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jueves, 6 de noviembre de 2014

“Nos acordamos que tenemos huevos”

Tenía mucho tiempo sin escuchar una frase así de contundente, tan llena de autocrítica, pero también de determinación. Esto es lo que sienten los árbitros profesionales mexicanos, así se refieren a sí mismos, lo cual me llena de un gran orgullo. Así, como cuando crecen los hijos, para los que tienen esa dicha. Pero no se me alboroten, no estoy diciendo que los del silbato sean mis hijos, pero sí son casi familia y se siente una gran satisfacción que actúen como personas decentes y dignas.

Que Mancilla es un tirano, ignorante del arbitraje, déspota, etcétera, no es noticia nueva. Que Carlitos González y Francisco Ramírez están más ocupados peleando entre ellos, que trabajando en la capacitación de los árbitros, lo sabemos desde 1969. El nuevo villano, que tomó el lugar de otro nefasto (Gonzalo González) como responsable de los silbantes de Liga de Ascenso, Mauricio Morales, es la “sorpresa” de esta novela. Lo que no es sorpresa, es que Morales tenga atravesados a todos sus subordinados. Es un tipo de muy baja calidad moral, carente de numerosas virtudes personales y que ha construido su pequeño feudalismo en la dimensión desconocidad de la Liga de Ascenso.

Detonantes de esta crisis hay varios; muchos ya los han leído en las redes sociales o navegando por sus sitios informativos preferidos, así que vamos a lo verdaderamente importante: Los árbitros profesionales de México están cansados del manoseo, de las faltas de respeto, de las imposiciones, de los gastos obligatorios, de las mudanzas ridículas. Se acordaron que tienen huevos y están dispuestos a demostrarlo (bien clarito escribí demostrarlo, no mostrarlos).

Si estás leyendo esta columna, es porque considero que, de una u otra manera, los árbitros van ganando en  este trance. La cabeza de Mauricio Morales es el primer punto del pliego petitorio; la mudanza a Toluca le sigue de cerca; salario fijo para los árbitros de Ascenso y viáticos dignos va en el grupo puntero, mientras que el resto de las cabezas de Mancilla, González, Ramírez, y hasta de Óscar Trejo, completan la lista.

Se menciona que los árbitros piden respeto, trato digno, mejores condiciones, tranquilidad laboral y otros “intangibles”, pero no piensan dar su brazo a torcer a menos que haya acciones que respalden las promesas que les puedan hacer Compeán y de María. En pocas palabras, si no corre la sangre de uno o varios tiranos, o se firmen documentos incorruptibles que supongan un triunfo de los silbantes, estaremos en la víspera del mayor triunfo “sindical” del deporte profesional en nuestro país, porque van a parar la Liga.

Mi pronóstico: Van a salir ganando en las negociaciones los árbitros, habrá jornada completa el fin de semana y en muy poco tiempo habrá una sacudida real en la Comisión de Arbitraje. Léase que por fin se irá Mancilla del puesto que nunca debió haber ocupado.

miércoles, 2 de julio de 2014

Busacca, el tirano del silbato

Cuando los más jóvenes de la jungla futbolera creíamos que no habría un Mundial peor arbitrado que el de Corea-Japón 2002, nos llevamos la ingrata sorpresa de que Brasil 2014 se ha convertido en la mayor vergüenza para el gremio desde que tengo memoria (les puedo contar con algo de nostalgia, que tengo bien presentes los Mundiales de 1990 a la fecha).

Las críticas al arbitraje de este Mundial se han centrado en jugadas específicas, la mayoría de apreciación, pero este asunto va un mucho más allá de penales mal señalados y fueras de juego equivocados que han arrebatado o concedido goles de manera incorrecta.

