en lo que tiene que hacer acá para ganárselo. Bueno, no, ya le quitaron a Chacón de en medio, así que a la hamaca, cobijado por el manto proteccionista de Mancilla, González y su pandilla.

martes, 12 de marzo de 2013

Misterios del Juego Limpio II


Hace poco más de seis meses, con motivo del partido Toluca vs León del Apertura 2012, publiqué un texto titulado Misterios del Juego Limpio, en relación a un gol conseguido por el equipo Toluca justo después de la lesión del defensa leonés Mascorro. Hoy, con motivo de un intercambio muy interesante de ideas con mi querido amigo Mauricio Cabrera, añadimos una segunda parte a esto que ahora se convertirá en serial, cada que el Fair Play nos lo demande. Toca el turno a Christian “Chucho” Benítez, delantero ecuatoriano del América, que en el anterior partido contra Monarcas, en una sola jugada, inspiró todo un texto.

En algún momento del primer tiempo (la memoria me acaba de pasar una terrible jugada), Benítez ingresa a velocidad al área moreliana por el lado izquierdo; Uriel Álvarez viene en la marca, pero al verse superado por la potencia del ecuatoriano, se lanza con el hombro-espalda contra las piernas del delantero. El contacto del defensor da en el blanco, “Chucho” da un pequeñísimo paso en falso, sin embargo se mantiene en pie, controla el balón y encara a Vilar. Otra vez me pierdo en los pantanos de la memoria y ya no sé si la tapó el arquero, se envió un centro y nadie remató o qué pasó, el asunto es que el lance de Álvarez y la permanencia en pie de Benítez son lo trascendental en este tema.

Primero vayamos al terreno de la especulación y los malditos hubieras. Si Benítez afloja el cuerpo y cae, producto de la tacleada del defensor, el penal era inobjetable. Hasta ahí vamos bien. Si, tal como sucedió, el ecuatoriano sigue en pie con balón controlado, pero falla en su intento de causar daño de gol, ¿estaba el árbitro en posibilidad de señalar la falta previa? Yo digo que no, y me explico.

El reglamento, palabras más, palabras menos, dice lo siguiente (aquí la memoria me funciona de maravilla todavía): “Para que el árbitro conceda una ventaja, ésta debe ser inmediata y clara, en caso de no concretarse, puede volver a señalar la infracción”. En otras palabras, hay ventaja cuando no señalar una falta te deja mejor parado en el campo que si se señala la misma. Si la ventaja se pierde en el siguiente pase o disparo, principalmente porque la estabilidad del jugador que recibe la falta y/o el control del balón se comprometen, es deber del árbitro volver sobre sus pasos. Si en cambio, el jugador que recibe la falta primaria mantiene el balón en su poder, sigue avanzando sin modificar, ni perder, su estabilidad y velocidad, la ventaja se habrá consumado y no hay manera de echarse para atrás.

Ahora, ¿por qué el título y la explicación del primer párrafo hablan del Juego Limpio de Benítez? Me parece que es simple, pero muy enriquecedor y loable de parte del delantero americanista. Privilegió el avance sobre la meta contraria, en lugar de conseguir un penal que parecía nítido. “Chucho” podrá tener algunos defectos personales y futbolísticos que no vale la pena mencionar, pero en esta ocasión demostró una lealtad, fiereza y hambre de sobresalir, que venció por goleada a la práctica fácil de conseguir el penal y cumplir.

Actitudes como la de Benítez deberían ser la regla, no la excepción. Criterios como los aplicados por Paul Delgadillo en ese juego, deberían ser la regla, no la excepción. Ya entrados en el tema del arbitraje en Morelia, creo que fue de primerísimo nivel. Víctor Romero estuvo genial en el gol del empate y la jugada del penal, mientras que el mismo Delgadillo dio una cátedra de aplicación de la ventaja en ese mismo lance de la pena máxima. Después de la falta de Vilar sobre Raúl Jiménez, el balón sale a la zona donde cerraba el mismo Chucho; Paul detecta la posibilidad del remate a portería y espera el resultado; una vez que el balón toma una trayectoria que impediría el remate claro al arco, vuelve a la falta original y expulsa a Vilar sin misericordia.

Esa jugada es la muestra más clara de cómo se aplica una ventaja. Volvamos a los hubieras. Si Benítez llegaba franco a la portería para rematar, pero fallaba por el motivo que fuese tras el disparo inmediato, el árbitro debe regresar al penal. Como la ventaja no fue clara ni inmediata, se señala la pena máxima, vienen las sanciones disciplinarias correspondientes y listo. No es lo mismo que la jugada con Uriel Álvarez, ya que en ese caso, el delantero tiene más ventaja (aunque no lo parezca) al encarar al arquero con balón controlado en movimiento, que desde la inmovilidad del manchón de los once metros. Si no tuvo la capacidad o suerte de concretar el gol, el árbitro no puede regresarse. Es como juzgar dos veces a una persona por el mismo delito.

Lo rescatable de este partido en temas de Juego Limpio y aplicación de la ventaja son Christian Benítez y Paul Delgadillo. El primero, dando un gran ejemplo de lealtad deportiva; el segundo, dando una clase magistral de la aplicación de la ventaja.

Colofón: 
Les dejo el enlace del primer episodio de Misterios del Juego Limpio
http://reglacinco.blogspot.mx/2012/08/misterios-del-juego-limpio.html

martes, 5 de marzo de 2013

Tarjeta roja a la violencia


La nota de la semana pasada fue la violencia que se vivió en algunos estadios de futbol de México. Los hechos de los “barristas” de Chivas atacando a los aficionados leoneses en los alrededores del Omnilife fueron ampliamente difundidos, al igual que los graves disturbios entre las parcialidades de Gallos y Atlas en Querétaro, y en menor medida la bronca entre las aficiones de San Luis y Pumas, en la visita de los universitarios al Alfonso Lastras.

Cuando apenas empezábamos a reponernos de ese fin de semana negro, mejor dicho rojo por la sangre que lo manchó, vino un episodio igual o más lamentable en Neza, cuando las Águilas visitaron a los Toros en un encuentro de la Copa.

Este brote de violencia fue mucho más inexplicable que los otros, sin querer decir que la violencia tiene motivos reales, sino que no se entiende cómo se puede iniciar una gresca entre aficiones de equipos de distintas categorías. Chivas vs León tiene su historia, al igual que las aficiones de Gallos y Zorros, que se remonta años atrás; lo mismo pasa con San Luis y Pumas, que son de las “barras” más mal portadas del país (por decir una infantilada y no llamarle nefastas a esos hordas de seudoaficionados).

El caso es que la guerra, literal, que se desató en Neza, terminó de prender los focos rojos con respecto al descontrol que tienen los equipos, y la misma liga, de las aficiones que los acompañan. Es un monstruo de mil cabezas que se ha desarrollado al amparo de las directivas, del anonimato y de la complacencia de las autoridades, tanto civiles como federativas.

Es tiempo de que se geste un verdadero cambio en el control de los grupos de animación, “barras”, porras o como quiera llamarle. La credencialización es un tema prioritario; los protocolos de seguridad deben ser más estrictos, al igual que las revisiones en el perímetro del estadio y en los accesos; los castigos de la Federación deben ser más contundentes, y las autoridades civiles (léase gobiernos estatales y federal) deben legislar en torno a los espectáculos deportivos masivos, para que los infractores al orden público sean detenidos, procesados y castigados.

Si es de todos conocido que la nueva Liga MX se basa en la organización de la Premier League inglesa, es momento de copiar también el manejo que aquélla hace de los aficionados rijosos. Un gran ejemplo, es el método para impedir que los desadaptados que han sido detenidos previamente haciendo desmanes en un estadio, no vuelvan a acudir mientras dure su sentencia. En Inglaterra, aquel “aficionado” que tiene prohibida la entrada a cualquier estadio de futbol, debe presentarse el día del partido de su equipo en la comisaría a pasar lista, y permanecer ahí durante el transcurso del mismo, o en otros casos, de la selección nacional. Incluso se les confisca el pasaporte cuando su equipo nacional viaja a otro país. La pena por no presentarse es arresto, cárcel y una nueva sentencia más severa.

Para llevar al cabo este método, es necesario que los congresos estatales, y hasta el federal, creen una ley específica y la pongan en marcha en cualquier espectáculo deportivo del país, sin ser exclusiva del futbol, se debería extender al beisbol, basquetbol y cualquier otro deporte que atraiga masas a un recinto público.