El arbitraje en Brasil ha sufrido una modificación drástica, responsabilidad absoluta de una sola persona, que ha tirado por la borda una carrera dentro de la cancha que fue ejemplar y exitosa. Massimo Busacca, suizo de nacimiento con nombre italiano, Director del Arbitraje de FIFA, ha logrado en menos de un año, modificar tantos conceptos de las reglas de juego, que contrastan con las eternas deliberaciones de los miembros del International Board, los ÚNICOS autorizados para hacer modificaciones al reglamento. El Mundial Sub17 de noviembre pasado fue una muestra de lo que venía, y no lo vimos (saludos a mi buen amigo colombiano del que robé esta frase).

Les pido que nuevamente nos olvidemos del penal de Nishimura, de los fuera de juego de Clavijo o del otro penal de Proenca. Las jugadas de apreciación seguirán produciendo errores y críticas, es inherente al futbol y debemos aceptarlo. Lo que no es posible aceptar, es que conceptos tan universales como la neutralidad, sean cosa de burla; que el juego brusco ha desaparecido del criterio arbitral, dando paso a la brutalidad como motivo de amonestación, y que otros lineamientos tan sencillos como el uso de espinilleras, sean pasados por alto sin ningún problema (¿verdad, Thomas Müller?). Pero una de las nuevas ideas del tirano Busacca, la permisividad a las simulaciones, nos tiene a todos con los pelos de punta.

Le puedo dar un premio al que me diga cuántos jugadores han sido amonestados por fingir una falta. Según mis cuentas, sin haber visto todos los partidos y confiando en lo que leo y me acuerdo, no ha habido NINGUNA. Los jugadores han tomado el terreno de juego como balneario. Los malditos hubieras aparecen nuevamente, y si Robben hubiera visto la amarilla cuando se tiró en una barrida de Layún, tal vez no lo hubiese intentado otra vez. No lo sabremos nunca, pero el error no fue del árbitro portugués, fue de su senséi suizo, que les ha prohibido literalmente castigar a los piscineros.

El tema de árbitros europeos dirigiendo partidos con equipos de la UEFA contra otras confederaciones es terrorífico. Hay 25 equipos arbitrales en Brasil, me parece que son ocho los europeos, así que me pregunto si no hay suficientes silbantes para estos juegos. Pero creo que la pregunta sería más en torno si a Busacca le enseñaron geografía en la escuela, y más importante, civismo y neutralidad.

En el partido entre Francia y Nigeria, un galo le rompió la pierna en tres pedazos a un africano. Fue castigado severamente con una tarjeta amarilla. ¿Y qué dijo FIFA? Que el árbitro ya había decidido, que no podían actuar de oficio. Si Busacca es el autor intelectual de estas atrocidades, Blatter y su pandilla son los patrocinadores de la barbarie. El árbitro es simplemente un sicario al servicio del capo suizo.

El arbitraje mundial está de luto. Han hecho de las reglas básicas del juego una tierra sin ley. El nuevo terrorista del silbato tiene nombre y apellido: Massimo Busacca.


Colofón: Perdón Mancilla, estás a años luz de este tirano, y éste sí fue árbitro. 

martes, 10 de diciembre de 2013

El Licenciado

Las instituciones de todo tipo alrededor del mundo, siempre tienen uno o más ejemplos de héroes casi anónimos, que contribuyen a su grandeza, aunque sin aparecer en los reflectores de los presidentes o máximos jerarcas. El arbitraje de Jalisco y México tuvo uno de estos maravillosos personajes en las últimas dos décadas del siglo pasado, que este 12 de diciembre cumple 10 años de emprender su último viaje hacia la eternidad: El Licenciado Jorge Salles Cuervo.

Las personas que dejan huella en su vida terrenal, siempre tienen la dicha de contar con numerosas “coincidencias” que magnifican su resplandor. Devoto Guadalupano, fue llevado por su Santa Madre hacia la luz en su día. Dentro de su trágica y prematura partida, tuvo hasta el último suspiro, un premio a su vida generosa y leal a ideales tan trascendentes, como la justicia y la amistad.