En la jornada que acaba de terminar (la 9), los actos violentos de la tribuna, o fuera de ella, permanecieron en casa, pero esta vez se trasladó a la cancha. Se presentaron cinco expulsiones durante los nueve juegos de Primera División, tres de las cuales fueron por jugadas muy violentas, que pusieron en riesgo la integridad de los adversarios. Israel Castro (Cruz Azul), Paul Aguilar (América) y Joshua Ábrego (Tijuana), vieron el cartón rojo por golpear de muy mala leche a sus rivales. Los árbitros que mostraron la cartulina escarlata, Marco Rodríguez a los dos primeros, y César Ramos al fronterizo, juzgaron de manera adecuada estas acciones. El prietito en el arroz fue del mismo Ramos, que dejó en la cancha al capitán atlista, Leandro Cufré, que de tremendo codazo en el rostro, le rompió el pómulo al xolo Édgar Castillo, que incluso este lunes tuvo que ser operado de la fractura. Y además era penal (pa’ acabarla de amolar).

Violencia genera violencia y es momento de detenerla. Todos los actores de nuestro futbol, desde la trinchera que nos corresponde dar las batallas, tenemos la obligación moral de hacer algo. Aquí va mi aportación.

martes, 26 de febrero de 2013

Deseo de triunfo


La semana pasada, en relación al último texto titulado Gallo no grato, recibí unos comentarios de un colega que respeto mucho, preguntándome si en verdad tenía en tan mal concepto al arbitraje mexicano. Para ponerlos en contexto rápido, escribí hace una semana que en las jornadas 4 y 5 hubo tres arbitrajes muy sospechosos, que encaminaron la avanzada de Atlas en la lucha por no descender contra Gallos de Querétaro. De alguna manera dejaba ver que el equipo Gallos tenía en contra de sí a los silbantes, además de sus rivales deportivos en la tabla porcentual.

Quisiera pensar que no soy el único que lo piensa de esta manera, aunque sí es más probable que seamos muy pocos los que lo ponemos por escrito públicamente. Esto no se trata de una explicación no pedida, es para externar mi postura ante otro comentario de ese mismo colega, en el que me preguntaba si era mi deseo que el arbitraje mexicano fracasara.

La respuesta clara y contundente es NO. No deseo que el arbitraje mexicano fracase; no deseo que el descenso de un equipo a la Liga de Ascenso se vea manchado por sospechas sobre los jueces y/o federativos; no deseo que colapse la institución arbitral, ni ningún otro tipo de desgracias que puedan caer sobre este gremio al que tanto cariño le tengo. Es por ese mismo cariño, que duele ver en lo que se está convirtiendo una de las partes más importantes de la estructura arbitral mexicana: La instrucción técnica y la credibilidad de los árbitros.

Es justo reconocer que en muchos aspectos, la Comisión de Arbitraje ha mejorado sustancialmente. Hay buen flujo de dinero producto de los patrocinios, que ha sido utilizado para equipar con instalaciones de preparación física a los silbantes de la Ciudad de México; las delegaciones estatales han recibido apoyos para material de instrucción y equipo; se han desarrollado programas informáticos para la elaboración eficiente de los informes arbitrales (cédulas); las condiciones laborales, como salarios, viáticos y prestaciones son las mejores de la historia, pero lo esencial, el punto de partida para tener buenos trabajos en las canchas, sigue en el abismo.

Carlos González, jefe del área técnica, ha convertido a la Comisión de Arbitraje en un club al que todos quieren entrar, pero los requisitos son muy poco honorables, por decir algo publicable. La calidad de la instrucción es paupérrima, no hay seguimiento a los trabajos de los silbantes, se premia a los incapaces con infinidad de partidos, sin importar su capacidad ni sus resultados.