Salles Cuervo fue el precursor de la época dorada del arbitraje jalisciense. En mancuerna con su gran amigo, que ya lo acompaña en las designaciones eternas, Arturo Yamasaki, creó una generación de silbantes exitosos, probos y leales a sus enseñanzas. Era la época de Don Javier Arriaga al frente de la Comisión de Árbitros, lo que demostró en su momento, que los que nunca fueron árbitros, sí pueden ser grandes dirigentes, siempre y cuando se rodeen de las personas adecuadas y mantengan su honestidad y dignidad intactas.

Casi al final del Siglo XX, El Licenciado (ambas con mayúsculas, claro que sí), se alejó un poco del escenario profesional, para atender sus negocios y su vida personal, aunque sin alejarse de las canchas y los silbatos. Fue en el lejano 1999 cuando lo conocí; yo pedía una oportunidad de arbitrar en la Liga Interclubes de Jalisco (amateur), y El Licenciado era el que mandaba por esos lugares.

Pocos años después nos reencontramos en el futbol profesional, cuando se hizo cargo de la Escuela de Árbitros Profesionales de Jalisco y después Delegado por un corto período, antes de que la vida lo designara para su partido eterno.

Parece apenas ayer, cuando un afligido Profesor Yamasaki silbaba tres veces al pie del féretro de su gran amigo, rodeado de su otra familia, nosotros los árbitros, sus pupilos, sus orgullos.

Podrán pasar otros 10 ó 20 años, nos iremos marchando de esta vida los que lo conocimos, pero el recuerdo de una persona que marcó al arbitraje jalisciense y mexicano, jamás será olvidada, porque no sólo como hombre institucional fue un triunfador, sino que tocó con enseñanzas valiosísimas a todos y cada uno de los que tuvimos la dicha inmensa de cruzarnos por su camino.

Colofón
Regla Cinco nació en este espacio en el ahora lejano febrero de 2011. Han sido, con ésta, 111 publicaciones, en las que he criticado, alabado, recordado y explicado situaciones y hechos arbitrales de toda índole. Hoy, es tiempo de tomar un receso indefinido. En memoria de El Licenciado, siguiendo sus enseñanzas de vida, persigo nuevas metas alejadas del arbitraje. Me quedo eternamente agradecido con sus visitas.

martes, 26 de noviembre de 2013

De mentadas de madre y goles descarados

Como ya se está volviendo una desafortunada costumbre, cuando empieza la Liguilla de nuestro torneo, el nivel futbolístico aumenta a lugares extraordinarios, pero el arbitraje sigue con sus mismos vicios. Los partidos del sábado tuvieron muchos más elementos de análisis que los dominicales, así que nos quedaremos con Guerrero y Pérez Durán, que actuaron en Toluca y Morelia, respectivamente.

A Fernando Guerrero, los jugadores ya le tienen tomada la medida. Mentiría si les dijera el nombre de cada jugador que insultó e hizo señas groseras al árbitro en sus narices, porque fueron no menos de 5 ó 6 durante el partido.

Parece que la dinámica ya es aceptada por todos, incluso por la santa madre de Fernando, que ve cada fin de semana cómo los futbolistas la recuerdan, sin recibir siquiera una mirada de desaprobación del “Cantante”.

Hasta su servidor, que en sus tiempos activos dentro de las canchas (con silbato) era implacable con los cortes de manga, ha aceptado que esa famosa seña debe ser castigada sólo con tarjeta amarilla, siempre y cuando no venga acompañada del insulto verbal, que la convertiría en expulsión automática. Pues con Fernando Guerrero parece que no hay manera de aplicar la causa de “emplear lenguaje o gesticulación grosera u obscena”, para sacar la tarjeta colorada del pantalón. Bueno, ni la amarilla; ni una mirada de pocos amigos.

Si me pudieran ver cuando observo este tipo de acciones de los jugadores contra los árbitros y no son sancionados, pensarían que estoy loco por el escándalo que organizo, pero es que no me cabe en la cabeza que a la gente le guste que la insulten. Fuera de esa sangre de atole para los reclamos, señas e insultos que tiene Guerrero, me parece que la conducción fue aceptable. La probable mancha más grande, en mi particular punto de vista, la pone Israel Valenciano en el autogol de Pereira, y me explico, con la salvedad de que hay una toma de televisión que muestra que la pierna del defensa habilita al delantero. Está muy jalado de los pelos, pero con eso basta para darle la duda razonable al asistente de Agusacalientes.