Un ejemplo muy claro es Antony “Voldemort” Zanjuampa. Después de una seguidilla de partidos consecutivos actuando en la Liga MX, con cuatro designaciones como cuarto árbitro y tres de central, finalmente fue puesto en la banca tras las declaraciones de Adolfo Ríos, presidente de Querétaro, en el que lo acusaba de amenazar a sus jugadores en el juego contra el Atlante de la Jornada 7 (ese caso también aparece en el texto de la semana pasada). La Comisión Disciplinaria abrió una investigación, incluso el mismo silbante compareció ayer lunes 25 ante Eugenio Rivas, y todo mundo supondría, que al ser sujeto de investigación, estaría inhabilitado en tanto no se resolviera las “pesquisas”. Pues no, Carlos González premió a su alumno más destacado en el arte de la sumisión y el amiguismo, con un partido como cuarto árbitro en el juego de Copa de mañana miércoles entre Cruz Azul y Atlas.

Con estas manifestaciones de impunidad y descaro, es difícil no ser crítico de una institución que hasta hace unos pocos 10-12 años era aún muy respetada, al contrario de lo que sucede hoy en día.

Si una postura crítica es vista como un deseo de fracaso, tengo que disentir y manifestarme. Criticar con bases y argumentos, con experiencia en casos de “manejo” de situaciones arbitrales, con un paso extenso dentro de la estructura arbitral a nivel activo en la cancha y detrás del escritorio, tiene como principal objetivo denunciar las malas prácticas, y en un caso posible, aunque reconozco que remoto, provocar algún tipo de cambio. Sería fabuloso que Rafael Mancilla y Carlos González me hicieran caso cada vez que les pido su renuncia, pero evidentemente no se trata de obtenerla, sino de hacer pública mi opinión.

Si el arbitraje mexicano fracasase, si la institución se viniera abajo, si se destapara algún escándalo escabroso que retumbara en el centro de la estructura arbitral mexicana, el fracaso no sería sólo de ellos, sino de todos los que tenemos algo que ver con nuestro querido arbitraje. Y no hay nada que desee más en mi faceta como opinador de este tema, que ver al arbitraje mexicano triunfar y regresar a ser nuestro máximo orgullo futbolístico mundial, como alguna vez lo fue.

Colofón
Les dejo el enlace para releer la entrada que motivó este nuevo texto: http://reglacinco.blogspot.mx/2013/02/gallo-no-grato.html

jueves, 21 de febrero de 2013

Gallo no grato


Cada año que se disputa un torneo de Clausura, hay un ingrediente adicional que le pone sabor al caldo del campeonato, que es el descenso. Los invitados a la danza del averno suelen ser los mismos, salvo los que han caído en las garras del infortunio y se han quedado en el limbo de la Liga de Ascenso. Atlas y Gallos Blancos son viejos conocidos de los lugares 15 al 18 de la tabla porcentual en los últimos 10 años, aunque en este Clausura 2013 son 17 y 18, respectivamente. El arbitraje siempre es motivo de análisis, tema que no ha desentonado en esta lucha por mantener la categoría y, prácticamente, la vida.

La memoria de la mayoría es corta, pero la de su humilde servidor no. Hoy, previo al decisivo partido que sostendrán Gallos y Zorros el sábado en Querétaro, la afición recuerda que Landín anotó un gol ayudándose con la mano en el empate avícola en Cancún apenas el domingo. “Ayudaron a Gallos”, dirán los rojinegros. “Una de cal por seis puntos regalados al zorro”, dice el de este teclado.

Hubo un momento clave en el inicio de este torneo que ha inclinado la balanza en favor de los tapatíos, hasta los 9 puntos de ventaja que tienen hasta ahora. Al término de la jornada 3, Gallos aventajaba con un punto a los rojinegros. Recordemos que iniciaron parejos el Clausura, así que la matemática es simple: el que haga más puntos se queda, con la ventaja de Atlas de que en caso de empate, le beneficia el goleo. Las jornada 4 y 5 significaron el despegue del zorro, en medio de tres arbitrajes muy discutidos; dos en favor de los rojinegros y uno en contra de Gallos.

En la visita del poderoso Tigres al Corregidora, Fabricio Morales fue el árbitro designado para permitir un concierto de violencia de los jugadores norteños sobre los queretanos. Hugo Ayala y Jorge Torres Nilo se despacharon con la cuchara grande, ante la complacencia del silbante oriundo de Saltillo, pero perteneciente a la Delegación de Monterrey (¿Lo escribí o sólo lo pensé?). Antes de los goles visitantes que decidieron el juego por 0-2, debieron sufrir dos expulsiones que habrían modificado el juego.