Ya sabemos que la nueva redacción de la Regla del Fuera de Juego indica que interferir a un adversario es “disputarle directamente el balón”, lo que según algunos de los expertos no sucede en esta jugada. Disputar el balón, en el caso Velázquez vs Pereira, no tienen nada que ver con que ambos jugadores vayan de frente al redondo y se arme un taponazo o algo por el estilo; basta con el movimiento que hacen ambos en busca del esférico, en el que la reacción y ubicación del defensor le permiten ganar la posición, con la mala fortuna de mandarla a su portería. El delantero, con su intento de ir a rematar, condiciona la actuación del defensa, INTERFIRIENDO su accionar.

El que se lleva todos los deshonores en estas series de ida, es Jorge Antonio Pérez Durán, su Alteza Serenísima Conde de la Comisión y de colonias vecinas. Es verdaderamente increíble la transformación tan desafortunada que ha tenido este señor desde que fue designado a la Final de ida del Clausura 2013, entre los eternos subcampeones azules y los nuevos monarcas amarillos.

Al igual que su compañero Guerrero, pero ahora sí tengo bien claro al agresor, se dejó manotear, cortar manga e insultar por Jefferson Montero de lo lindo. Ya va una. El inexplicable gol invalidado a Boselli, dos; el codazo artero y a dos metros de sus narizotas de Chema Cárdenas a Montes, tres; el patadón terrible a la rodilla de Burbano por Morales, cuatro, y la joya de la corona, la falta del tamaño del estadio de Mancilla a Yarborough para el tercer gol moreliano, completan una quintilla que nadie mata, ni intentándolo con todas sus fuerzas.

Estos ejemplos son acciones puntuales, TODAS en contra del equipo León (no tiene nada que ver con la televisora que los transmite y sus dueños, estoy seguro y confío en que en México eso no pasa), pero hubo otros detalles un poco más finos que son los que ponen a uno a pensar mal. La jugada del tercer gol de Monarcas, viene precedida de una serie grosera de faltas nimias que estuvo señalando Pérez Durán durante los últimos 20 minutos del juego, otra vez, todas, en contra de los verdes, y siempre en las inmediaciones del área visitante.

Alguna vez me dijo un consagrado silbante, que no es necesario expulsar y marcar penales para ir moviendo un juego a donde el árbitro quiere. Mantén cerca el balón de un área y aumenta las posibilidades de crear jugadas de peligro, al mismo tiempo que mantienes alejado el mismo balón de la otra, para cuidar el rancho. Así le hizo Pérez Durán, arrinconó a los verdes contra sus últimos 20 metros, y luego los remató con el ojo de hormiga en el segundo gol de Ever Guzmán. Más descarado, imposible.


Jorge Rojas y Ricardo Arellano tuvieron menos broncas el domingo, afortunadamente. Habrá que esperar a que Marco, García Orozco, Paco Chacón y Delgadillo lo hagan de mejor manera y los semifinalistas sean justos merecedores de su pase.

martes, 19 de noviembre de 2013

De cara a la Liguilla

Después del receso obligado en el inicio de la Liguilla por el partido de México en Wellington, este fin de semana comenzará el otro campeonato, el que define al campeón de Liga, el que importa más que las 17 semanas anteriores.

Así como a las instancias definitivas llegan los mejores ocho equipos, o por lo menos los que lograron la mayor cantidad de puntos, así es como durante la fase regular, los árbitros se juegan un lugar en la lucha por su título particular. Recordemos que el equipo arbitral que dirige la Final de Vuelta, sin importar el campeón que resulte, se lleva su medalla de campeón, que es su máximo deseo.

Como es costumbre desde hace muchos años, la Comisión de Arbitraje nombra a sus mejores silbantes antes de la fase final, les organiza una pequeña concentración en el CAR y trabajan aspectos específicos en la parte física, técnica y mental, de cara a la lucha por el título.

Regularmente se nombra a 12 árbitros y 16 asistentes, como sucedió en esta concentración del 4 al 7 de noviembre pasados, aunque por su participación en el Mundial Sub17, Marco Rodríguez, Marvin Torrentera y Marcos Quintero, no estuvieron presentes. Con sus nombres, la lista pasa a 13 silbatos y 18 banderas.

A pesar de que en teoría el número ideal sería de ocho árbitros y 16 asistentes, para formar un equipo arbitral para cada partido de cuartos de final, se nos olvidan los cuartos árbitros. Por este motivo, se convoca a estas concentraciones a cuatro más, que en teoría sólo participarían desde la silla en la banda, pero desde la administración Padilla, la lógica ha dejado de tener sentido en la Comisión.

Recuerdo que en los tiempos de Codesal y Yamasaki, que son los que más claros tengo en la memoria, solamente ocho silbantes tenían derecho a dirigir. Ya sabíamos que los supuestos cuatro mejores iban a las vueltas, y del 5 al 8 a las idas. De esos ocho, cuatro avanzaban como centrales a semis y los otros cuatro se conformaban con la silla. Así seguía en la Final, y cada partido arbitrado, era la prueba para seguir en competencia, o bajarse del barco.

Ahora, es posible ver que árbitros que no están en los cuartos de final, dirijan semifinales; tal vez estén tratando de imponer un criterio estilo Copa del Mundo, pero no olvidemos que en este tipo de competencias van los mejores equipos arbitrales del MUNDO, y no petardos como Miguel Ángel Chacón.

La lista la conforman Roberto García Orozco (Fifa), Fernando Guerrero, Luis Enrique Santander, Oscar Macías, Jorge Antonio Pérez Durán, César Arturo Ramos, Jorge Isaac Rojas (Fifa), Ricardo Arellano (Fifa), Paúl Delgadillo (Fifa), Miguel Ángel Chacón, José Alfredo Peñaloza (Fifa), Francisco Chacón (Fifa) y Marco Rodríguez (Fifa). Destacan las ausencias de los internacionales Fabricio Morales, Miguel Flores y Erim Ramírez. A pesar de las malas actuaciones que puedan haber tenido en el torneo, ninguno de estos tres silbantes se acerca tantito a la inexistente capacidad de Miguel Chacón, que una vez más, aprovecha sus conexiones y amistad con los dirigentes, para arañar unos pesitos extras para completar el aguinaldo.

Sin participaciones internacionales de los premundialistas García y Rodríguez, como en la Liguilla anterior, aplicando la lógica incoherente de Mancilla y sus secuaces, Marco y Roberto están palomeados para los juegos grandes. Sólo una verdadera catástrofe los quitará de ahí, que en verdad tendría que ser escandalosa, porque recordemos que en la gira del adiós de Mauricio Morales, a pesar de tener una liguilla desastrosa, lo metieron con calzador en la Final de ida hace tres torneos.

Antes, teníamos la certeza de que los Brizio, Ramos Rizo, Alcalá o Archundia, eran elecciones cantadas, pero sustentadas por su trabajo en cancha. Hoy, Marco y Roberto disfrutan de las bondades de una Comisión de Arbitraje que privilegia su imagen internacional para tratar de meter a ambos en la lista final para Brasil, sin importarles la calidad de sus trabajos, el riesgo que representan para los equipos contendientes y la justicia deportiva que debe prevalecer.

Por el bien del futbol mexicano, de las aspiraciones de los dos por sellar el boleto a Brasil, y de la Comisión de Arbitraje que pueda presumir a dos mexicanos en el Mundial, ojalá Marco y Roberto nos hagan tragar estas palabras y demuestren por qué están palomeados para la Final, sin siquiera haber comenzado la Liguilla.

martes, 5 de noviembre de 2013

Las manos de Roberto

Juzgar, con los criterios actuales, la marcación de una mano, se ha vuelto tema de discusión interminable, porque al final de cuentas el criterio es personal, y por más ejemplos y directrices que se establezcan, siempre queda a la interpretación del juez. Roberto García Orozco se encargó este fin de semana de regalarnos dos jugadas que pueden dar un poco de luz al respecto.