Unas horas más tarde, Atlas vencía al América por 2-1, con dos goles viciados de origen. Antes del gol del empate atlista por conducto de Millar, hubo falta sobre Mosquera; el penal señalado por falta del mismo capitán de chocolate (él se puso así, conste que no me estoy llevando) sobre Omar Bravo, era más bien falta del delantero por recargar al defensa águila. Dos errores arbitrales, para colmo, de un silbante jalisciense, Erim Ramírez. Empezaron la jornada un punto abajo, la cerraron dos arriba, y lo que faltaba.

La jornada 5 comenzó muy bien para Atlas en su visita a Chiapas. Después de ponerse en ventaja en el marcador, Miguel Flores les hizo el inmenso favor de voltear para otro lado en una jugada de penal en contra de los tapatíos, por una mano grosera e intencional de Guillermo Martín. Otra decisión trascendental, a mitad del primer tiempo, que dictó el rumbo del partido que al final ganaría Atlas por 1-2. Gallos visitó el Azteca, se llevó un baile, 3 goles incluidos y ahora la distancia era de 5 puntos.

Este punto de inflexión ha resultado determinante en el desarrollo de la lucha por el no descenso. Como decía antes, la memoria es corta, así que esos tres partidos en las jornadas tempranas han dado rumbo a esta pelea desigual. Cuando se consume el descenso, lo más seguro que de los aguerridos, pero desamparados, queretanos, nadie se acordará de estos juegos de las jornadas 4 y 5.

Adicional a las sospechosas actuaciones arbitrales, el buen futbol de Atlas y la nefasta directiva de Gallos, tienen casi definida esta guerra dispareja, en la que Querétaro parece tener todo en contra. Así va a estar canijo salvarse.

La semana previa al enfrentamiento entre los dos invitados al baile ha tenido de todo. Empezamos con las declaraciones de Adolfo Ríos, presidente de Gallos, que acusa al árbitro Antony “Voldemort” Zanjuampa de amenazar a sus jugadores en el juego en Cancún, de que no iban a ganar. Curiosamente, el gol del empate atlantista llegó en compensación, cuando ya había transcurrido el tiempo de repuesto anunciado por Voldemort.

Hay dos lecturas para esta acusación: Meterle presión a la Federación, vía la Comisión de Arbitraje, para buscar un beneficio en el siguiente partido, o que esté diciendo la verdad, aunque la posibilidad de probarlo es tirándole a inexistente. Si esto fuera cierto, Zanjuampa sería más bruto de lo que todos pensamos, al “confesarle” a los jugadores queretanos sus intenciones de perjudicarlos. A pesar de todo mi sospechosismo, me niego a pensar que lo de Adolfo Ríos sea totalmente cierto.

Y para cerrar con broche de oro, el árbitro designado para dirigir el sábado en El Corregidora es ni más ni menos que el hombre de la polémica, que no tiene ni un pelo fuera de su lugar, pero la mayoría de los tornillos desenroscados, nuestro querido Marco Antonio Rodríguez. Hace tres o cuatro años su nombre en este tipo de partidos era sinónimo de éxito. Implacable, comprometido, valiente, eran algunos de sus calificativos. Inestable, complaciente e impredecible, son sus nuevos apodos.

Mi pronóstico del clima futbolero/arbitral para el partido del sábado es 90 por ciento posibilidades de escándalo, un mínimo de 10 por ciento de polémica simple y mucho calor en la cancha y la tribuna. En otras palabras, se va a poner de a peso el kilo de… pasión.

martes, 12 de febrero de 2013

No todo es culpa del árbitro


Para variar, la jornada 6 del Clausura 2013 en México volvió a tener en un arbitraje el tema más comentado de la semana, sin importar los buenos juegos que se disputaron, algunos golazos y varios llenos en estadios que se estaban desacostumbrando a tener todos sus espacios ocupados. Y para que la polémica arbitral se magnifique, qué mejor que uno de los equipos sea el América. Esta vez fue el “perjudicado” por la actuación de Miguel Ángel Flores, en la visita que le hicieron al campeón Xolos en la frontera.

El punto de quiebre del trabajo de Miguel Flores se dio a los pocos segundos de iniciado el partido. En una disputa del balón entre el americanista Rubens Sambueza y el fronterizo Nuñez, se da un altercado que deriva en la amonestación para el amarillo por provocar a su adversario. Fue el típico caso en que un contrario cae al suelo, el que queda en pie se le “monta” literalmente y en el forcejeo por soltarse, vuelan algunas patadas, golpes y palabras poco amistosas entre ambos. La amarilla para Rubens es correcta, aunque queda la duda de que el local se pudo llevar su dosis por la misma causa. 

Las tarjetas amarillas tienen la misión principal de poner un preventivo al infractor, pero también para los 21 jugadores restantes, que deben detectar el criterio a utilizar por el juez en el resto del juego.

Cuando se señala el penal en contra de Tijuana, muy claro por cierto, Fernando Arce protesta más de lo permitido y se pinta del color del rival. Hasta aquí, el balance de decisiones es equitativo. Amarilla para el visitante por provocar, después un penal inobjetable contra el equipo local y la clara amonestación por la desaprobación infundada.

Después del gol del América, la intensidad del juego sube, las patadas también comienzan a escalar y es cuando nuevamente vienen dos señales muy claras del árbitro de cómo pretende controlar el partido. En jugadas prácticamente consecutivas, Oswaldo Martínez y “Maza” Rodríguez ven el cartón amarillo en los minutos 18 y 19, ambas por juego brusco. El mensaje era claro, los visitantes estaban metiendo la pierna de más y no se iba a permitir.

Después de reanudarse el juego por la amonestación a Rodríguez, viene una tercera falta consecutiva, ahora de Sambueza, que si bien no patea a Riascos, sí lo golpea con el brazo en el pecho. Como dice el dicho que la tercera es la vencida, así fue. A pesar de las dos advertencias, los jugadores del América no disminuyeron su intensidad y fuerza al disputar temerariamente el balón, que pagó Rubens con su segunda amonestación. En un error claro de desconcentración y falta de liderazgo, en las protestas por la roja a Sambueza, Mosquera se va de la lengua y lo pintan de amarillo. Una muestra más de que el criterio seguía intacto; Arce hizo lo mismo 10 minutos antes y obtuvo el mismo resultado.

Hubo un pequeño lapso en el que los americanistas parecieron calmar un poco su ímpetu, pero sólo les duró 16 minutos. Los criterios arbitrales no caducan con el paso de los minutos, ni después de tener uno o más amonestados y expulsados previos. Mosquera le atizó fuerte a Fernando Arce por la espalda y se ganó su invitación a la fiesta solitaria de Sambueza en el vestidor. Hasta ese momento, con cuatro amonestaciones y dos expulsiones a cuestas, América pareció entender el criterio de Miguel Flores y mantuvieron la casilla de castigos disciplinarios en cero el resto del partido. Por parte de Tijuana llegó una amonestación más hasta el minuto 83 a Gandolfi por juego brusco.

Las principales quejas contra el arbitraje fueron acerca del “abaratamiento” de las tarjetas. Voy a conceder, sin admitir, que pueda ser cierto. La cuestión no va por ahí, sino por la falta de capacidad del jugador por leer la táctica arbitral. Miguel Herrera habrá dado una charla técnica muy extensa de cómo reaccionar ante diversos escenarios del juego, basado en el desempeño del rival, pero seguramente no dijo nada del arbitraje. Sus jugadores sabían qué hacer en un saque de esquina en contra, pero no supieron cómo comportarse ante una amonestación temprana.

Miguel Flores pudo tener un criterio exigente, pero siempre fue el mismo, sin importar el color de la camiseta. Las expulsiones no fueron directas, producto de una precipitación o una mala apreciación; fueron derivadas de un desarrollo muy claro y como consecuencia de los parámetros que estableció desde el primer minuto del partido.

En esta ocasión no tengo manera de responsabilizar al árbitro de “echar a perder el partido”, como se dijo y escribió en muchas partes durante el fin de semana. Rubens Sambueza y Aquivaldo Mosquera, con su falta de capacidad para detectar un criterio arbitral, son los únicos responsables de haber puesto en peligro el triunfo de su equipo, que al final, con una gran dosis de huevos de sus nueve compañeros y la inteligencia que les faltó a ellos, se trajo un triunfo de oro de la frontera.