En el partido entre Toluca y Atlas, hay dos acciones en las que se juega el balón con la mano. En la primera, tras un disparo a quemarropa hacia el marco rojinegro, Sinha se lanza al suelo buscando NO interferir con el tiro a gol de su compañero, pero que desafortunadamente no logra, ya que desvía el balón con el brazo cuando se encontraba en el suelo. Para peor falta de suerte, el rebote lo toma Velázquez que fusila a Pinto, pero Roberto invalida el tanto por la mano previa. En la segunda jugada, también en el área visitante, Ponce se barre para tratar de impedir un centro, que logra desviar con el brazo derecho que llevaba despegado del cuerpo. Por ahora no vamos a juzgar las dos acciones, primero revisemos lo que dice la regla.

Para valorar la marcación de una mano, el árbitro debe tomar en cuenta tres factores: accidente, deliberación o intencionalidad. El accidente no se sanciona, las otras dos sí. Cuando sí se marca una mano, las deliberadas no llevan tarjeta de por medio, mientras que las intencionales sí. Como una mano accidental es más fácil de imaginar, igual que una hecha a propósito, vamos con el meollo del asunto, que son las manos deliberadas.

La mayoría de las veces, una acción deliberada no lleva la certeza de consumarse. Los instructores de Fifa han vendido la idea de que para juzgar una mano deliberada, se debe entender que toda la extremidad superior se encuentre colocada en un lugar que no es natural. Desde ahí comienzan los problemas, porque depende de la psicomotricidad del jugador cómo se mueva por el campo.

La distancia desde donde se juega el balón previo a la mano también es muy importante, porque la sorpresa y proximidad eliminan la posibilidad de colocar esa parte del cuerpo en una zona que pudiera obstruir el viaje del balón. Protegerse el rostro, eso sí, muy cerca del mismo, no a medio metro, también es permitido, siempre y cuando se tenga la certeza de que si no hubiera mano, sería cara.

Ahora vayamos a la jugada de Ponce para hacer el ejemplo más concreto. En mi criterio muy personal, con muchos años jugando futbol, sé que al barrer, el brazo no debe sobresalir del cuerpo. No es natural, en mi punto de vista, por lo que coincido con la apreciación de García Orozco en esa jugada. Es probable que Ponce no tuviera la intención manifiesta de tapar el centro con el brazo, pero sí estaba abarcando más espacio del natural, que es por dónde debía pasar el balón.

Ahora regresemos con Sinha y el gol invalidado a Velázquez. Esta jugada es previa a la marcación del penal, por lo que muchos se han inclinado por la compensación al señalar el penal de Ponce para desacreditar aquella decisión arbitral. No estoy de acuerdo, aunque nunca sabremos qué pasó por la mente del árbitro, así que mejor mantengámonos en los hechos.

Cuando un jugador, intencionalmente, se está tratando de ubicar fuera del alcance del balón, no hay manera posible en las reglas de que se le pueda señalar mano. Si además de ser claro y nítido el movimiento por alejarse de la trayectoria del redondo, el jugador ya dio la espalda al mismo, y por accidente no alcanza a evitar que le pegue en el brazo, se duplica la anulación de la deliberación o intencionalidad. Roberto, como lo muestran las repeticiones, tenía una ubicación inmejorable para apreciar toda la jugada, por lo que se me escapa una razón por la que se hubiera confundido, o que su perspectiva le impidiera juzgar toda la acción. Nos tendremos que conformar con una razón de criterio o precipitación, aunque ya haciendo un análisis más personal, creo que más bien fue falta de compromiso y valor para dar por bueno, un gol bueno.

Así es el mundo de las manos en el futbol. Lleno de misterios sin resolver, con instrucciones poco claras y sujetas al criterio personal de los jueces. A mí me gusta que sea complicado, porque obliga a los árbitros a ser más certeros en sus apreciaciones, además que nos da tema para comentar y hacer la polémica del futbol, que es la gasolina de nuestro adorado deporte.

martes, 29 de octubre de 2013

Sin piedad

El martes pasado, durante la jornada de Champions League, recibimos una noticia insólita, de ésas que había que ver, porque lo que se leía en redes sociales, sonaba a ciencia ficción. Héctor Herrera había sido expulsado al minuto 6 del partido entre Porto y CSKA, ¡por doble amonestación!

Es de cierta manera natural que existan jugadores expulsados en los primeros minutos de un juego, pero normalmente se trata de rojas directas; ya sea por una entrada muy violenta o por esas expulsiones de reglamento, como detener un gol con la mano o malograr una oportunidad manifiesta de gol (como aquella de Jens Lehman en la final de la Champions de 2006, entre Barcelona y Arsenal). Lo totalmente absurdo, es que en jugadas consecutivas, antes de cumplir 10 minutos de partido, un jugador tenga tan poco criterio para cuidar su amarilla, y de igual manera es difícil ver un árbitro con los suficientes pantalones para tomar una decisión así.

Paolo Tagliavento, italiano, amonestó primero al volante mexicano por una dura entrada sobre Hulk (el brasileño, no David Banner), y en el cobro mismo de la falta, 40 segundos después, le mostró el segundo cartón hepatítico por adelantarse en la barrera y detener el disparo ruso. Incuestionable, clara, ridícula y digna de las listas de las mayores estupideces del futbol mundial.

Cuando comentaba el hecho en redes sociales, alguno de mis seguidores mencionó que “ni Chiquimarco es capaz de hacer algo así”. Lamentablemente para él, lo tuve que corregir. Como me dice mi compañera de vida, que tengo una memoria increíble para hechos casi siempre intrascendentes, recordé una de las mayores perlas de Marco Rodríguez en el arbitraje.

Lo que no me llega bien al cerebro es la fecha, pero los involucrados son Agustín Morales y Daniel Osorno, cuando jugaban en Celaya y Atlas, respectivamente. No puede ser ya en este siglo, así que estamos hablando de unos 14-15 años atrás. Era la primera jugada del partido que se disputaba en el Estadio Jalisco, cuando le envían el balón a Osorno, pegado a la banda izquierda; Agustín Morales se lanza de la tercera cuerda, tachones por delante, a los tobillos del atlista. Marco Rodríguez, cuando era el Marco que hoy todos extrañamos por implacable, le mete la roja al defensa cajetero entre ceja y oreja. Así como Herrera se ganó las dos amarillas en 40 segundos, Morales se quedó con su roja cuando no iban ni 40 segundos de partido.

Y para finalizar una trilogía de expulsiones inmisericordes, tenemos que recurrir al mejor árbitro de México, Francisco Chacón. Sucedió apenas el viernes pasado. Héctor Mancilla, delantero de Monarcas, pensó que se encontraba frente al otro Chacón o Voldemort, porque se necesita ser bastante bruto para insultar y hacer señas groseras al guanajuatense. Con su jerarquía intacta, ajeno a las presiones oficiales de no meterse en problemas, sacó la roja del pantalón y mandó al chileno a tomar una ducha helada, aderezada con el empate de último minuto que consiguió Chivas, cuando su equipo jugaba con 10 por sus leperedas.

Estos tres ejemplos son de árbitros con los pantalones bien puestos. Árbitros que ignoran momentos, presiones externas y estadios, para hacer valer la ley. El italiano y Chacón están vigentes, se reconoce su carácter y valor para tomar estas decisiones en un futbol lleno de intereses económicos, que no perdonan una expulsión estúpida. De Marco Rodríguez nos queda el recuerdo de un juez que hizo época en México; que no hace mucho continuaba con esa línea (Oswaldo Sánchez se acuerda muy bien de la final que perdieron con Tigres hace poco), pero que hemos perdido poco a poco en la maraña de instrucciones ridículas y órdenes ajenas al futbol, que ahora dictan las normas y conductas arbitrales en nuestro país.